Nosotros [los jóvenes] debemos aspirar a comenzar a construir una sociedad en la que todos los ecuatorianos –ya sean blancos, negros, mestizos, ricos, pobres, de la Costa o de la Sierra– sean iguales ante la ley. Es decir, una sociedad
Gabriela Calderón
La semana pasada estuve en Bolivia con Yon Goicoechea y Geraldine Álvarez, secretario general y parlamentaria, respectivamente, del Parlamento Estudiantil venezolano.
Ellos hablaron mucho de Venezuela, pero escuchándolos aprendí mucho sobre lo que ha pasado en mi país. Lo que aprendí se lo quiero contar a dos grupos importantes del país: las élites y los jóvenes.
A las élites (empresarios y miembros de la vieja política) les quiero decir que a mis 24 años tengo miedo de que mis libertades –de decir lo que yo pienso aun cuando sea distinto a lo que la mayoría piensa, de ser tratada sin discriminación por la ley, de cumplir mis sueños profesionales en mi país, de ver y leer lo que yo quiero leer– sean cada vez más reducidas.
Se los digo a ustedes porque los considero en gran parte culpables del país que nos han dejado. Un país en donde un individuo con ambición desmedida de poder, ya sea Rafael Correa, León Febres-Cordero o Lucio Gutiérrez o cualquier otro en su lugar, puede llegar al poder democráticamente y desde ahí destruir la democracia para imponernos a todos su visión de país (excluyendo así a los que no estamos de acuerdo con su visión).
Ustedes, que tuvieron el privilegio de prepararse, que hablan por lo menos dos idiomas, que han podido conocer cómo funcionan las sociedades democráticas y libres, se olvidaron del Ecuador. Cuando asumieron el liderazgo abusaron del poder para beneficio propio, sin importar las malas consecuencias que eso tendría para el futuro del país.
Octavio Paz decía que en Latinoamérica se habían confundido las “rebeliones” con las revoluciones. Les quiero decir a los jóvenes que no se dejen engañar por la actual “rebelión”. El Ecuador está experimentando una “rebelión” con la cual se cambia de manos el poder en el país pero continúa siendo extremadamente concentrado en unos pocos. Sigue siendo una sociedad de privilegios.
La revolución sería la desconcentración del poder. La verdadera revolución la tienen que liderar personas que no le deben nada al poder, como nosotros los jóvenes. Y nosotros debemos aspirar a comenzar a construir una sociedad en la que todos los ecuatorianos –ya sean blancos, negros, mestizos, ricos, pobres, de la Costa o de la Sierra– sean iguales ante la ley. Es decir, una sociedad sin privilegios.
Hay razones para ser optimistas, mucho más después de que en la Venezuela de Hugo Chávez un movimiento estudiantil logró que triunfe el ´NO´ a la reforma constitucional que hubiera formalizado la dictadura en ese país. Ni las bombas de gas, ni los perdigones, ni toda la maquinaria de propaganda estatal pudo imponerse ante la honestidad y convicción de estudiantes que quieren libertad y no están dispuestos a hipotecar su futuro por los sueños dictatoriales de Chávez o cualquier otro que venga en su lugar.
Es hora de que los jóvenes asumamos el liderazgo de la revolución de la libertad en el Ecuador –ya sea como columnistas, líderes de movimientos o partidos políticos, etcétera–. Si no lo hacemos, en 20 años uno de nuestros hijos estará repitiendo lo que yo les he dicho hoy.
El 24 yo marcho, no por Nebot ni por las élites, pero sí por defender mi visión de país, la cual incluye autonomía para todas las ciudades del Ecuador y la tolerancia de aquellos que no piensen como yo.
Fuente: Instituto Ecuatoriano de Economía Política
// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR