Impuestos de circulación y de guerra, expulsiones de las viviendas propias, asesinatos a sangre fría. No se trata de una guerra civil, sino de lo que ocurre en un pequeño municipio de un país centroamericano. El escenario: Villa Nueva, en Guatemala.
Sólo en Guatemala operan 500 pandillas
Solo en aquella localidad de 20 600 habitantes, operan alrededor de 3 000
miembros de las pandillas o “maras” Salvatrucha y la M18, según investigaciones
de la Policía guatemalteca citadas por el diario Prensa Libre, a inicios de mes.
El reporte contiene otro dato alarmante: de ambas pandillas se derivaron
varias células, que se expandieron en las 211 colonias del municipio.
En
total, en Guatemala operan alrededor de 500 pandillas. Sus integrantes: 200 000
jóvenes, es decir, cerca del siete por ciento de los 3,8 millones de jóvenes de
ese país.Los pandilleros guatemaltecos de las ´maras´ Salvatrucha y M 18 no
superan los 25 años ni tienen menos de 13.
Miles de historias se juntan
en una realidad escalofriante. 27 arrestos; ningún juicio.Tiene 26 años, pero el
número de veces que la Policía lo ha capturado y acusado de infringir la Ley es
mayor que su edad. Sus manos fueron esposadas por primera vez en 1995, y a ésta
siguieron otras 26 detenciones por diversas faltas y delitos.
A pesar de
que su rostro es familiar para los agentes de la Policía Nacional Civil de
Guatemala, jamás ha enfrentado un juicio.Juan José Carrillo, alias “el five”,
enfrentó su primera detención a los 15 años, en 1995, cuando la Policía lo
sorprendió portando un arma blanca, la cual, supuestamente, utilizaba para
asaltar transeúntes. Pagó una fianza y salió libre. Dos años después, fue
capturado cuatro veces más. Al delito anterior, Carrillo sumó los de escándalo,
robo y soborno.
Entonces, ya había ingresado al mundo de las pandillas.
Sus permanencias en prisión han oscilado entre 10 días y siete meses.
Pero siempre ha dejado la cárcel, ya sea porque las pruebas en su contra
no son suficientes o porque no existen testigos dispuestos a declarar en su
contra.
Hoy, de nuevo en prisión, se sienta frente a un periodista que le
cuestiona sobre qué le gustaría hacer al salir. “Que me dieran un plomazo. Ya no
quiero seguir viviendo”, dice.
Una bala
perdida
Desde el lunes 7 de febrero, el escritorio de
Alicia Pascual Rafael, en la escuela oficial mixta Lo de Carranza, en San Juan
Sacatepéquez, está vacío. La niña, de nueve años, fue herida gravemente el día
anterior cuando tres pandilleros disparaban contra uno de sus rivales. “Solo fue
a comprar una pasta de dientes. Salió de la casa y, a los pocos minutos, regresó
bañada en sangre.
Venía caminando, agarrándose el estómago”, cuenta
Martín Pascual, padre de Alicia. Desde entonces, la niña ha sido sometida a dos
cirugías. La primera se concentró en reparar los intestinos grueso y delgado; la
segunda cirugía fue para extraer la bala de su riñón derecho.Deportación de
´mareros´Las leyendas pintadas identifican los territorios de cada ´mara´.
A la misma velocidad con la cual la tensión se cuela en el ambiente, los
grafitos se repiten en las paredes de los barrios dominados por las pandillas.
Un reporte de Prensa Libre revela que los detectives han establecido que
hay líderes de origen salvadoreño y hondureño.
Cada “gran líder” tiene a
su cargo dos grupos: uno que se encarga de cobrar el llamado impuesto de
circulación y de guerra, y otro cuya labor es eliminar físicamente a los
comerciantes o conductores que se oponen a las extorsiones.
Además, son
utilizados para matar a los integrantes de las pandillas rivales.
En
muchos de los casos, la afiliación a una pandilla no germina en la propia
Guatemala. Se trata de un proceso que empieza con otras realidades también
trágicas, como la pobreza y la emigración.
Según datos de las
autoridades, miles de guatemaltecos que viajan sin documentación a Estados
Unidos en busca del “sueño americano” regresan al país deportados y se enfilan
en las “maras” de su país. La lección ya está aprendida. El entrenamiento en
suelo estadounidense, junto a pandillas en ese país, se completó.
Cifras de las deportaciones
La
Dirección General de Migración pone sobre el tapete las cifras. Entre enero y
febrero últimos, fueron deportados 24 202 guatemaltecos y centroamericanos, de
los cuales el 50 por ciento era integrante de pandillas, sobre todo de las
´maras´ Salvatrucha y M18.
El director de la Asociación para la
Prevención del Delito, Emilio Goubaud, explica que muchos pandilleros, cuando
regresan al país, ya han purgado penas en EE.UU. “No pueden ser tratados como
delincuentes” y quedan en libertad. El problema se volvió una alerta regional.
El primero de abril se realizará en Honduras una cumbre de presidentes
para analizar el combate a las pandillas juveniles, junto a representantes de
EE.UU.
Al encuentro asistirán el presidente salvadoreño Elías Antonio
Saca, el hondureño Ricardo Maduro, el guatemalteco Óscar Berger, el
costarricense Abel Pacheco, el nicaragüense Enrique Bolaños y un representante
de EE.UU.
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