El premio Nobel de Economía Gary S. Becker, analiza porque los jóvenes de naciones pobres como México, Marruecos, Polonia y Turquía, quieren emigrar a EEUU y a Europa Occidental .
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Sábado, 14 de marzo 2026
El premio Nobel de Economía Gary S. Becker, analiza porque los jóvenes de naciones pobres como México, Marruecos, Polonia y Turquía, quieren emigrar a EEUU y a Europa Occidental .
Gary S. Becker -Premio Nobel de Economía-
Como los países ricos no quieren tantos inmigrantes el resultado es una gran
cantidad de ilegales que desafían las políticas migratorias. ¿Es acaso justo o
inteligente imponer controles estrictos a la inmigración legal cuando se hace
tan poco por contener la inmigración ilegal?
No hay muchas buenas maneras
de resolver este reto. Creo que la mejor opción es aumentar substancialmente el
número de inmigrantes legales. Se les debe dar preferencia a los jóvenes que se
emplearán y que tiendan a un compromiso a largo plazo con el país, tales como
los jóvenes que quieren estudiar en universidades de EEUU. Inclusive los
inmigrantes jóvenes sin entrenamiento pueden conseguir trabajo fácilmente porque
pocos ciudadanos quieren recoger cosechas, lavar platos o ser
jardineros.
También apoyo el dar prioridad a inmigrantes legales de
Canadá, México y otros países con los que EEUU tiene tratados de libre mercado.
El libre movimiento de la gente es otro aspecto de libre comercio. Y dar
preferencia a esos países puede atraer a otros a firmar tratados similares.
A pesar de la resonante oposición de políticos como Jean-Marie Le Pen en
Francia, Jörg Haider en Austria y Pat Buchanan en EEUU, la inmigración ilegal
sigue aumentando bajo el sistema actual. Algunos incumplen con las visas de
turismo y de estudio al trabajar o quedarse más tiempo, mientras que otros
cruzan la frontera para conseguir mejores trabajos. EEUU tiene la mayor cantidad
de inmigrantes ilegales, más de 7 millones, la mayoría proveniente de México.
Para frenar el influjo, una ley de 1986 autorizó a las autoridades federales
incrementar el patrullaje fronterizo, multiplicándose por 6 su presupuesto. La
ley de 1986 incluyó penalidades a patronos que contrataran ilegales, lo cual se
ha aplicado poco.
A pesar de las patrullas en la frontera con México,
unos 600 mil ilegales entran a EEUU, aunque el número de ilegales aprehendidos
anualmente superan el millón. El incremento de patrullaje no ha funcionado
porque muy pocos de los aprehendidos son castigados. A la gran mayoría de ellos
los envían de vuelta a México o de donde vengan y muchos de ellos intentarán de
nuevo ingresar a EEUU por segunda o tercera vez.
Estos ilegales pagan a
“coyotes” para que los guíen cruzando la frontera. Según el estudio hecho por
Christina Gathmann de la Universidad de Chicago, ese servicio no es caro, cuesta
unos 400 dólares o el equivalente a un par de semanas de trabajo de los ilegales
en EEUU. Es así porque pocos coyotes son detenidos y castigados. Cárcel y otras
sanciones disuadiría a los ilegales, pero no parece que las naciones
democráticas están dispuestas a castigar duramente a gente cuyo único delito es
que quieren venir a trabajar. Eso explica también los programas de amnistía,
como el de 1987 que concedió la residencia permanente a personas que habían
ingresado antes de 1982, trabajan y habían vivido desde entonces en EEUU.
Mi recomendación de ampliar el número de inmigrantes legales es mejor
que la reciente propuesta del presidente Bush, un acomodo entre los que están en
contra y los que están a favor de la inmigración, al permitir a los ilegales
continuar en su actual trabajo hasta por 6 años. Lo más probable es que ellos
entonces recibirían la residencia al cabo de ese tiempo.
Ampliar la
inmigración legal es más justo y eficiente que hacer cumplir a medias las leyes
contra los ilegales. Y al darles prioridad a inmigrantes de naciones con las que
EEUU tiene acuerdos de libre comercio, el movimiento de capital humano a través
de las fronteras comenzaría a parecerse al movimiento de bienes, servicios y
capital financiero.
Gary S. Becker es Premio Nobel de Economía (1992),
profesor de economía de la Universidad de Chicago, académico de Hoover
Institution y miembro del consejo asesor del Proyecto de Privatización del
Seguro Social del Cato Institute.
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