Las cosas no son tan simples como apelar a los valores comunes, porque estos existen de manera parcial y también hasta radicalmente encontrados. Es un difícil dilema: ¿Alianza de civilizaciones o de civilizados? Sin querer por ello caer en el etnocentrismo de pensar que los occidentales somos los civilizados y el resto no. Pero me temo que esta cuestión suscita muchas discrepancias: ¿qué es actuar civilizadamente? Depende de los valores y justificaciones previas.
Es un difícil dilema: ¿Alianza de civilizaciones o de civilizados?
Tomaremos como referencia para este análisis el Informe del Director General sobre la promoción del diálogo entre los pueblos (171 EX/40, París 31 de Marzo de 2005). La actualidad de la cuestión del Diálogo entre las culturas no puede estar más subrayada que por la intención de la Conferencia General de proponer a la Asamblea de ONU la “Proclamación de un año internacional de la conciencia planetaria y la ética del diálogo entre los pueblos” (Resolución 32 C/30). Ahora bien, las motivaciones de estas iniciativas quedan un tanto difusas y conviene ir al análisis de fondo.
El documento que abordamos formula estas propuestas “después de expresar su preocupación ante el hecho de que las explosiones de violencia a que se asistía en distintas regiones del mundo suscitaran especulaciones en cuanto a un ´choque de civilizaciones´.” (nº 2) En la misma resolución, y a renglón seguido “se recalcó que el mundo experimenta considerables problemas de seguridad, al verse los estados desestabilizados por el terrorismo, el extremismo y los separatismos agresivos y al degenerar a menudo los conflictos que surgen en enfrentamientos armados y abiertos dentro de los propios estados”. Se acordó que “un auténtico diálogo entre civilizaciones, como condición determinante de un desarrollo armonioso del mundo, sólo era posible si tenía lugar en un clima de respeto absoluto y de vigencia de los valores fundamentales y universales de la existencia humana”.
En los antecedentes del Informe (nn. 4-13) se exponen los intentos previos a la formulación del concepto “Diálogo de civilizaciones”: “reconocimiento recíproco”, “entendimiento mutuo”, “entendimiento internacional”, “entre los pueblos”, luego entre “culturas” y por último las civilizaciones. De todo ello surgió la elaboración en 2001 de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural y el 21 de Mayo fue declarado Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo. Además, se celebraron una Conferencia Ministerial sobre el Diálogo entre Civilizaciones (Nueva Delhi, junio 2003) y un “Foro regional sobre el diálogo entre civilizaciones” (Ohrid, agosto 2003).
La Resolución 32 C/47 de la Conferencia General sobre “Nuevas perspectivas para las actividades de la UNESCO relacionadas con el diálogo entre civilizaciones subrayó las áreas de actuación: la educación, las ciencias y la tecnología, la diversidad cultural y los medios de comunicación y las tecnologías de la información y la comunicación.
Sin poner en dudad la importancia y el excelente trabajo de la UNESCO en lo referido anteriormente se perciben importantes fallos de diagnóstico, lo que -a mi modesto entender- no favorece el auténtico diálogo entre civilizaciones: A).- Es incoherente reconocer un crecimiento de los separatismos radicales, el terrorismo extremista y los conflictos armados y expresar preocupación porque se “susciten especulaciones en cuanto a un ´choque de civilizaciones´.” Es inevitable buscar causas y no es la mejor solución buscar diagnósticos voluntaristas para negar lo que únicamente se ha planteado como una hipótesis explicativa, no como un deseo de que sean así las cosas (S. Huntington, El Choque de civilizaciones, Paidós,1995, pp. 30-38) Se comprende la preocupación, pero no bastan los deseos para negar las hipótesis: “ese choque no es el destino colectivo de la humanidad y sólo podría erigir barreras culturales en la mente de los hombres” (nº12, 171 EX/40) Es verdad que históricamente las civilizaciones se han fecundado mutuamente, pero ¿son “intrínsecamente interculturales” (nº 11)? Parece una afirmación producto de un desideratum que de una realidad.
B).- Se afirma que el diálogo sólo es posible en “un clima de respeto absoluto y de vigencia de los valores fundamentales y universales de la existencia humana” (nº 2) Se presupone que se puede “cimentar el diálogo en valores universalmente compartidos” (nº 13) y que “hoy en día ha cuajado un espíritu global de consenso e intereses comunes respecto a un marco general para el diálogo consistente en una serie de valores universales que recorren todas las culturas y las civilizaciones (…) valores comunes de validez general son el entendimiento mutuo, el respeto y la defensa de la diversidad cultural, el compromiso con la paz, la no violencia y la conducta pacífica, el respeto a la dignidad de la persona, la observancia de los Derechos Humanos, la adhesión a los usos democráticos, el desarrollo sostenible y la solidaridad humana” (nº 23) Uno se queda sorprendido de que se afirmen con tanta rotundidad estas aseveraciones. ¡Ojalá fuera así! Pero cualquier estudioso sabe que la cuestión más controvertida en la ética y la filosofía jurídica es la universalidad y aceptación de valores comunes.
C).- Me temo que el mundo real es otro. Y, para promocionar un auténtico diálogo intercultural hay que tener muy claro el punto de partida. De lo contrario, ocurre que “aunque ninguna área en conflicto concreta haya sacado un beneficio directo del diálogo entre civilizaciones, puede observarse una tendencia en las relaciones internacionales a hacer del diálogo la estrategia base” y “esta situación puede convertirse en una nueva tendencia en la interacción de las civilizaciones, como muestra la iniciativa de forjar una ´Alianza de civilizaciones entre los mudos occidental y musulmán´ que propuso el Jefe de Gobierno de España en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2004”.
En conclusión, ningún resultado real en conflictos, observación de tendencias y esperanza en hipótesis. No son malos los buenos propósitos y los deseos e ilusionarse con ellos, pero si la realidad es otra no ayudan en nada a resolver los problemas.
D).- De modo que es crucial acertar con el diagnóstico sin cerrar los ojos a la realidad. La creciente espiral de extremismos, fanatismos, terrorismo y violencia en el mundo pueden deberse a la colonización/descolonización, la sensación de pérdida de identidad por la globalización liderada por Occidente, el odio surgido contra los valores/disvalores del mundo occidental, el resentimiento fundamentalista religioso, los conflictos regionales perpetuados, etc. Pero conviene ser consciente de que las percepciones, valores e instrumentos de solución varían mucho en función de las diversas mentalidades culturales.
Las cosas no son tan simples como apelar a los valores comunes, porque estos existen de manera parcial y también hasta radicalmente encontrados. Es un difícil dilema: ¿Alianza de civilizaciones o de civilizados? Sin querer por ello caer en el etnocentrismo de pensar que los occidentales somos los civilizados y el resto no. Pero me temo que esta cuestión suscita muchas discrepancias: ¿qué es actuar civilizadamente? Depende de los valores y justificaciones previas, que son infinitas y muy dispares.
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR