Política

Los próximos desafíos que afrontará la economía china

El desempeño económico de China en los últimos años ha sido extraordinario. El año pasado, se calcula que el producto interno bruto creció por encima de un 9 por ciento, con la producción industrial aumentando por un notable 16 por ciento. Muchos temen que el sistema financiero del país resulte ser muy frágil para sostener dicha tasa de crecimiento a largo plazo.

Globalización
El desempeño económico de China en los últimos años ha sido extraordinario. El
año pasado, se calcula que el producto interno bruto creció por encima de un 9
por ciento, con la producción industrial aumentando por un notable 16 por
ciento. Muchos temen que el sistema financiero del país resulte ser muy frágil
para sostener dicha tasa de crecimiento a largo plazo. Afortunadamente, las
abundantes reservas extranjeras del país podrían resultar ser el remedio
ideal.

La raíz del problema del sector financiero chino son los continuos
subsidios dirigidos a las empresas del estado mediante el sistema bancario. El
propósito de estos subsidios es de prevenir el desempleo y la pérdida de
asistencia social de los anteriores y actuales empleados de estas empresas del
estado. Aunque el gobierno ha cerrado sus peores productoras de pérdidas, las
que quedan continúan siendo subsidiadas.

A largo plazo es muy probable
que ésta práctica dañe la actualmente alta tasa china de ahorro, la cual es la
base de su milagro económico. En el presente, cerca de un 90 por ciento de los
ahorros de cada hogar están depositados en bancos del estado, en parte por la
falta de otras alternativas. Muchos de esos depósitos son prestados a empresas
estatales. En contraste, muchas de las inversiones en el dinámico y privado
sector no-estatal que ahora impulsan el crecimiento industrial chino es
auto-financiado, o dependiente en capital foráneo.

Con pocas de estas
empresas no-estatales estando dispuestas—o permitidas—a emitir acciones, el
mercado de valores doméstico consta principalmente de empresas estatales, las
cuales con sus prácticas de contabilidad no-transparentes y su percibida falta
de viabilidad, previenen que muchos hogares coloquen sus ahorros en ellas
directamente. Entonces es aquí donde surge la delicadeza y la volatilidad de los
mercados de valores domésticos, que tan solo con las más pequeñas noticias de
las opacas empresas estatales se pueden desatar grandes movimientos de precios.


Ésta falta de medios adecuados de ahorro y los bajos retornos de los
depósitos en los bancos estatales presentan una gran amenaza para la alta tasa
china de ahorros. Esto es probable que sea agravado por el efecto depresivo que
puede tener una población cada vez más anciana por sobre los ahorros. Pero los
bancos del estado no pueden promover mayores ahorros aumentando sus tasas de
depósito sin un aumento en sus tasas de préstamos a las empresas estatales. Las
pérdidas de estas empresas estatales entonces crecerían, resultando en que los
bancos extiendan más préstamos para cubrirlas, con el resultado de que el
sistema bancario tendría que cargar con más préstamos en mora.

Estas
dificultades microeconómicas de utilizar las tasas de interés para estimular los
ahorros que luego podrían ser depositados en un mercado de valores en buenas
condiciones, tienen consecuencias macroeconómicas. Mientras el banco central se
encuentra incapaz de utilizar la tasa de interés para controlar la demanda
agregada, medidas torpes (e ineficientes, dado que casi todas las empresas no
estatales son auto-financiadas) se necesitan para enfriar la economía.


Además, dada la fragilidad del sistema bancario, abrir completamente la
cuenta capital de la balanza de pagos y proceder a un tipo de cambio
completamente flexible no es una opción. Yo no creo que el crecimiento chino de
orientación hacia a las exportaciones ha dependido en mantener un tipo de cambio
subvalorado. Como muchas de las exportaciones chinas son productos procesados
con poco valor doméstico añadido, cambios en el tipo de cambio tendrían un
efecto menor en la rentabilidad de las compañías. La mudanza a un tipo de cambio
flexible no es solo necesario para un uso más eficiente de los ahorros
nacionales de China, sino también para defenderse de las crecientes presiones
por parte de especuladores privados y los principales socios comerciales de
China por una reevaluación del renminbi.

Detrás de todos estos peligros
para la economía china se encuentran las cargas sociales sostenidas por las
empresas estatales. Estas deben ser removidas para que las empresas estatales
viables puedan prosperar y el resto pueda ser adquirido o cerrado.


Afortunadamente, China ha amontonado abundantes reservas extranjeras y
estas proveen la respuesta. En octubre del año pasado, estas constituían más de
600 mil millones de dólares (310 mil millones de libras esterlinas), en una
economía de aproximadamente 1 trillón de dólares. Las reservas constituyen
alrededor de un 60 por ciento del producto interno bruto y se hayan en su
mayoría en la Tesorería de EE.UU. Aparte de lo absurdo que es que un país en
vías de desarrollo relativamente pobre en capital, haga estas grandes y no
correspondidas transferencias a un país rico, China debe haber visto una pérdida
en el valor real de estos activos. Desde su tope en el 2002, el dólar americano
se ha depreciado por casi un 30% en relación a otras monedas importantes.


Hay una mejor manera en la que China podría utilizar sus reservas. A lo
mucho, solo una pequeña porción—$100 mil millones—es necesario para defenderse
de cualquier ataque especulativo y mantener la fijación al dólar. El
resto—alrededor de $500 mil millones, así como también las reservas que sean
adquiridas en el futuro—podrían ser depositadas en un fondo de reconstrucción
social que esté bajo el banco central. Esto funcionaría como cualquier otro
fondo de pensiones grande, como el del Banco Mundial, el cual tiene un retorno
anual, a un promedio de más de 10 años, de cerca de un 8 por ciento. Si el
propuesto fondo chino pudiera alcanzar este retorno, proveería un ingreso anual
de $40 mil millones, o 4 por ciento del PIB, el cual pudiera ser utilizado para
cubrir gradualmente las obligaciones sociales de las empresas estatales. Estas,
entonces, pudieran luego ser tratadas como empresas normales, las cuales serían
privatizadas si se creen viables y cerradas si no.

Esto traería muchos
beneficios. Acabaría con la necesidad de subsidios que están agotando con la
vitalidad del sistema bancario. Los bancos pudieran entonces concentrarse en
movilizar los ahorros domésticos y transferirlos a proyectos que rindan más. Las
empresas estatales con acciones comercializadas en los mercados tendrían más
incentivos para adoptar transparencia en la contabilidad. Las autoridades serían
capaces de utilizar las tasas de interés como el principal medio para controlar
la demanda. Con un sistema financiero más robusto, hasta se le podría permitir
flotar al renminbi. Con el tiempo, mientras se retire el problema de las
empresas estatales, los ingresos del fondo podrían convertirse en la base de un
sistema de pensiones completamente financiado para la población en
envejecimiento de China.

Hay buenas razones para preocuparse sobre la
robustez del sistema financiero de China, es verdad. Pero un país con $600 mil
millones en reservas no está exactamente desprovisto de opciones.

Deepak
Lal es profesor de desarrollo internacional en la Universidad de California en
Los Angeles y es un académico asociado del Cato Institute.

Traducido por
Gabriela Calderón para Cato Institute.

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