Política

Política exterior y demagogia

Diego Saavedra Fajardo
En el agrio debate que se produjo en el Congreso de los Diputados, el pasado miércoles día 10 de Mayo, se puso sobre la mesa el “talante”, realmente demagógico, de Zapatero en cuestiones de Política Exterior. A la interpelación de la oposición sobre la debilidad de la defensa de los intereses españoles por parte de nuestro Gobierno, en el caso boliviano, el Presidente respondió con una afirmación que conduce a la perplejidad: “saben la diferencia entre nuestras políticas exteriores: que ustedes apoyaban a los fuertes y nosotros a los débiles y en Bolivia hay mucha gente pasando hambre” vino a decir, casi textualmente. Nuestro Presidente de Gobierno pretende convertirse en un nuevo Robin Hood, lo que ocurre esta vez es que lo será únicamente para quien se deje engañar por torpes, e intelectualmente deplorables, sofismas.

1)La defensa de los intereses españoles no perjudica a la población boliviana, a pesar de que D. Choquehuanca, canciller boliviano, hable del saqueo español durante 500 años. La razón: únicamente se está protegiendo la vigencia del derecho internacional, la seguridad jurídica y la urgencia para la economía boliviana de inversión extranjera. Los acuerdos y obligaciones legales firmadas no son objeto de negociación, como nuestro postmoderno ejecutivo tiende a creer, sino de cumplimiento. Únicamente -a partir del respeto a los deberes contraídos- se puede renegociar cualquier contrato.

2)Si lo que se pretende es retener los ingresos surgidos de la explotación de los recursos naturales bolivianos a la fuerza, esta vía de actuación va a conducir a la economía de este país a la autarquía y, por consiguiente, al deterioro económico y el aumento de la pobreza.

3)Parece que la actitud de Lula u otros países, reclamando seriedad y el cumplimiento de las obligaciones contraídas, merecería también para Zapatero el calificativo de “ponerse del lado de los fuertes”. Un proceso nacionalizador con intereses extranjeros (sobre todo latinoamericanos, no se olvide), es una medida unilateral que rompe radicalmente los procesos de integración iberoamericanos. Esto es, para nuestro Presidente, ponerse del lado de los fuertes. En fin, demagogia barata que debería llevarnos a reflexionar en manos de quién está nuestra Política Exterior.

4)En medio de todo ello, Moratinos afirma que el Ejecutivo debe llevarse bien con todos los gobiernos del subcontinente americano. Claro eso incluye una justificación velada de sus excelentes relaciones con Chávez y Castro. Pero ¿debe llevarse bien un gobierno democrático con una dictadura brutal y con un presidente que quiere criminalizar a la oposición? Como decía J. F. Revel, pura hemiplejia moral, pues no parece que hayan tenido el mismo interés en llevarse bien con la primera democracia del mundo. Con razón, G de Arístegui le recordó a Zapatero, en el mismo Pleno, “que se rodea de tiranos y dictadores”.

5)Por fin, la pretendida cercanía a los débiles, en este caso la población boliviana, ¿qué tiene que ver con la contestación a la pregunta, profundamente democrática y defensora de la legalidad, sobre una nacionalización a golpe de decreto de unos dirigentes que dicen negociar pero anuncian que no cambiaran ni una coma de lo decretado? Como se ve, no es más que una salida, bochornosamente oportunista y populista, para salir de un embrollo en el que el gobierno socialista se ha metido premiando (con la condonación de la deuda) a un dirigente que va a empobrecer aún más el país. Es que no se dan razones: sólo se hace demagogia.

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