Es la visita más polémica que realiza la mandataria chilena. Es la primera después de Allende pero en el oficialismo chileno quedan rezagos de un sabor amargo. El “no” a los disidentes cubanos divide el apoyo en el oficialismo, principalmente en la Democracia Cristiana (DC)
Después de 37 años
Desde que Salvador Allende visitó Cuba en 1972, ningún otro presidente chileno volvió a la isla. Es Michelle Bachelet la primera en realizar una visita oficial, pero en vez de euforia en las filas de la coalición oficialista, la negativa de reunirse con la disidencia cubana, ha despertado desencuentros dentro de uno de los partidos más fuertes de la coalición, el partido de la Democracia Cristiana (DC)
Desde la confirmación de la visita de Bachelet a Cuba, en Chile estallo la polémica. La posibilidad de un encuentro con la disidencia cubana, fue descartado de lleno por la comitiva oficial y varios partidos que integran la coalición oficialista no ocultaron su rechazo a la postura presidencial e incluso, retiraron sus delegados de la comitiva que acompaña a Bachelet a Cuba.
En este marco, la DC condicionó la participación de sus parlamentarios al compromiso de Bachelet a reunirse con la disidencia al régimen. Ante la negativa de la presidencia, DC retiró sus integrantes y cuestionó la visita oficial, básicamente en término de respeto a los DDHH, situación que es popularmente conocida y denegada a la disidencia en Cuba.
Al respecto, el ex Presidente Eduardo Frei, actual candidato para volver a La Moneda por la DC, manifestó la posición de su partido al señalar que “Yo siempre que voy a un país me reúno con la gente que quiere reunirse conmigo. Si la disidencia cubana se quisiera reunir conmigo, yo lo haría”.
Sus palabras se interpretaron de inmediato como una adhesión a la firme actitud que ha tenido la directiva de su partido, la que, reunida en el consejo nacional del 5 de enero, rechazó la invitación a la isla debido a que Bachelet no incluyó en su programa oficial una reunión con la disidencia al gobierno castrista.
En las horas previas al embarco, la tensión entre Bachelet y la DC ha ido en aumento, más aún cuando el Gobierno invitó al diputado y al alcalde de Castro, José Miguel Ortiz y Nelson Águila, quienes aceptaron contraviniendo la recomendación partidaria.
Por su parte, el canciller Alejandro Foxley (también DC) evitó ingresar en la polémica y se limitó a recordar que la política exterior es de responsabilidad exclusiva de la Presidenta. “Es legítimo que los presidentes de partidos establezcan sus puntos de vista, son todos absolutamente respetables”, señaló el canciller.
Una situación similar se vivió en la dirigencia de la Unión Demócrata Independiente (UDI), partido también integrante de la coalición oficialista, que rechazaron de pleno que luego de 37 años, la primer visita de un presidente chileno no contemple las necesidades y reclamos expresos de la disidencia cubana.
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