El momento en el que más cerca se ha visto el acuerdo llegó en 2002, con las negociaciones entre Straw y Piqué que siguieron la senda iniciada por Matutes.
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Martes, 18 de agosto 2026
El momento en el que más cerca se ha visto el acuerdo llegó en 2002, con las negociaciones entre Straw y Piqué que siguieron la senda iniciada por Matutes.
LO MÁS CERCANO A UN ACUERDO
A mediados de 2002 se alcanzó el índice más intenso de contactos entre ambos
países para tratar de alcanzar un acuerdo. Entonces, las negociaciones
hispano-británicas se centraban en la consecución de un pacto para compartir la
soberanía del Peñón, algo a lo que se oponían las autoridades y el pueblo
gibraltareños.
Este planteamiento de principio fue el punto de partida
al que llegaron Piqué y Straw en noviembre de 2001, cuando ambos países
decidieron reanudar el Proceso de Bruselas después de un parón que había durado
nada menos que doce años.
Sin embargo, el proceso no fue fácil. Así, a
pesar de los avances que se relataban en los encuentros entre ambas
delegaciones, la dificultad de alcanzar un acuerdo sobre una cuestión con tres
siglos de antigüedad hizo que en más de una ocasión se planteara la
imposibilidad de seguir adelante.
De hecho, tras una reunión el
principal negociador británico, Peter Hain, secretario de Estado de Asuntos
Europeos, llegó a decir en el Parlamento que “es mejor que no haya acuerdo a que
haya un mal acuerdo”.
Un referéndum
contundente
El planteamiento por aquel entonces preveía recoger
una serie de propuestas sobre Gibraltar en un documento sobre cuyo contenido
sería invitado a negociar el ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana.
Cuando las tres partes hubieran llegado a un acuerdo ese texto se sometería al
pueblo gibraltareño para que se pronuncie en referéndum.
Esa Declaración
Conjunta sobre la que trabajaban Londres y Madrid contenía cuatro elementos: el
mantenimiento del sistema de vida de los llanitos; la ayuda económica para
normalizar las relaciones del Peñón con España y la UE; la ampliación del
autogobierno, y, en definitiva, la soberanía sobre el Peñón.
El problema
es que Caruana, radicalmente contrario a la mera celebración de esas
negociaciones, se adelantó y convocó un referéndum en noviembre de 2002, no
reconocido por Londres. En esta consulta, 98,97% de los gibraltareños, 17.900 de
los 18.176 que finalmente participaron, votaron en contra de la posibilidad de
que el Reino Unido y España compartieran la soberanía.
La herencia de Matutes
Pero estos avances
conseguidos en época de Piqué como ministro de Exteriores no fueron fruto de la
casualidad. El camino lo había empezado a trazar Abel Matutes, primer ministro
de Exteriores del Gobierno popular, que ya en 1999 señalaba en un artículo
publicado en El País que “desde algunos sectores se nos habla de que
incrementemos la cooperación con Gibraltar. Nada me gustaría más, pero ello
tendría que venir acompañado del inicio de unas negociaciones serias para la
solución del contencioso. De lo contrario, tiraríamos piedras contra nuestro
tejado. Desde la concesión española de la apertura de la Verja, la situación ha
evolucionado, pero en la línea de reforzar la autonomía política y la posición
de privilegio económico de Gibraltar”.
Sobre las reticencias que
provocaba la actitud negociadora de España, Matutes aducía que “pretender
aparcar o congelar esta cuestión es un ejercicio de hipocresía o un intento de
engañar a nuestras opiniones públicas. Hay que tener la valentía de afrontar los
problemas y, evidentemente, la cuestión de soberanía es el fundamental para
España. Hay que tener imaginación y generosidad para encontrar soluciones y
éstas sólo pueden alcanzarse en el marco del diálogo”.
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