Los quebrantos de salud que experimentó recientemente el presidente Álvaro Uribe, nos pusieron de presente, otra vez, cómo la inmensa mayoría de los colombianos lo respalda. Hubo una coincidencia en el resultado de varias encuestas. En todas ellas sus seguidores le pedían o aconsejaban al Presidente que disminuyera su ritmo de trabajo.
Opinión: Gilberto Arango Londoño
O sea que la opinión pública opina que el exceso de dedicación a su labor
incansable fue el causante principal de este episodio, por fortuna muy bien
superado, pero que le obligó a cancelar viajes sobre los cuales se habían creado
muchas expectativas.
Esto me ha recordado los sabios consejos de Séneca
que se encuentran en su ´Tratado sobre la tranquilidad de ánimo´. Tomamos de
allí algunas de sus reflexiones que los sobre adictos al trabajo deberíamos
acatar sin falta.
Dice el sabio maestro: “Así como a los campos fértiles
no se les ha de exigir excesivamente porque pronto los agotaría una fertilidad
nunca interrumpida, así el continuo trabajo quebranta el ímpetu de los ánimos
que recobrarían las fuerzas con un poco de descanso y de distracción; de la
continuidad de los trabajos nace cierto embotamiento y flojera de los ánimos.”
Y más adelante prosigue: “Hay mucha diferencia entre que aflojas algo y
lo sueltes. Los legisladores instituyeron días de fiesta para obligar
públicamente a los hombres al regocijo, interponiendo a los trabajos una
templanza como necesaria, y, como ya he dicho, los grandes hombres se tomaban
todos los meses vacaciones por algunos días y otros los repartían entre el ocio
y el trabajo.
Así lo recordamos de Asinio Polio, gran orador, al que
ningún asunto retuvo más allá de la hora décima; después de esta hora no leía ni
siquiera una carta para no tener nuevas preocupaciones, pero en aquellas dos
horas reparaba el cansancio de todo el día. Otros partieron el día por la mitad
y dejaron las horas de la tarde para los negocios de menor cuidado. También
nuestros mayores prohibían que se hiciera en el Senado ninguna nueva
deliberación después de la hora décima. Hay que ser condescendiente con el ánimo
y darle algún ocio, que sea como su alimento y vigorización”.
Recordamos
las palabras del señor presidente Uribe cuando nos dijo que en la práctica él no
gobernaría cuatro sino ocho años, ya que trabajaría no ocho sino 16 horas, o de
día y de noche. Lo hemos visto múltiples fines de semana dedicado, con intenso
cuidado y atención a dirigir reuniones comunales en muchísimos municipios en
sábados y domingos.
Muchas son las horas en las que está controlando
estas reuniones, tomando notas, dando órdenes y haciendo el seguimiento a cada
punto tratado. ¿Descanso de fin de semana? Nada, absolutamente nada. Viajes muy
al alba en avión y regreso a altas horas de la noche.
Con todo respeto
que se merece le pedimos al señor Presidente que recuerde los consejos de
Séneca. Que no se sobre exija. Que se cumpla su lema de “trabajar, trabajar y
trabajar”, pero con la moderación que esto implica y el descanso y la
distracción que requiere este cargo pleno de responsabilidades. El ´campanazo´
de la pasada semana debe ser muy provechoso.
Fuente: El País (Cali, Colombia)
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR