En la comunidad democrática internacional, las expectativas con respecto a los resultados de las elecciones regionales venezolanas no eran tan grandes como las que tenía la sociedad opositora nacional.
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Martes, 21 de julio 2026

En la comunidad democrática internacional, las expectativas con respecto a los resultados de las elecciones regionales venezolanas no eran tan grandes como las que tenía la sociedad opositora nacional.
María Teresa Romero
La mayoría de las declaraciones de políticos y expertos extranjeros, mostraban comedimiento. Se intuía un triunfo opositor, pero no arrollador como aseguraban algunas encuestas y muchos opositores.
De modo que los resultados obtenidos el 23N se aprecian en su justa medida y se perciben como un avance opositor importante aunque no decisivo. Las primeras planas y titulares de los principales diarios del mundo señalan lo sustantivo: en un ambiente poco violento y de altísima participación, la oposición recuperó fuerza política al ganar en los Estados más poblados del país y en alcaldías claves, como en la Alcaldía Mayor. En otras palabras, lenta pero inexorablemente, Venezuela recupera su vida democrática.
Sin embargo, desde el exterior no se deja de ver que, aunque debilitado, el liderazgo de Hugo Chávez prevalece. A ello se debe que el oficialismo haya mantenido 17 gobernaciones y un buen respaldo en las zonas menos favorecidas del país. Y que todavía, sigan existiendo dos Venezuelas que se mantendrán en feroz pugna en los próximos 4 años, hasta las elecciones presidenciales del 2013.
En la mirada internacional, lo más importante ahora es cómo enfrentarán el Gobierno y la oposición los retos que tienen por delante. Sobre todo el chavismo, cuya popularidad disminuye al ritmo que bajan los precios del petróleo. La sensatez y la moderación deberían imperar en el Gobierno; el momento aconseja un cambio de rumbo. Pero el problema, como siempre, es la (i) lógica revolucionaria que, acompañada del sanguíneo temperamento presidencial, se han constituido en su principal enemigo.
Para la oposición, el reto fundamental es la superación de las pequeñeces y ambiciones políticas (que imposibilitaron un triunfo mayor), si es que queremos realmente convertirnos en una alternativa válida hacia el futuro y conformar un nuevo y creíble liderazgo democrático.
Fuente: Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la libertad (CEDICE)
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