El Comentario
La Paz, la ciudad de La Paz, es una sorpresa continuada. En todo lo alto de 3.650 metros sobre el nivel del mar, trata de encontrase entre refundaciones de una Bolivia que navega, a golpes de timón, siempre en contra de algún viento, “tirando bordes”.
La huelga de hambre del presidente Evo Morales, es una iniciativa política insólita, seguramente una que no se debe esperar de un presidente de república. Pero no es una frivolidad o un acto extravagante del presidente boliviano. No solo eso, porque es la declaración y la advertencia de quien tiene el bolígrafo del poder, la pluma de firmar edictos y decretos y de mandar en voluntades ajenas, de que cuando la norma democrática no se atenga a las intenciones de cambio, justas o no, habrá que forzar la letra para que diga lo que interesa que diga, que dirá lo que se quiere que diga.
La huelga de hambre de un ciudadano de a pie es una acto de la voluntad intima, de protesta impotente, pero la convocatoria pública de ayuno del presidente de la república de Bolivia y catorce representantes sindicales son una acción de fuerza, un intento de modificar la voluntad de los legisladores que representan maneras de pensar y de entender la política distintas. Es, desde luego, la manera más elocuente de indicar que la nueva Constitución no es un lugar de encuentro, sino el anuncio de una vida política llena de emociones intensas.
El caso es que el 25 de Enero el país andino celebró un referéndum, que ha dado a luz una nueva Carta Magna. Un texto fundacional que no fue fruto de ningún consenso y que nació en medio de tensiones. El presidente Morales envió al Congreso el proyecto de ley sobre el nuevo régimen electoral para convocar los comicios generales el 6 de diciembre de 2009, y la oposición señala que es necesario aclarar la composición de las nuevas circunscripciones y la situación de 750.000 votos “dudosos”, que es el 30 por ciento del censo electoral de Bolivia.
En el trámite parlamentario ha habido largas discusiones, profundos desacuerdos, palabras gruesas y tensiones. Evo Morales ha ofrecido financiar un nuevo padrón, siempre y cuando la Corte Nacional Electoral (CNE) garantice que ese trabajo no terminará perjudicando los comicios. En respuesta, después de cuatro días de ayuno presidencial, parece que la oposición entiende el compromiso y está dispuesta a volver al parlamento para reemprender la sesión aplazada, y proporcionar el quórum necesario para que el Congreso debata la ley que regulará los comicios del 6 de diciembre próximo y a los que se presentará Morales buscando la reelección.
Evo Morales obtuvo la presidencia de Bolivia en las elecciones celebradas en Diciembre de 2005. Desde su toma de posesión, ha ido virando la política boliviana desde la democracia sin adjetivos a la democracia indigenista, de unas relaciones tradicionales con los países del área a una política que mira antes de pensar, al Alba, a la alianza bolivarista que propone la Venezuela de Hugo Chavez. Se han vivido crisis intensas en Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija y Chuquisaca. Se han nacionalizado sectores como el de hidrocarburos, para alegría del cuerpo electoral del presidente, pero también para preocupación de otros.
A un día del referéndum constitucional, el presidente Evo Morales anunció la nacionalización de la petrolera mixta Chaco, y aprovechó la jornada de reflexión para que el ejército ocupara las instalaciones petro¬líferas. Y por si fuera poco, la crisis. Los países amigos del área ALBA tienen problemas.
En enero el Ejecutivo boliviano mostró su preocupación cuando se hizo pública la caída en la demanda de gas natural por parte del Gobierno de Brasil. El camino nuevo que emprendió Evo Morales requiere más de almuerzos que ayunos, mas de palabras que de silencios, mas de colaboración que de confrontación.
Tal vez lo agradezca la convivencia En política las cosas se desencadenan a una gran velocidad, pero la acción política exige un poco de sosiego para la reflexión. Sin embargo, la situación boliviana parece que solo se desenvuelve afectada por el mal agudo de montaña (MAM), el sorojchi.
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