Política

Los periodistas son valientes (a menos que el tema sea el islam)

James Lileks

Bien, hemos de tener cuidado aquí, ¿no? Tal como están hoy las cosas, uno puede meterse en problemas por describir un dibujo hipotético inexistente. La mera mención de las pecaminosas sílabas “viñetistas daneses” es suficiente para prender fuego a dieciséis ciudades en Nigeria. Así que simplemente digámoslo así: si un viñetista danés hubiera hecho un dibujo de Cheney descargando una recortada contra (ESA PERSONA PARTICULAR. YA SABE. ÉL), la prensa podría tener por fin una viñeta que poder enseñar. Los periodistas destacados en la Casa Blanca se la pondrían en camisetas, y las llevarían en los programas de noticias por cable.


 


¿Sí o sí? Por una parte, mantendría vivo el Cheneygate durante otra semana, manteniendo vivas las esperanzas de que el lamentable accidente de caza no fatal expulse al Diabólico. Por algún motivo, la izquierda se ha convencido de que Cheney se irá pronto, si se concentran lo suficiente. Es la versión moderna de los hippies haciendo levitar el Pentágono. Si Cheney se va, piensan, su sustituto será menos perverso, puesto que nadie es tan perverso como Cheney – por dios santo, no pueden dejar al hombre en las salas de maternidad, porque todos los bebés empiezan a sudar azufre y alquitrán.


 


Por otra parte, mostrar tal viñeta sería como arrojar gasolina al fuego, y con una red mundial de imanes radicales organizando ya una cadena humana desde la extracción de petróleo hasta la yesca, esto no sería inteligente. En palabras del Boston Phoenix: “Por temor a la respuesta de la hermandad internacional de islamistas radicales sedientos de sangre que buscan imponer su voluntad a aquellos que no piensan como ellos. Este es, francamente, nuestro motivo principal para no publicar ninguna de las imágenes en cuestión”. Coño: resulta que hay algo peor que la Patriot Act; puede que el FBI eche un vistazo a nuestros historiales de la biblioteca, pero no reduciría a cenizas el edificio y lapidaría a los bibliotecarios en nombre del respeto y la paz.


 


Tras unas cuantas semanas, y manifestaciones en varias docenas de países incluyendo las muertes usuales y la quema de iglesias, pensaría que esta viñeta hipotética se mostraría en la televisión sin el pixelado utilizado normalmente cuando el vestido de Paris Hilton se cae. Pero se necesitaría una petición personal de Dick Cheney de no mostrar las viñetas para garantizar que aparecen en las noticias de la noche – y que hasta se sobreimprime la cara del vicepresidente a la infame-viñeta-de-Mahoma-con-una-bomba-en-su-turbante, y [los periodistas] se felicitan por su valentía. ¡Decir la verdad de la cara, macho!


 


Como sucede, la amenaza a la libertad de expresión no viene del gobierno. Mientras que no dudamos de que la Patriot Act será invocada cualquier día pronto para criminalizar la disidencia y confinar a Cindy Sheehan en la Tumba del Soldado Desconocido, debería destacarse que la gente que ha suprimido los dibujos es la que dirige los grandes – y poderosos – medios de siempre. Los medios más pequeños con narices las publicaron, con resultados nada halagüeños – el editor de un diario universitario de Illinois fue cesado por publicar los Horribles Garabatos de la Perdición, por ejemplo. Esto no significa en absoluto la muerte de la Primera Enmienda. Pero añádanse algunos disturbios, algunas fatwas incendiarias, algunos imanes incrementando la recompensa por las cabezas de los viñetistas, y tiene el “efecto deprimente” del que tanto escuchamos hablar cuando los funcionarios del gobierno critican una noticia.


 


¿De modo que ahora todos somos Rushdies, nos guste o no? Quizá. Si uno no puede dibujar a Mahoma sin que los editores tengan miedo al tumulto del vestíbulo, entonces sólo es cuestión de tiempo antes de que la idea se fije a la cabeza de los viñetistas de todas partes. Simplemente no vale la pena; ¿Quién necesita el agravio? Quien necesita las reuniones con sus miembros de la comunidad, la formación obligatoria de sensibilidad, la deprimente sensación de descubrir tu dibujo en una pancarta en una protesta en Londres, al lado de una señal que reza “DECAPITAD A LOS QUE NOS ACUSAN DE DECAPITAR”.


 


Todo saltará por los aires. La prensa recuperará su flema, y empezará a investigar si Jack Abramoff pagó a Cheney una cerveza en 1997 y así fallo su objetivo en el 2006, o algo parecido. Volverán a su antiguo papel valiente: cuestionar a la autoridad. A menos que ésta se encuentre en La Meca.

James Lileks es periodista, columnista y blogger norteamericano. Su blog, The Daily Bleat, comenzó en 1997 y fue uno de los primeros en internet.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

No se encontraron resultados

Menú