Economía y Sociedad, Política

¿Ruptura del Consenso en Política Exterior?

Diego Saavedra Fajardo
En el debate que se produjo la semana pasada entre Bernardino León (Secretario de Estado de Exteriores) y Gustavo de Arístegui (Portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso de los Diputados) en el Foro Nueva Economía salió de nuevo a colación un planteamiento que da que pensar. Para el PSOE, el ingreso en la OTAN de España en 1982, que llevó a cabo Calvo Sotelo -presidente del entonces gobierno de la UCD-, fue una ruptura de la derecha española del consenso de la Transición en materia de Exteriores.
Acto seguido se argumenta que la intervención humanitaria española y el apoyo a los anglo-americanos en Irak supuso una reedición de esa ruptura. El análisis es un lugar común en la izquierda española y se defiende a capa y espada para culpar a la UCD o al PP de romper acuerdos en política internacional. Pero la argumentación no resiste el más mínimo análisis riguroso. Es más, demuestra bastante sectarismo y falta de autocrítica.
El hecho es que el PSOE se dio cuenta tarde y mal de lo imprescindible que era incorporarse a la OTAN, no sólo de cara a la incorporación de la entonces Comunidad Europea, sino también al mundo de las relaciones trasatlánticas. La mentalidad de mantener a España como país “no alineado” en plena Guerra Fría llevó a los socialistas del “no” rotundo a la OTAN, y reclamar que las bases americanas fueran expulsadas de nuestro suelo, a una mayor sensatez y madurez que intentó arreglar las cosas con el chapucero referéndum de 1986, del que el mismo Felipe González ha dicho sentirse arrepentido.
Las posturas trasnochadas del socialismo español, en la oposición, se tornaron en pragmatismo y adaptación al mundo real cuando gobernaron. Su histórico error no es, sin embargo, objeto de autocrítica sino arma arrojadiza contra lo que ellos llaman la “derecha” española que no hizo sino cumplir con el deber histórico de integrar a España en su entorno internacional. Esta política fue continuada, por supuesto, por el PSOE posteriormente. Entonces: ¿cabe hablar de ruptura de consensos o de posturas anacrónicas que se curaron con la madurez que da el tener que gobernar?¿No confirmó el pueblo español en el referéndum su “sí” a la entrada en la OTAN, aunque la entonces AP prefiriera abstenerse por el modo de plantearse? ¿Quién reflejaba mejor la necesidad real y la voluntad de España?
Mutatis mutandi, la guerra de Irak ha servido también para acusar a la “derecha” española de romper el consenso con su apuesta por una política exterior orientada hacia el eje europeo-atlantista. España, no se olvide, nunca entró en guerra, apoyó una intervención respaldada por ocho de los 15 miembros de la entonces UE a 15 (y por la abrumadora mayoría de la actual Europa a 25) e intentó acercarse a EEUU ante la debilidad del eje París-Berlín (Chirac-Schröeder). Hoy hemos comprobado en qué consistía la “vuelta a Europa”: a dos países que uno está en plena decadencia por su incapacidad de abordar las reformas imprescindibles y el otro que ha cambiado de liderazgo por una brillante Merkel. Zapatero, de manera torticera, dijo en el Debate sobre el Estado de la Nación, que esperaba disculpas del PP por la intervención en Irak -puesto que Blair y Bush lo habían hecho-. Como siempre, verdades a medias puesto que lo que han reconocido son errores importantes en la post-intervención, en la que España no tuvo que ver apenas, refirmándose en la necesidad de haber derrocado a Hussein. Pero, en definitiva, ¿qué consenso se rompió? La visión proatlantista del gobierno de Aznar era tan legítima como su contraria. ¿O es que las resoluciones de ONU únicamente valen para cuando se envían tropas a un país y no para cuando se retiran? El PP pudo equivocarse respecto a Irak, pero su planteamiento hubiera sido respaldado mayoritariamente sino hubiera sido por el horrible atentado del 11 de Marzo. ¿Por qué hacen planteamientos tan endebles argumentalmente y tan sectarios? Pues porque los hacen quienes piensan que ellos siempre tienen la razón y los demás son despreciables en sus posturas sin un mínimo respeto a otros puntos de vista. La historia de la OTAN se reedita y, dentro de unos años, veremos sino se calca.

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