Política

Las lecciones del Ansari X- Prize

El 4 de octubre de 2004, en el cuadragésimo séptimo aniversario del lanzamiento del Sputnik, la humanidad ha hecho de nuevo historia en los vuelos espaciales, financiado con fondos privados.

Por Edward Hudgins

El 4 de octubre de 2004, en el cuadragésimo séptimo aniversario del
lanzamiento del Sputnik, la humanidad ha hecho de nuevo historia en los vuelos
espaciales. El SpaceShipOne diseñado por Burt Rutan y su compañía Scaled
Composites y construido con dinero del co-fundador de Microsoft Paul Allen, ha
sido el ganador de los $10 millones del Ansari X-Prize—financiado con fondos
privados—al ser el primer vehículo privado capaz de llevar 3 individuos al
espacio en un periodo de dos semanas.


El triunfo del SpaceShipOne nos enseña cuatro lecciones:


Primero, nos recuerda el poder de la competencia. Empresarios que compiten
unos con otros generan el dinamismo de la libre empresa. Ellos no pueden
simplemente ofrecer bienes y servicios adecuados cuando los competidores podían
ofrecer lo excelente. La competencia empuja a los empresarios a esforzarse por
satisfacer a sus clientes y así retenerlos. Ya sea automóviles, computadoras
personales, Internet, productos electrónicos o viajes en avión, solo los
empresarios pueden comercializar bienes y servicios haciéndolos accesible para
todos. El Ansari X-Prize estimuló la competencia en vuelos espaciales, los
cuales han sido dominados por mucho tiempo por los gobiernos. El resultado es el
triunfo del SpaceShipOne.


Segundo, nos muestra el poder del orgullo. El equipo de Rutan, al igual que
otro par de docenas de competidores por el Ansari X-Prize, compitieron con
recursos limitados para desarrollar formas nuevas, innovadoras e ingeniosas para
viajar 100 kilómetros sobre la tierra en el espacio. Sacaron lo mejor de si y se
dieron a sí mismos algo que nadie hubiera podido darles: el conocimiento de un
trabajo superlativamente hecho frente a grandes desafíos y la manifestación de
su creatividad y racionalidad, lo cual hizo la hazaña posible.


Tercero, demuestra el poder motivacional de las ganancias. Los premios
financiados con fondos privados fueron fuertemente utilizados en el desarrollo
de la aviación civil; Charles Lindbergh ganó en 1927 $25,000 del premio Orteig
al ser el primer individuo en cruzar el Atlántico en un vuelo sin escalas. Tras
el éxito del Ansari X-Prize, Robert Bigelow, fundador de Bigelow Aerospace y
quien planea establecer una estación espacial privada, ha ofrecido un premio de
$50 millones para el desarrollo de un vehículo capaz de llevar siete individuos
a una estación orbital—ojalá sea una de Bigelow.


Rutan uso unos $20 millones invertidos por Paul Allen para ganar $10
millones. Eso no suena muy rentable, pero los esfuerzos de Rutan apuntan a las
ganancias a largo plazo—él planea un negocio de llevar pasajeros a viajes
sub-orbitales y eventualmente viajes orbitales hacia el espacio. De hecho, el
multi-millonario Richard Branson, fundador de la aerolínea Virgin Atlantic se
está asociando a Rutan y Allen con la esperanza de llevar 3000 astronautas
privados al espacio en los próximos cinco años. La prosperidad es algo bueno y,
en el proceso de lograr su propio bienestar económico y espiritual, estos
empresarios espaciales van a generar una revolución comercial como Allen hizo
con Microsoft y Branson con Virgin Atlantic.


Y cuarto, el SpaceShipOne marca un cambio de paradigmas. Por casi cinco
décadas, cuando se pensaba acerca del espacio la mayoría de la gente lo veía
como un programa del gobierno y creía que los viajes más allá de la atmósfera
simplemente eran demasiado costosos para que los provea el sector privado. Por
supuesto, los costos se han mantenido altos debido a que el gobierno ha estado
proveyendo el servicio; y las regulaciones gubernamentales han ayudado a
desalentar a empresarios privados a crear sus propios negocios espaciales. Pero
Peter Diamandis, presidente de la Fundación X-Prize, pretende crear una
revolución no solo al desencadenar la competencia empresarial sino también al
cambiar la forma de pensar de la gente acerca del espacio—puede ser un lugar al
cual proveedores privados lo podrían llevar a complejos privados para su propia
educación.


Rutan fue el hombre que diseño el Voyager, el primer avión en volar alrededor
del mundo sin parar o recargar combustible. Ese artefacto ahora se encuentra en
el Museo Smithsoniano del Aire y del Espacio en Washington junto con el Espíritu
de San Luis de Lindbergh, la nave de 1903 de los hermanos Wright, el X-1 de
Chuck Yeager y el Apollo 11 el cual llevó al primer hombre a la luna.


El SpaceShipOne debería algún día de estar junto a aquellos artefactos
pioneros, en tributo a los emprendedores privados que abrieron el espacio a toda
la humanidad.

Edward Hudgins es Académico Asociado del Cato
Institute y editor del libro publicado por Cato Space:
The Free-Market Frontier.
Traducido por Nicolás López para Cato
Institute



 

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