Política

Lo que dejó el caso Granda

Si les gusta llenarse la boca con los derechos humanos, que comiencen aclarando quién es el enemigo común y cómo se debe combatirlo.

editorial
La captura de Rodrigo Granda, encargado de las relaciones internacionales de las FARC, es un caso de análisis político que revela hasta qué punto el terrorismo está apoyado y solventado por las entrañas del poder populista de América Latina, encarnado por Lucio Gutiérrez y Hugo Chávez Frías.

Las preguntas que el analista colombiano Andrés Mejía Vergnaud se hace en su último artículo merecen ser tomadas en cuenta: “¿Por qué vivía plácidamente en Caracas uno de los más importantes líderes de las FARC?, ¿por qué se le invitó a un acto político reciente que fue presidido por Chávez en persona?, ¿por qué se le había concedido la nacionalidad venezolana y se había legalizado su situación allí?, ¿por qué las máximas autoridades gubernamentales y parlamentarias de Venezuela muestran tal simpatía por las FARC?, ¿por qué, tras la captura de Granda, las FARC protestaron ante el gobierno de Venezuela, como si este hubiera incumplido un compromiso con ellos?”.

Mientras el periodismo de investigación desvela aquello que la diplomacia oculta y silencia, digamos que la captura de Granda tiene una implicación jurídica internacional importante que reside en el hecho de que, a pesar de que el arresto si hizo sin la notificación de las autoridades competentes, la captura se solventa en el firme objetivo del Gobierno de Uribe de erradicar a los grupos terroristas que amenacen a la sociedad civil colombiana y la estabilidad del Estado de derecho. Lo que se negó a hacer Chávez, tuvo que hacerlo Uribe porque lo que estaba en discusión era, no sólo la desidia e incapacidad del Gobierno venezolano de combatir a las FARC, sino rematar un liderazgo insurgente.

Más allá del acuerdo de ayer en el Palacio de Miraflores, es evidente que existen diferencias político-estratégicas de consideración entre Colombia y Venezuela, y por qué no decirlo, también Ecuador. La cuestión de la soberanía nacional queda en entredicho cuando visitantes “ilustres” como Rodrigo Granda pasean libremente por esos países amparados y protegidos por sus mandatarios. La consigna nacionalista esgrimida por Chávez es una necedad comparada con la cantidad de vidas humanas que secuestraron, torturaron y mataron las FARC. Si a los progresistas como Chávez les gusta llenarse la boca acerca de los derechos humanos, que comiencen aclarando su mente sobre quién es el enemigo común y cómo se debe combatirlo.

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