Política

La Libertad

Ciudadano, haga valer sus derechos: vote, proteste, exija, clame, escriba, marche…

Carlos Machado Allison
Para la mayoría de los venezolanos, la libertad parece ser algo desconocido o preñado de dudas y ambigüedades. Quizás porque en los últimos 100 años o más los gobiernos cuando no han limitado los derechos políticos, han eliminado los económicos o, como el actual, que los liquidó a todos, incluyendo a la educación, la salud y la alimentación.

Sin libertad económica, sin esa facultad natural que le permite a los seres humanos producir y comerciar, efectuar todo tipo de transacción lícita, vender lo que poseen a quien deseen comprarlo y en cualquier moneda, sin controles de precios o de divisas. Sin esas condiciones no existe la posibilidad de crear riqueza, generar empleos dignos y contribuir a reducir la pobreza. Cuando un gobierno se reserva para sí y sus funcionarios, no siempre talentosos y rara vez desinteresados, el poder de manejar, disponer y regular cada actividad económica, los ciudadanos quedan reducidos a la esclavitud y los esclavos, como es bien sabido, pues no tienen derechos políticos.


A mí, como ciudadano, no puede satisfacerme ir periódicamente a las urnas y depositar un voto, aunque ese es un derecho y una obligación que he ejercido y seguiré ejerciendo. Yo, como ciudadano tengo derecho a no ser explotado a través de impuestos destinados a pagar las deudas de otros países, a financiar a unas fuerzas armadas y policiales que no garantizan mi seguridad, a pagar elevados sueldos a jueces que no garantizan la justicia, a diputados que no se ocupan de elaborar leyes, a fiscales que no nos defienden, a contralores que no velan por el adecuado empleo de los recursos públicos, a tribunales electorales que no generan confianza por su parcialidad política. Como ciudadano tengo derecho a ser bien tratado y mejor servido tanto por los empleados públicos como por los privados. Como ciudadano debo prestar servicios de calidad en mi ámbito y recibir servicios de similar calidad y eso sólo es posible con la menor cantidad de leyes, con una breve Constitución que se ocupe de la seguridad, la justicia y los derechos de propiedad.


Detrás de cada institución se encuentran personas y para que las mismas funcionen, éstas deben tener calidad humana e intelectual, así como la razonable independencia que la misma ley consagra. No pueden ser marionetas de una voluntad única, tienen que deberse a quien les paga, que somos nosotros, los ciudadanos. Es necesario entender que Venezuela no existiría sin nosotros y que los gobernantes son apenas subalternos de los ciudadanos, designados o electos temporalmente, para administrar nuestros recursos y que sólo pueden decidir el destino de ellos con nuestra aprobación. Dictar 26 leyes, algunas orgánicas, a nuestras espaldas, en un cuarto oscuro, en un laboratorio perverso, viola todos y cada uno de nuestros derechos políticos y económicos.


Ciudadano, haga valer sus derechos: vote, proteste, exija, clame, escriba, marche, haga lo que deba y sea legal y legítimo hacer. Demande servicios de calidad, ofrezca calidad en los servicios que preste. No acepte el imperio de la delincuencia, la inflación, las calles rotas, la basura acumulada, los malos sueldos, el abuso de sus servidores públicos o el mal trato que le dan a veces los privados. Luche por su libertad.

Fuente: CEDICE

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