Política

Nociones sobre la naturaleza benévola del capitalismo (II)

“Por “naturaleza benévola del Capitalismo”, me refiero al hecho de que promueve
la vida y el bienestar humanos y lo hace para todos. Existen muchas de estas
nociones que han sido desarrolladas durante más de tres siglos por una serie de
grandes pensadores desde John Locke a Ludwig von Mises y Ayn Rand.

Desarrollo
6) Como von Mises ha demostrado, en una economía de mercado –que es desde luego
lo que es el Capitalismo- la propiedad privada de los medios de producción opera
para el beneficio de todos, de los no-propietarios tanto como de los
propietarios. Los no-propietarios obtienen el fruto de los medios de producción
que otros poseen. Obtienen tal fruto al comprar los productos de tales medios de
producción. Para obtener el beneficio de las fábricas y equipo de la General
Motors, o de los campos petroleros, oleoductos y refinerías de la Exxon, no
necesito ser un accionista o tenedor de bonos de esas firmas. Simplemente debo
estar en capacidad de comprar un automóvil, gasolina o cualquier cosa que ellos
produzcan.

Más aún, gracias al elemento dinámico y progresivo del
principio de uniformidad-de-la-tasa-de-ganancia o tasa-de-retorno que se explicó
hace un momento, el beneficio general de los medios de producción de propiedad
privada para los no-propietarios aumenta continuamente, al poder comprar cada
vez más y mejores productos a precios reales progresivamente menores. No puede
dejar de enfatizarse que estos beneficios progresivos, y los estándares de vida
generales en aumento en que se traducen, dependen vitalmente de las
instituciones capitalistas de la propiedad privada de los medios de producción,
el afán de lucro, y la competencia económica, y que no serían posibles sin
éstos. Son estos últimos los que subyacen a la iniciativa motivada y efectiva
que eleva el estándar de vida.

7) Un corolario del beneficio general de
la propiedad privada de los medios de producción es el beneficio para la
sociedad de la institución de la herencia. No solo los herederos si no también
los no-herederos se benefician de su existencia. Los no-herederos se benefician
porque la herencia alienta el ahorro y la acumulación de capital, al punto de
que lleva a la gente a acumular y mantener capital para ser trasmitido a sus
herederos. El resultado de la existencia de este capital adicional es que
existen más medios de producción produciendo para el mercado, y por tanto más y
mejores productos para todos. El efecto de este capital adicional, desde luego,
es también una demanda adicional de trabajo y por tanto salarios más elevados.
La demanda de trabajo -debe comprenderse- es una forma fundamental por medio de
la cual los medios de producción en manos privadas operan para el beneficio de
los no-propietarios. El capital subyace a la demanda de trabajo tanto como a la
oferta de productos.

8) En el Capitalismo, no sólo la ganancia de un
hombre no representa pérdida para otro, en tanto proviene de un incremento en la
producción total, si no que en los casos más importantes, a saber, aquellos de
las grandes fortunas industriales la ganancia de un hombre es positivamente una
ganancia para otros hombres. Esto resulta del hecho de que los simples
requisitos aritméticos de generarse una gran fortuna son una combinación de
obtener una alta tasa de ganancia sobre el capital por un período prolongado de
tiempo, y el ahorro y reinversión de la mayor parte de las ganancias obtenidas,
año tras año. Como hemos visto, la obtención de una tasa elevada de ganancia por
un período prolongado de tiempo, frente a la competencia, requiere de la
introducción de una serie de innovaciones significativas. Estas innovaciones
representan productos mejores y más baratos para los consumidores. El ahorro y
reinversión de las ganancias obtenidas de estas innovaciones constituyen un
incremento de los medios de producción, lo que también es útil para los
consumidores. Por ende tanto en su origen -las altas ganancias- como en su
destino –la acumulación de capital- las grandes fortunas industriales
representan beneficios correspondientes para el público en general.

Por
ejemplo, el viejo Henry Ford iniciando con un capital de 25.000 dólares en 1903
y terminando con un capital de 1.000 millones en 1946 fue el otro lado de la
medalla en que la persona promedio pudiera adquirir automóviles mucho mejores y
más eficientemente producidos en las fábricas que encarnaban la fortuna de Ford.


9) Como von Mises ha mostrado, la competencia económica que tiene lugar
en el Capitalismo es radicalmente distinta que la competencia biológica que
prevalece en el reino animal. De hecho su carácter es diametralmente opuesto.
Las especies animales confrontan una provisión escasa y dada por la Naturaleza
de medios de subsistencia cuya cantidad no pueden aumentar. El hombre -en virtud
de que posee razón- puede incrementar la provisión de todo aquello sobre lo que
su supervivencia y bienestar dependan. Por lo tanto, en lugar de la competencia
biológica de los animales luchando por una porción de cantidades limitadas de
recursos naturales -con los fuertes triunfando y los débiles pereciendo- la
competencia económica en el Capitalismo es una competencia por quién puede
incrementar más la cantidad de bienes, con el resultado práctico de que todos
viven mejor y más longevamente. Totalmente a diferencia de los leones en la
jungla, que deben competir por una provisión de animales como las cebras y
gacelas, por medio del poder de sus sentidos y sus garras, los productores en el
Capitalismo compiten por una cantidad limitada de dólares en las manos de los
consumidores, por los cuales compiten mediante ofrecer los mejores y más
económicos productos que sus mentes pueden concebir.

Dado que tal
competencia es una por la creación positiva de riqueza nueva y adicional, no
existen perdedores reales en el largo plazo como resultado. Sólo hay ganadores.
La competencia de los agricultores y fabricantes de equipos agrícolas permiten a
los hambrientos y los débiles el alimentarse y volverse fuertes; la de los
fabricantes farmacéuticos permite a los enfermos el recuperar su saludo; la de
los fabricantes de lentes y dispositivos auditivos permiten a muchos que de otra
forma no podrían ver o escuchar, el hacerlo. Totalmente lejos de ser una
competencia cuyo resultado es “la supervivencia del más fuerte”, la competencia
del Capitalismo puede ser descrita con más precisión como una cuyo resultado es
la supervivencia de todos o al menos de cada vez más y más personas, hasta una
mayor edad y en mejores condiciones de vida. El único sentido en que sólo los
más “fuertes” o “aptos” sobreviven, es que son los productos más aptos y los más
sólidos métodos de producción los que sobreviven, hasta ser reemplazados por aún
más aptos productos y métodos productivos, con los efectos sobre la
supervivencia humana antes descritos.

Como von Mises también ha
demostrado, con su desarrollo de la ley de ventajas comparativas de David
Ricardo en la Ley de Asociación, existe espacio para todos en la competencia del
Capitalismo. Incluso aquellos quienes son menos capaces que otros en todo
sentido tienen su lugar. De hecho, en gran medida, la competencia del
Capitalismo, lejos de ser un tema conflictuante entre los seres humanos, es un
proceso que organiza el gran sistema de cooperación social conocido como
división del trabajo. Éste decide hasta que punto en este incluyente sistema de
cooperación social cada individuo hará su contribución específica – quién por
ejemplo, y por cuánto tiempo, será un capitán de industria, y quien será un
conserje, y quien llenará las posiciones intermedias entre ambos.

En
esta competencia cada individuo, por limitadas que sean sus habilidades, puede
superar a los demás sin importar que tanto más talentosos sean que él, por su
nicho productivo. Literalmente, y como un acontecimiento diario, aquellos cuyas
habilidades no son mayores a las de un conserje pueden superar,
incuestionablemente, a los más grandes genios productivos -por el trabajo de
conserjería. Por ejemplo, Bill Gates podría ser tan superior como individuo que
además de revolucionar la industria del software, podría limpiar cinco veces
tantos metros cuadrados de espacio de oficina en el mismo tiempo que cualquier
conserje vivo en el planeta, y hacerlo mejor. Pero si Gates puede ganar un
millón de dólares la hora manejando Microsoft, y los conserjes pueden trabajar
por –digamos- $10 dólares la hora, su interés en hacer el trabajo en un ciento
de milésima parte del ingreso por hora que exigiría Bill Gates (pues está
sobrecalificado para el trabajo), supera más que proporcionalmente sus menores
habilidades de modo que son ellos quienes tienen la clara primacía y ventaja en
este caso.

Al mismo tiempo, debido a que los genios productivos son
libres de triunfar al revolucionar los productos y métodos productivos, aquellos
con habilidades no necesariamente superiores a las que se necesitan para ser
conserje se vuelven capaces de disfrutar no sólo de comida, vestido y un techo,
si no tales productos como automóviles, televisores, y computadores, productos
cuya propia existencia jamás hubieran podido concebir por cuenta propia. Las
pérdidas asociadas con la competencia son mayoritariamente pérdidas de corto
plazo solamente. Por ejemplo, una vez que los herreros y criadores de caballos
fueron desplazados del negocio por el automóvil encontraron otras líneas de
trabajo de nivel comparable, con el único efecto perdurable del automóvil sobre
ellos siendo que ellos también -en su rol de consumidores- pudieron disfrutar
las ventajas del automóvil sobre el caballo. Similarmente, los granjeros
utilizando mulas que fueron desplazados por la competencia de los granjeros que
usaban tractores, no se murieron de hambre, si no que simplemente debieron
cambiar su línea de actividad, y cuando lo hicieron ellos junto a la sociedad en
general disfrutaron de una provisión más abundante de comida y además otros
productos, productos que pudieron ser producidos precisamente sobre la base del
trabajo liberado de la agricultura.

Aún en aquellos casos en que una
competencia particular resulta en que un individuo tenga que pasar el resto de
su vida en una situación económica inferior a la que disfrutaba antes por
ejemplo, el dueño de una fábrica de látigos para caballo que pase a vivir el
resto de su vida como un asalariado común y corriente luego de ser sacado del
mercado por el automóvil –aún cuando no pueda alegar razonablemente que la
competencia le haya dañado. Lo máximo que puede alegar razonablemente es sólo
que desde ese momento en adelante, los inmensos beneficios que él deriva de la
competencia son menores que los aún superiores beneficios que obtenía de ella
previamente.

Esto pues que la competencia es lo que subyace a la
producción y oferta de todo lo que él continúa siendo capaz de adquirir y es
responsable por el poder adquisitivo de cada dólar de su ingreso y el de toda la
sociedad. Y, desde luego, la competencia procede a elevar su ingreso real desde
el nivel del cual había caído. De hecho en el Capitalismo, la competencia eleva
el estándar de vida del asalariado promedio por encima de aquel de incluso la
gente más rica del mundo hace unas pocas generaciones. (Hoy en día por ejemplo,
el asalariado promedio en un país capitalista tiene un estándar de vida superior
incluso a aquél de la reina Victoria, en probablemente todo aspecto salvo la
habilidad de contratar servidumbre).

10) Y ahora, una vez dándole el
respectivo crédito a Mises, lejos de ser el caos sin plan y la “anarquía de la
producción” que los marxistas alegan, el Capitalismo es en realidad un sistema
económico tan extensiva y racionalmente planificado como es posible humanamente.
La planificación que ocurre en el Capitalismo sin ser ampliamente reconocida
como tal, es la planificación de cada participante individual en el sistema
económico. Cada individuo que piensa en un curso de acción económica que podría
ser de beneficio para él y el cómo llevarlo a cabo está realizando planificación
económica. Los individuos planean comprar casas, automóviles, electrodomésticos
e incluso víveres. Planean para qué trabajos entrenarse y dónde ofrecer y
aplicar las habilidades que poseen. Las empresas planean la introducción de
nuevos productos o el descontinuar los existentes; planean cambiar sus métodos
productivos o continuar usando los actuales: planean abrir sucursales o
cerrarlas; planean contratar nuevos trabajadores o despedir actuales; planean
incrementar sus inventarios o disminuirlos. Aún más ejemplos de planificación
rutinaria y del día a día por individuos y empresas pueden ser encontrados. La
planificación económica privada ocurre en todas partes a nuestro alrededor y
todos participan de ella. Pero, para todos excepto los alumnos de Mises, es
invisible. Para aquellos que ignoran las enseñanzas de Mises, la planificación
económica es la potestad del gobierno.


George Reisman es profesor de
Economía en la Graziadio School of Business & Management de Pepperdine
University en Los Angeles, y es el autor de
Capi
talism: A Treatise on Economics
(Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996). Su web site es
www.capi
talism.net

Traducido por:
Juan Fernando
Carpio
[jfcarpio@gmail.com]


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