A pesar del entusiasmo de los presidentes de los países de Centroamérica, las protestas de sus ciudadanos en contra de la ratificación del acuerdo comercial con Estados Unidos (CAFTA) supone un enturbiamiento de última hora. Todo parece indicar que EEUU empieza a desanimarse un poco al respecto.
Las protestas en diferentes países desaniman a Estados Unidos
Todos los esfuerzos realizados por El Salvador, Honduras y Guatemala, que se
dieron prisa en aprobar el acuerdo comercial de la región con EEUU más conocido
como CAFTA, se han visto deslucidos después de que se hayan detectado algunos
obstáculos para culminar el proceso. Cuando ya todo estaba preparado para
ratificar el acuerdo, algunos países como Costa Rica, República Dominicana y
Nicaragua se enfrentan de repente a unas inesperadas trabas. Esto viene a
entorpecer la optimista visión que los líderes centroamericanos vienen
ofreciendo a EEUU y al mismo George W. Bush, para convencer a los congresistas
de todas las ventajas que supondría la aprobación del CAFTA.
Cuando ya
todo parecía perfecto, surgen las dudas. No ayuda mucho, por ejemplo, el hecho
de que Guatemala haya recurrido a las tropas militares para reprimir a los
manifestantes que protestan, precisamente, contra el acuerdo comercial con EEUU.
Tampoco ayuda que la sociedad nicaragüense haya salido a las calles para
protestar también contra el CAFTA, tirando incluso piedras contra el presidente
Enrique Bolaños.
En Guatemala, la desconfianza al acuerdo empezó a tomar
fuerza después de que el Gobierno ignorara la petición popular para celebrar un
referéndum previo antes de ratificar el CAFTA, medida que también se considera
necesaria en Costa Rica, donde el presidente además promueve una reforma fiscal
antes de enviar el CAFTA a la Asamblea.
Las razones que alegan los
contrarios al CAFTA son prácticamente las mismas en toda Centroamérica. Destaca,
por encima de otras cosas, el temor de la población a una invasión de productos
agrícolas estadounidenses, que se producen con ayudas y subvenciones federales,
de tal modo que los países centroamericanos no tendrían posibilidad de competir
con ellos.
El entusiasmo empieza a difuminarse también en Estados Unidos,
y ya se duda incluso de los primeros pronósticos tras la victoria de George W.
Bush en las últimas elecciones, según los cuales su renovación en el poder
significaría la aprobación casi inmediata del CAFTA. Los analistas ya no lo ven
tan claro.
Pero los presidentes centroamericanos no se riden y siguen
esgrimiendo argumentos para terminar de convencer a la sociedad y al gobierno
norteamericanos de lo beneficioso de aprobar el acuerdo. El presidente de
Guatemala, Oscar Berger, ha optado por un argumento infalible de cara al
Gobierno y a la sociedad norteamericana: “Si nuestros países crecen en su
economía y mejoran sus condiciones, vamos a tener menos inmigraciones a Estados
Unidos, que también son un problema para la sociedad norteamericana”.
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