Política

Merecido reconocimiento

El economista catalán Xavier Sala i Martín (Barcelona, 1963) recibió ayer el Premio de Economía Rey Juan Carlos I, concedido por la Fundación ´José Celma Prieto´, en reconocimiento a sus aportaciones teóricas sobre el crecimiento y el desarrollo económico.

Editorial
Sala i Martín es catedrático en la Universidad de Columbia y ha impartido clases
como profesor visitante en las universidades de Harvard y Pompeu Fabra. Lo más
significativo del acto fue saber que Sala donará los 72.000 euros del galardón a
la Fundación Umbele, una organización de la que es cofundador y que se dedica a
facilitar el acceso a la escuela en los países africanos.

Que se premie a
un economista liberal por haber aportado una mirada renovada y lúcida sobre
la globalización es una excelente noticia. Defensor de las ideas a favor del
libre comercio, Sala criticó ayer abiertamente la cerrazón de las economías
africanas, pero no dejó de señalar lo que calificó como “obscenas subvenciones”
a los agricultores occidentales. “La Farm Bill americana, dijo, pasará a la
historia como el segundo programa económico más delirante de la historia de la
humanidad, siguiendo muy de cerca por la PAC europea”.

Este debate nos
recuerda que usualmente solemos caer en el error de pensar únicamente en “las
causas de las pobreza”, cuando, precisamente, la pobreza es lo que nos viene por
defecto a los seres humanos. Lo sorprendente, lo que asombró a Adam Smith allá
por 1776, son las “causas de la riqueza”. Porque la riqueza no es un proceso
automático, un fenómeno espontáneo ni algo innato contenido en nuestro ADN. La
riqueza debe ser creada: la riqueza sí tiene “causas”.

Incluso una mente
brillante como la del economista Alfred Marshall soslayó este punto en su libro
“Principios de Economía” escrito en 1890. Dada la consolidación del capitalismo
y la era de abundancia de la época, era previsible que Marshall pensara en
aquellos días a la riqueza como el estadio natural del hombre.

Hoy los
organismos públicos combaten “la pobreza” con préstamos, créditos, subsidios y
ayuda humanitaria sin plantearse cómo producir riqueza. James D. Wolfensohn,
presidente del Banco Mundial, ha dicho que el desafío era “lograr que la
globalización sea un instrumento de oportunidad e inclusión, no de miedo e
inseguridad”. Wolfensohn debería fijarse menos en la inclusión y la caridad
financiera y apostar más por las “causas” de la riqueza: la libertad de comercio
sostenida y potenciada por sólidas instituciones y marcos legales que no ponen
obstáculos a la acumulación de capital a gran escala.

Porque los
ciudadanos de los países pobres no le temen a la globalización; le temen a sus
propios gobiernos.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú