Política

Minorías y mayorías en Irak

Tras las elecciones generales, las cosas quedaron muy claras en Irak. En estas tierras de Alá los fundamentalismos étnico-religiosos de modo alguno representan a la mayoría de la población. Constituyen sectores tan minoritarios que pasarían totalmente desapercibidos sino fuese por el estruendo inherente a sus acciones terroristas.

Democracia
 Acudió a las urnas más del 72 por ciento de la masa electoral, a pesar de
los riesgos que implicaba.

La “Alianza de Unidad Iraquí” se alzó con el
48 por ciento de los votos. Este frente electoral había sido organizado por los
“chiítas”, la etnia mayoritaria del país (60 por ciento de la población total).


La coalición fue a la pugna por el voto ciudadano con las pupilas
clavadas en los números antes que en los símbolos de la fe religiosa. Se vio en
las filas de votantes a miles de miles de mujeres que ululaban en señal de
satisfacción y esperanza. Sí, esperanza en que la democracia las libere del
sometimiento y discriminación que aún padecen. El FUI abrió las puertas de las
candidaturas a otras etnias e inclusive a tipos de orientación laica. A esta
lucidez, en gran medida, se debe su victoria por mayoría relativa. Esta le
servirá ahora para formar el gobierno de unidad nacional que considera necesario
para un Irak de población tan diversa.

Como lo sabe cualquiera, Irak es
un país demográficamente cuadriculado por etnias que profesan diferenciadas y
hasta contrapuestas versiones del Corán. Algunas se hallan todavía demasiado
ancladas en la Edad Media. Se hallan uncidas a liderazgos de tipo tribal que
consideran a la democracia poco menos que una afrenta a sus sacrosantos usos,
costumbres y tradiciones. Pero los de abajo no habían compartido este criterio.
Los resultados electorales demuestran en forma contundente que una importante
mayoría social apunta más bien a un ingreso pleno a la modernidad. Es decir, a
un orden social y político en el que los “diferentes” (por causas étnicas o
religiosas) se toleren recíprocamente, en vez de irse a los tiros, que es lo que
allí hacen las gavillas de Al Qaeda y de otros grupos terroristas, contra todos
los que no piensan, no oran o no visten como ellos.

Los resultados
electorales de Irak dejan también malparado al neoizquierdismo sucedáneo a la
caída del Muro de Berlín y la extinción de la URSS. A ese que se atrinchera
ahora contra la democracia en un ultra nacionalismo inflamado de etnicismo y
culturalismo.

El neo izquierdismo cuestionaba las elecciones de Irak
alegando que la aplastante mayoría del pueblo estaba contra ella, cuando ocurría
todo lo contrario. Afirmaba que las urnas, al estilo occidental, constituían
imposición intolerable a un pueblo que debía definir su destino en el marco de
sus propias costumbres y tradiciones. Mucho más, decía, si la votación iba a
transcurrir frente a las tropas del Tío Sam. Cierto, esto último, pero verdad
también que el 72 por ciento de los iraníes fue a las urnas no porque nadie les
obligara, sino simple y llanamente porque así le vino en gana…

Fuente:
La Razón (Bolivia)

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