Política

México y los Estados Unidos: la etapa siguiente

Estados Unidos y México comparten una frontera extensa y compleja. Pese a que cada nación tiene sus propias prioridades para la agenda bilateral, ambas han demostrado ser capaces de cooperar en temas complicados.

Instituto CIDAC de México
Estados Unidos y México comparten una frontera extensa y compleja. Pese a que cada nación tiene sus propias prioridades para la agenda bilateral, así como su propia visión sobre cómo debe evolucionar la relación en su conjunto, y la frontera en particular, ambas han demostrado ser capaces de cooperar en temas complicados, y a menudo controvertidos, que constituyen la realidad cotidiana de una proximidad tan diversa y dispar.

Probablemente no resulte sorprendente que estas dos naciones hayan resultado menos competentes a la hora de abordar los temas estratégicos y más contenciosos que cada cual ve como fundamentales para un entendimiento mutuo más profundo: migración y seguridad. Se trata de temas cruciales, capaces de definir la viabilidad misma de la integración económica, así como la posibilidad de que ésta proceda a un ritmo acelerado, a la vez que se intensifica la cooperación en aras de lograr éxito en un frente clave, el de la seguridad.

A final de cuentas, y en una de las grandes paradojas y peculiaridades de la relación bilateral, aunque Estados Unidos es la nación más poderosa, suele ser México el país que define tanto el rumbo como el ritmo de la interacción. En este momento, los mexicanos parecen no tener la capacidad de asumir un compromiso bilateral más profundo, debido en gran medida a que los políticos mexicanos aspiran a lograr beneficios estilo europeo de la relación con Estados Unidos pero sin una integración económica. La migración se ha convertido en la prioridad número uno de la política exterior de México.

En un país en el que difícilmente se alcanza consenso en tema alguno, la legalización de los mexicanos radicados en Estados Unidos y la liberalización del movimiento (legal) de mexicanos hacia Estados Unidos se han convertido en principios indiscutibles, definitorios de su condición de nación. El argumento analítico a favor de la liberalización de los flujos migratorios descansa en la compatibilidad natural en las estructuras demográficas de ambas naciones.

El argumento político y moral se deriva del abuso al que en ocasiones se enfrentan mexicanos ilegales, o indocumentados, al ingresar a Estados Unidos o en su territorio una vez que han cruzado la frontera. Los mexicanos consideran la migración hacia Estados Unidos como un derecho fundamental (o, al menos, como una “necesidad ineludible” por razones de estabilidad económica y política) y, por ende, esperan que el gobierno estadounidense acepte el tema migratorio como la primera prioridad de la relación bilateral y emprenda acciones inmediatas al respecto.

En los últimos años, las autoridades mexicanas han adoptado la postura de que el tema migratorio es “todo o nada” (la “enchilada completa”). Sin embargo, la realidad apunta a que existen muchas maneras de dividir el tema en unidades manejables, de una forma que resulte aceptable a ambas partes, si bien ninguna de las dos ha demostrado la voluntad de orientar sus esfuerzos en tal sentido. La seguridad es otro tema de interés y ambos países coinciden, al menos a nivel conceptual, en lo que ello entraña. El gobierno de México desea proteger las fronteras del país a fin de garantizarse propia seguridad, así como la de los estadounidenses residentes en México y para asegurar que no ingresen terroristas a Estados Unidos por vía de México.

Centro de Investigación para el Desarrollo – CIDAC – México .Este un extracto del informe. Recomendamos la lectura completa del mismo en el sitio web www.cidac.org

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú