Política

Lula mostró sus cartas en Brasilia

Lula se acerca a la comunidad árabe en busca de acuerdos comerciales y políticos ganando respaldos y liderazgo.

EDITORIAL
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sumado un logro a su Gobierno al haber impulsado la primer Cumbre Surámerica-Arabe que sirvió para que países distantes establezcan “puentes entre civilizaciones” como ha dicho el mandatario brasileño. En el acto inaugural, celebrado en el Centro de Convenciones de Brasilia, Lula afirmó que esta Cumbre supuso “un compromiso para trabajar de forma pionera para aproximar a dos regiones distantes” pero “ambiciosas en sus aspiraciones”.

La cumbre se desarrolló no como un modelo reproductivo de la “Alianza de Civilizaciones” que publicita sin demasiada suerte el presidente español Rodríguez Zapatero sino con la concepción de hacer intercambios comerciales entre países que tienen culturas distintas y percepciones distintas del mundo, pero que comparten valores comunes, como la tolerancia y el respeto mutuo. Fue una oportunidad histórica donde hubo algunos que la aprovecharon mejor que otros.

Entre quienes más se beneficiaron sin duda está la diplomacia de Itamaratí que desarrolló programas de cooperación y desarrollo con los 22 estados árabes que asistieron y que estaban integrados por las naciones del Magreb, en el norte de Africa, el Consejo de Cooperación de los Estados del Golfo, todos petroleros, y el resto de la comunidad árabe. Es un provechoso rédito el que saca el equipo de Lula luego de un año de esfuerzo en la realización del evento, que contó con la presencia de figuras de primer nivel, como el líder palestino Mahammud Abbas y el primer ministro iraquí, Jalal Talaban.

Tampoco deben obviarse los intentos de Lula de desmarcarse de la influencia de Estados Unidos en la política internacional y acercarse a China, Rusia e India y demás potencias emergentes que le permitan diversificar sus exportaciones. Detrás del discurso un poco fatuo de la “integración” que despliega Lula se esconde un objetivo crudamente político: ganar el apoyo para una banca permanente de Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La hoja de ruta de Lula es establecer lazos “multipolares” que desafíen los preceptos de Washington: un ejemplo es que sus lazos con los árabes concierne un apoyo explícito de Brasil a Palestina, aunque cabe destacar que, a diferencia de Chávez, sus gestos son moderados y su lenguaje no incurre en agravios e intimidaciones.

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