Los terroristas somalíes de Al-Shabaab (“Las Juventudes”) vinculados a al Qaeda y los piratas que componen su “marina” han atraído repetidamente la atención mundial — y después han sido olvidados.
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Martes, 21 de julio 2026

Los terroristas somalíes de Al-Shabaab (“Las Juventudes”) vinculados a al Qaeda y los piratas que componen su “marina” han atraído repetidamente la atención mundial — y después han sido olvidados.
La población eritrea representa una minoría de unas 100.000 personas en Estados Unidos. Son una presencia familiar en Washington, D.C. y el norte de Virginia, donde reside el mayor contingente — unas 30.000 personas. Su segunda mayor concentración se da en la región de la orilla oriental de la bahía de San Francisco, entre 15.000 y 20.000 habitantes. Para la mayor parte de los que no son africanos, los eritreos son muy parecidos a los etíopes. De hecho, Eritrea nació a través de una guerra de secesión contra Etiopía, con la que Eritrea, colonia italiana entre 1890 y 1941, estaba federada tras la Segunda Guerra Mundial con un mandato británico aprobado por las Naciones Unidas. Etiopía anexionó Eritrea directamente en 1952.
Los eritreos inauguraron su movimiento de independencia de Etiopía en la década de los 70, convirtiéndose en 1974 en uno de los satélites africanos de la antigua Unión Soviética y Cuba. Los rebeldes eritreos se decantaron por la China maoísta y se acompañaron de insurgentes etíopes para derrocar a la dictadura marxista de Etiopía en 1991, logrando el reconocimiento de la Eritrea independiente en 1993. El dictador comunista de Etiopía, Haile Mariam Mengistu, fue reemplazado por un antiguo maoísta, Meles Zenawi, que murió el 20 de agosto. Eritrea se convirtió en un régimen monopartidista con el presidente-dictador Isaias Afewerki. Afewerki y Zenawi, otrora aliados, pronto se enfrentaron.
Eritrea y Etiopía libraron una guerra fronteriza entre 1998 y el 2000 que dejó 100.000 muertos y un millón de refugiados. Durante estas décadas, Eritrea y Etiopía fueron símbolos de tiranía y hambre. Pero el éxito de Eritrea a la hora de separarse de Etiopía tuvo impacto sobre todo a la hora de privar al segundo de acceso al Mar Rojo. Y eso reviste varios problemas.
En la categoría de extranjeros problemáticos en Eritrea, chinos y rusos fueron reemplazados por al Qaeda (Osama bin Laden tuvo su cuartel general en Sudán, al oeste de Eritrea) y los wahabíes de la orilla oriental, con respaldo saudí. Los islamistas radicados en Sudán combatieron al movimiento independentista de Eritrea. Al igual que en todas partes, Arabia Saudí paga la construcción de mezquitas en Eritrea. Se dice que la población de seis millones de habitantes de Eritrea se divide equitativamente entre cristianos ortodoxos y musulmanes sunitas. El islam de Eritrea es muy moderado, y según Jonathan Miran, profesor externo de la Western Washington University, se ha visto influenciado de manera acusada por la tradición idrisiyya del islam sufí (que jugó un papel relevante en la historia libia).
Los sufíes idrisi son conocidos en el mundo musulmán por su oposición al ultrafundamentalismo wahabí. Su progenitor, el sufí marroquí Ahmed Ibn Idris (1760-1837), acudió a La Meca a oponerse en persona a los wahabíes. Fue expulsado a Yemen pero sobrevivió, y sus argumentos anti-wahabíes tienen amplia lectura entre los académicos musulmanes de la actualidad. Ibn Idris solicitó la abolición de las escuelas de jurisprudencia islámica, entre otras reformas. A causa de la influencia sufí, el yihadismo viene siendo débil en Eritrea — Miran habla de dos pequeños colectivos wahabíes en Eritrea, el Movimiento de Reforma Islámica de Eritrea y el Movimiento Islámico Eritreo de Salvación, que insta a derrocar al régimen actual.
Pero la postura de Eritrea se ve muy comprometida por el problema somalí. Resulta que los musulmanes de Eritrea son menos útiles a las bandas de piratas y al grupo somalí Al-Shabaab que el gobierno. En el año 2009, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas exigió “a todos los Estados Miembros, Eritrea en particular, cejar en el armamento, la formación y el equipamiento de los grupos armados y sus integrantes, incluyendo Al-Shabaab, que pretendan desestabilizar la región
Como documenta la ONU, Al-Shabaab en Somalia cultivó alianzas en el estado eritreo con vistas a una guerra contra Etiopía, a la que los yihadistas somalíes acusan de controlar al endeble gobierno de Somalia. En marzo de 2012, Etiopía envió tropas a la frontera eritrea a clausurar 3 bases de entrenamiento de combatientes armados contra Etiopía, la primera confrontación entre los dos países desde el año 2000. Además, desde Eritrea opera la llamada “Alianza por la Re-Liberación de Somalia“. Como la ONU saca a la luz, “Puesto que el pasaporte somalí no es reconocido por la mayoría de los países, el Gobierno de Eritrea proporciona pasaportes eritreos a los líderes de la Alianza, así como al menos al líder de Al-Shabaab Mujtar Rubou
Rubou combatió al parecer en las filas de los talibanes afganos, y trabajó en Somalia para la Fundación Al-Haramain de Arabia Saudí, declarada Organización Terrorista Global de Clasificación Especial en el año 2004 por el gobierno de los Estados Unidos. Rubou ha hecho las veces de portavoz de Al-Shabaab junto al yihadista sirio-estadounidense oriundo de Alabama Omar Shafik Hammami, alias Abú Mansur Al-Amriki “el americano”. Hammami presidía en la Universidad del Sur de Alabama en Mobile la rama wahabí de la Asociación de Estudiantes Musulmanes de Estados Unidos y Canadá cuando tuvieron lugar las atrocidades del 11 de septiembre de 2001. Durante la década posterior, fue a Somalia y se unió a Al-Shabaab, junto a un grupo de estadounidenses oriundos de Minnesota y origen somalí.
Las autoridades somalíes anunciaron que Hammami había fallecido a consecuencia del ataque de un vehículo Predator en 2011, pero la muerte nunca se ha confirmado y Hammami difundió un vídeo en el que se burla del anuncio. En mayo de 2012 difundió una nueva serie de vídeos yihadistas, indicando que sigue con vida. En el ínterin, sin embargo, fue condenado por terrorismo en un tribunal federal de Alabama y está en busca y captura en el FBI por “proporcionar apoyo material a una organización terrorista extranjera“, Al-Shabaab.
La piratería marítima somalí es especialmente preocupante desde que las operaciones de transporte de crudo importantes fueron transferidas por Arabia Saudí del Golfo Árabe y el Estrecho de Ormuz, instalaciones vulnerables a la agresión iraní, a las viejas terminales de carga y oleoductos del Mar Rojo. Las Naciones Unidas destacan que “las milicias piratas” salen de regiones somalíes controladas por Al-Shabaab. Al dar cobertura a Al-Shabaab, Eritrea posibilita la expansión de la piratería. El útil estudio de Daniel L. Pines encargado por la CIA bajo el título “Piratería marítima: los cambios en el código estadounidense imprescindibles para combatir este problema crítico de la seguridad nacional
En julio, Al-Shabaab fue responsabilizada de las incursiones homicidas registradas en Kenia como represalia a la intervención keniata contra fundamentalistas islamistas en Somalia a finales del pasado año. Los islamistas somalíes también han manipulado a los estados vecinos, entre ellos al pequeño país de Eritrea, separado de Somalia por la pequeña Djibouti, de mayoría somalí.”. El Consejo de Seguridad afirmaba: “El Gobierno de Eritrea sigue proporcionando apoyo político, diplomático, económico y — presuntamente — militar a los grupos armados de oposición en Somalia”. Durante los tres años transcurridos desde entonces, la situación no ha cambiado.”. ” aduce que “Estados Unidos posee numerosas opciones jurídicas para combatir la piratería. Sin embargo, los esfuerzos estadounidenses reales han sido hasta la fecha muy limitados. Cierto, sus naves patrullan los océanos que rodean Somalia, pero la estrategia estadounidense, en la misma medida que las estrategias del resto de países que vigilan esas aguas, parece basarse sobre todo en la disuasión pasiva. Los piratas pueden ser atacados si ellos atacan primero alguna embarcación en la zona, pero lo que sucede con mayor frecuencia es que una vez que los planes de los piratas son frustrados, se les permite escapar en general sin mayores consecuencias”.
Pines ofrece 4 recomendaciones para mejorar la respuesta estadounidense a la piratería. Elevar el número de procesos en Estados Unidos, mejorar los protocolos antipiratería de los países próximos a las zonas afectadas (incluyendo Kenia, por ejemplo) y conceder permisos para “perseguir” a los piratas hasta aguas territoriales locales. La mayoría de los países prohíben esa clase de ingresos en sus jurisdicciones costeras — el Gobierno Federal de Transición de Somalia, que permite esa clase de respuesta y es apoyado en ello por la ONU, es la excepción.
Más importante en el abanico de Pine sin embargo es la sugerencia de “permitir que las embarcaciones se protejan mejor
En aquel incidente, cuatro piratas secuestraron al capitán de la embarcación en un bote salvavidas después de que los motores de la nave hubieran sido inutilizados y el resto de la tripulación encerrada bajo cubierta. Pines observa: “El ataque supuso la primera vez que una nave de bandera estadounidense era abordada por piratas desde principios del siglo XIX
El terrorismo islamista somalí, piratería incluida, debe ser combatido con contundencia en tierra, mar y aire. Armar las embarcaciones para su defensa es una herramienta; imponer sanciones más duras a los estados que como Eritrea apoyan a los terroristas con el pretexto de sus intereses nacionales no ideológicos es otra.
”. Describe políticas de disuasión que incluyen “sistemas de seguridad a bordo instalando mangueras, barreras eléctricas, alambradas, focos, sistemas de alarma, dispositivos sensibles al movimiento y hasta mecanismos sónicos dirigidos a una zona concreta… desplegar armas a bordo o contratar a compañías de seguridad privada para que destaquen personal armado a bordo de las naves”. Recuerda la captura en el año 2009 por parte de piratas somalíes del contenedor de bandera estadounidense Maersk Alabama, que navegaba entre Yemen y Somalia.”. El incidente acabó cuando el destructor USS Bainbridge, que estaba siguiendo el bote, desplegó francotiradores Navy Seal del Team Six (el mismo que más tarde eliminaría a Osama bin Laden), que abatieron de forma eficaz a tres de los piratas de un tiro cada uno. El cuarto pirata, un somalí de nombre Abduwali Abdujadir Muse, se había rendido antes y había pedido ayuda médica. Muse fue juzgado en suelo estadounidense y condenado a 33 años y nueve meses de cárcel. El Maersk Alabama ha protagonizado incidentes desde entonces en varias ocasiones, y en cada una los piratas han sido repelidos con armas de fuego y dispositivos sónicos.
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