Política

Los forajidos y las últimas horas de Lucio Gutiérrez en el poder

“Cuando el miércoles pasado, poco antes del mediodía, los empleados y algunos militares recibieron la orden de retirar del techo del palacio presidencial de Carondelet las macetas y las antenas de televisión para improvisar allí un helipuerto, la suerte del presidente Gutiérrez ya estaba echada.”

Democracia

De su despacho acababa de salir la embajadora de Estados Unidos, Cristie
Kenny, que, según el diario Expreso, le pidió que retirara las fuerzas de choque
que se enfrentaban en las calles con los manifestantes, y que diera paso a la
sucesión presidencial. No es claro si Gutiérrez, para ese entonces, ya había
tomado la decisión de irse del palacio. Lo cierto, es que el jefe de la Casa
Militar ya había puesto en marcha el plan de evacuación, un procedimiento de
emergencia que se aplica a todos los mandatarios cuando la situación lo exige.


Sin embargo, había una esperanza para el Presidente: Los militares aún
estaban con él. Eso, al menos, creía él. Igual, pasara lo que pasara, el
helicóptero venía en camino.

El comienzo del fin de la era de Lucio
Gutiérrez en Ecuador se inició el pasado viernes 15 de abril. En esa noche
despejada, presionado por las manifestaciones populares, decidió cesar la Corte
Suprema de Justicia que un Congreso afín a su Gobierno había nombrado. En el
mismo paquete de anuncios, que fue transmitido en cadena para todo el país,
también decretó el estado de emergencia para Quito, una decisión que fue apoyada
por el Alto Mando Militar.

Eso a los quiteños les rebosó la copa. Por
eso se invistieron de ´forajidos´, calificativo que les dio el mismo presidente
Gutiérrez cuando se iniciaron las marchas, salieron a las calles de manera
masiva coordinados por la radio La Luna y armaron un cacerolazo tan fuerte que
al día siguiente el mandatario suspendió el decreto de emergencia. Pero eso no
calmó a las multitudes que saltaron a las calles sábado, domingo, lunes y
martes.

Ese día, la cita fue a las 5 de la tarde en la Cruz del Papa, un
lugar de encuentro habitual de los quiteños en recuerdo de la visita de Juan
Pablo II en 1985. Al principio se calculó que eran 5 mil, luego 10 mil. Las
alarmas se prendieron en palacio hasta el punto de que el comité de crisis envió
un helicóptero para medir la dimensión de la protesta. A las 7:30 p.m., cuando
ya eran 100 mil los manifestantes, se le ordenó a la fuerza pública reprimir la
protesta. Un fotógrafo chileno quedó muerto en el piso.

Los ´forajidos´
avanzaron sin importarles la fuerte represión que policías y militares desataron
con gases lacrimógenos. A eso de la una de la madrugada del miércoles los
´forajidos´ se marcharon a sus casas bajo la premisa de que de día se trabajaba
y de noche se protestaba.

Pero ese muerto, y los varios heridos y
contusos quedaron en la memoria de la gente y una amenaza los hizo volver a las
calles en la mañana del miércoles. Se anunció que 100 buses venían de diferentes
lugares del país a “ser guardianes del palacio y la Constitución”.

A esa
hora de la mañana, el rumor existente era que el Presidente estaba dispuesto a
disolver el Congreso, que en el edificio de la CIESPAL, un centro académico,
confabulaba para cesarlo. Cuando la embajadora estadounidense, tras dos horas de
reunión, salió del despacho presidencial y miles de manifestantes estaban de
nuevo en las calles en cercanías de Carondelet, sucedió lo que, se dice en
Quito, fue el puntillazo final para Gutiérrez.

A las 11 de la mañana el
comandante general de la Policía, Jorge Poveda, presentó su renuncia. “Después
de lo acontecido ayer y hoy no puedo seguirme prestando para ser testigo del
enfrentamiento entre el pueblo ecuatoriano. Espero que esta crisis en que se
encuentra empantanada nuestra nación por la irresponsabilidad política, por la
falta de tino, se cauterice”, dijo.

Le falló la última carta… Entre
tanto, en una rueda de prensa con la prensa extranjera, el entones
vicepresidente y hoy Presidente, Alfredo Palacio, anunció que el alto mando
militar podría reconsiderar su apoyo a Gutiérrez…

El mandatario quiso
jugarse una última carta. Confiado en el apoyo del ejército, envió a su ministro
de Gobierno, Oscar Ayerve, a anunciar que conminaría al ex presidente Abdalá
Bucaram a salir del Ecuador. Pero casi en simultanea, desde el Comando Conjunto
de las Fuerzas Armadas, el contralmirante Víctor Rosero dijo que él y sus
hombres le daban la espalda al Presidente.

Desde ese momento, la policía
y las fuerzas armadas dejaron de combatir a los manifestantes, que lograron
llegar a la Plaza de la Independencia y a Carondelet. Solo un anillo de
seguridad se instaló para proteger al palacio y cubrir la salida de Gutiérrez,
mientras el ejército desalojaba a empleados y personal administrativo de la sede
de gobierno.

Todo estaba consumado para el Presidente. Lucio subió al
helicóptero que lo esperaba en el techo de Carondelet. Al parecer estaba
acompañado por su hermano, el diputado Gilmar Gutiérrez y también por su primo
el ex parlamentario Renán Borbúa. Su destino era el aeropuerto donde lo esperaba
un avión privado, pero la información se filtró a través de Radio La Luna, y
cientos de manifestantes se enrumbaron hacia el terminal, invadieron la pista y
clausuraron las operaciones aéreas.

Ante ese panorama, el helicóptero se
desvió hacia la base militar Las Balvinas, cerca de la capital. Según el diario
El Comercio, allí los dos hermanos tuvieron que saltar un muro para escapar y
luego fueron recogidos por un auto Suzuki blanco. A miles de kilómetros de allí,
en Brasil, el canciller ecuatoriano Patricio Zuquilanda participaba en la cumbre
de cancilleres que buscan definir la Comunidad Suramericana de Naciones.


Cuando se enteró de lo que estaba sucediendo en Quito, tuvo que cambiar
su misión: conseguirle asilo al Presidente.

Por eso, el Suzuki blanco
regresó a Quito, a la casa del embajador de Brasil. Borbúa debe estar en
Guayaquil y la mayoría de los quiteños exhibe una sentimiento de satisfacción
patriótica entre pecho y espalda porque la ´revolución de las forajidos´
finalmente trunfó.

Fuente: El Tiempo –
Colombia

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