Los alemanes no pueden escapar al encuentro con Hitler porque su figura está en estos días por todos lados.
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Martes, 19 de mayo 2026

Los alemanes no pueden escapar al encuentro con Hitler porque su figura está en estos días por todos lados.
EDITORIAL
Aunque han pasado sesenta años desde del suicidio de Hitler en su búnker en Berlín, el dictador nazi está más presente que nunca en Alemania como lo ejemplifica su omnipresencia en el cine, la televisión, la prensa y las librerías alemanas. Los alemanes no pueden escapar a su encuentro, porque su figura histórica los cuestiona, los arrincona con pensamientos incómodos.
“Nunca hubo tanto Hitler”, asegura Norbert Frei, profesor de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, en el libro “1945 y nosotros. El Tercer Reich en la conciencia de los alemanes”. Y es que el suicidio de Hitler, el 30 de abril de 1945, en su búnker en Berlín, es como una sombra del dictador que sigue planeando sobre Alemania. Hitler en la mente y en los escaparates de las librerías: las editoriales alemanas han preparado una auténtica avalancha de libros sobre el nazismo y la segunda Guerra Mundial. Hitler en el café, en la charla pero también en el cine, las revistas y la televisión donde los documentales se suceden incansablemente.
Lo decía el historiador Michael Sontheimer en un artículo para Der Spiegel: “Para nosotros, los alemanes, el pasado es siempre presente. Uno sólo tiene que ver las librerías para darse cuenta de eso”. Sucede que cada alemán tiene un pasado nazi, así como cada gallego un pariente en el exilio. Si la guerra había estado enterrada en el silencio hoy los alemanes se interpelan a sí mismos, sin complejos, sobre la época más oscura de su historia.
Ayer Putin dio un discurso occidental, correcto, aunque forzado en sus énfasis debido a la audiencia estelar que viajó a Moscú a escucharlo. Además de mencionar el esfuerzo y sacrificio aliado, rindió un justo tributo a los millones de soldados soviéticos que dejaron su vida en el campo de batalla. También obvió mencionar la matanza indiscriminada de rusos y eslovenos a manos de Stalin en los Gulags, pero es que entre la multitud también había pancartas afectuosas hacia Stalin y no era el momento ni el lugar de herir susceptibilidades.
De todas maneras, que el aniversario nos sirva para recordar que las ideologías totalitarias no acabaron con el acuerdo de Yalta. Como demostró Ernest Nolte, el fascismo y el nazismo nacieron como contrafuegos al leninismo, aunque hayan copiado sus métodos de extermino para repelerlo mejor. Y que los tres totalitarismos tuvieron en común su odio al liberalismo y a la sociedad burguesa y su amor por el Estado omnipotente. Con los tiempos que corren, esto conviene tenerlo muy presente.
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