Los ´´diálogos constructivos´´, ´´diálogos críticos´´ y ´´sanciones inteligentes´´ europeos acaban de obtener dos sonados reveses en Togo y Zimbabwe. Los activistas prodemocráticos tienen buenas razones para dudar de que los mismos ´´instrumentos de presión´´ logren que el régimen cubano colabore con la transición democrática.
Soren Triff
Los ´´diálogos constructivos´´, ´´diálogos críticos´´ y ´´sanciones inteligentes´´ europeos acaban de obtener dos sonados reveses en Togo y Zimbabwe. Los activistas prodemocráticos tienen buenas razones para dudar de que los mismos ´´instrumentos de presión´´ logren que el régimen cubano colabore con la transición democrática a no ser que Europa muestre su determinación a favor de la democracia en los países de Africa, Caribe y el Pacífico.
Faure Gnassingbé, hijo del recién fallecido dictador Gnassingbé Eyedema, acaba de ganar las elecciones en Togo a finales de abril. Un mes antes, el partido del dictador Robert Mugabe ganó las elecciones parlamentarias de Zimbabwe. Ambos países han sido gobernados por líderes golpistas durante la guerra fría. Europa ocupó el lugar de la Unión Soviética y adoptó este mercado internacional de segunda clase. Ambos países han aceptado partidos de oposición y cierta prensa independiente, pero a pesar de las presiones europeas, se han mantenido en el poder y ganado estas elecciones bajo fraude masivo.
El joven heredero de Togo y el viejo dictador de Zimbabwe han desafiado a la comunidad internacional. ¿Por qué? Porque vale la pena el riesgo. El enfrentamiento da resultado. Por ejemplo, la violencia en Togo en poco menos de dos semanas ya tiene 22,000 refugiados de la oposición en Benin y Gana. La hambruna en Zimbabwe amenaza a un gran por ciento de la población, pero Mugabe rechaza la ayuda humanitaria. Todos sabemos lo que pasará. Cuando noticias de hambre, enfermedades y muerte aparezcan en los periódicos occidentales, el dinero correrá a las manos de los gobernantes.
Así la Unión Europea (UE) estabiliza su moneda y satisface sus sueños imperiales mientras participa en la fábrica de muerte. El precio es caer atrapada nuevamente bajo el dilema del buen samaritano, es decir, si acepta las condiciones de los regímenes dictatoriales, sostiene a los dictadores, si no envía ayuda, la opinión pública la culpa de la catástrofe humana.
Esto ya sucedió con los derechos humanos en la década pasada. Grupos armados crearon catástrofes humanas y vivieron luego de la ayuda humanitaria internacional. Ahora Gnassingbé y Mugabe invitan a la UE a que practique la vieja realpolitik y que juegue de igual manera con la sociedad civil. La primera reacción europea de cierta crítica, pero inacción, ante los dos fraudes podría indicar que la UE está dispuesta a acomodarse a la situación.
La actitud refuerza la percepción de regímenes como el cubano sobre la desconexión entre las palabras de los líderes y sus acciones. Para el régimen de Castro es una buena noticia. Después de todo, diría el dictador, él no les da dolores de cabeza a los europeos. Tiene al pueblo hambreado científicamente y expulsa a 20,000 miembros de la clase media a Estados Unidos anualmente.
Pero para los seguidores forzados del régimen no habrá otra alternativa que apoyar al dictador. Para los pacíficos activistas de la sociedad civil, que sólo cuentan con el apoyo de la comunidad internacional en la construcción de un espacio público, es una señal del desprecio de Europa por las aspiraciones democráticas de otros pueblos.
La UE debe terminar con el doble rasero que protege a estas pandillas armadas según el cual las fuerzas del régimen pueden violar leyes internacionales para maltratar a la población, pero las fuerzas internacionales no pueden intervenir para proteger a la población. Un régimen que viola leyes internacionales y crea conflictos civiles no puede luego recibir protección de leyes internacionales para evitar responder por sus acciones.
Fuente: El Nuevo Herald – Miami
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