Política

Nociones sobre la naturaleza benévola del capitalismo (IV)

“Por “naturaleza benévola del Capitalismo”, me refiero al hecho de que promueve
la vida y el bienestar humanos y lo hace para todos. Existen muchas de estas
nociones que han sido desarrolladas durante más de tres siglos por una serie de
grandes pensadores desde John Locke a Ludwig von Mises y Ayn Rand. Presento
tantas de ellas como puedo en mi libro “Capitalism”.”

Desarrollo
12) El Capitalismo es un sistema de salarios reales progresivamente más
elevados, acortamiento de horas de trabajo, y mejoramiento en las condiciones de
trabajo. Al contrario de lo que Adam Smith y Karl Marx enseñaron, los
empresarios y capitalistas no deducen sus ganancias de lo que supuestamente eran
en su origen totalmente salarios o lo que naturalmente o por justicia deberían
ser salarios completos. La forma original y primaria del ingreso es la ganancia,
no los salarios. Los trabajadores manuales produciendo y vendiendo productos ya
sea en el “original y rudo estado de la sociedad” de Adam Smith o en la
“circulación simple” de Karl Marx no ganaban salarios, sino ingresos por ventas.


Cuando uno vende una hogaza de pan o un par de zapatos, o cualquier otro
producto, a uno no le pagan un salario sino un ingreso por ventas. Y
precisamente debido a que esos trabajadores manuales no se comportaban como
capitalistas, es decir, no compraban con el fin de vender posteriormente si no
que hacían gastos simplemente en calidad de consumidores, no incurrían en gastos
en medios para producir cualesquier tipo de bienes hayan producido, y por tanto
no incurrían en costos monetarios que pudieran ser deducidos de sus ingresos por
ventas; en otras palabras, el total de sus ingresos eran ganancias, no salarios.


La ganancia, se ve entonces, era la forma original y primaria de ingreso
por trabajar. Refutando a Adam Smith y Karl Marx, es solamente con la llegada de
los capitalistas y la acumulación de capital que el fenómeno de los salarios
tiene su aparición, junto con la demanda de bienes de capital. Tanto los
salarios como el gasto en bienes de capital se manifiestan como costos
monetarios de producción que deben ser deducidos del ingreso total por ventas.
Mientras más capitalista sea un sistema económico, es decir que haya mayor
volumen de compras con el fin de obtener ingresos por ventas, relativo a los
ingresos por ventas, mayores son los salarios y otros costos relativos a esos
ingresos, y por tanto son menores las ganancias relativas tanto al total de
ventas y a los salarios. En otras palabras, lo que los capitalistas son
responsables de haber creado no son la ganancia y su obtención a costa de los
salarios, si no por la creación de salarios y costos monetarios y su deducción
de los ingresos por ventas, que eran originalmente ganancia en su totalidad.
Mientras más numerosos y ricos son los capitalistas, más altos son los salarios
con respecto a las ganancias.

El hecho de que los asalariados estén
dispuestos a trabajar por un mínimo para la subsistencia en ausencia de una
mejor alternativa, y de que los empresarios y capitalistas, como cualquier otro
comprador prefieran pagar más que menos, son proposiciones que son ciertas, pero
finalmente irrelevantes para la determinación de los salarios que los
asalariados necesitan aceptar en la realidad. Esos salarios son determinados por
la competencia de los empleadores por su trabajo, que es fundamentalmente el más
útil elemento en el sistema económico tanto como intrínsecamente escaso. En tal
competencia, va contra el propio interés de cualquier empleador el permitir que
los salarios bajen del punto correspondiente al pleno empleo del tipo de trabajo
en cuestión, y en la ubicación geográfica en cuestión. Tales salarios bajos
significan que la cantidad de trabajo demandada excede la oferta disponible, es
decir que existe una carestía del trabajo en cuestión.

Una escasez de
oferta de trabajo es comparable con una subasta en que aún existen dos o más
competidores para el mismo bien. La única manera en que el competidor que quiera
más ese bien –en este caso el trabajo de alguien- pueda asegurárselo para sí, es
ganar en subasta abierta a sus rivales y volverlo tan caro para ellos que deban
hacerse a un lado y permitirle retenerlo. En el mercado laboral existen decenas
e incluso centenares de trabajadores. Pero la escasez de trabajo significa que
existen empleos potenciales para mucho más que dicho número de personas. El
hecho de que cada uno de nosotros quisiera beneficiarse del trabajo de al menos
diez otras personas puede tomarse como un indicador de la magnitud de la escasez
de trabajo[1].

Cuando el nivel de un salario baja del punto
correspondiente al pleno empleo del tipo de trabajo en cuestión, se vuelve
posible para los empleadores que no pueden o no están dispuestos a pagar un
nivel más alto, el contratar trabajo a costa de otros empleadores que sí
estarían dispuestos y en posibilidad de pagar esos salarios más elevados. La
situación es exactamente la misma como cuando el ofertante más pudiente en una
subasta enfrenta la pérdida del artículo que quiere, a un competidor más débil.
La forma de asegurarse de contar con el trabajo que necesita es elevar el precio
de la subasta y sacar de ella a los empleadores menos capaces. Frente a
insuficiencias en la oferta de trabajo, que aparecen cuando existen techos
(precios máximos) para los salarios, los empleadores conspiran con sus empleados
para evadir el espíritu de los controles de salario, mediante ascensos falsos.


Esto les permite argumentar que no están violando los controles cuando
en realidad lo están haciendo. Ahora, dado el nivel monetario de los salarios
que hemos visto está determinado por la competencia de los empleadores por los
escasos trabajadores, lo que determina los salarios reales –es decir los bienes
y servicios que los asalariados pueden comprar con el dinero que reciben, son
los precios. Los salarios reales están determinados tanto por los precios como
por los salarios. Los salarios reales aumentan sólo cuando los precios caen
relativos a los salarios. Lo que hace que los precios caigan relativos a los
salarios es un incremento en la productividad del trabajo, es decir el producto
por unidad de trabajo. Un incremento en la productividad del trabajo implica una
mayor cantidad de bienes de consumo relativos a la oferta de trabajo, y por
tanto menores precios de los bienes finales relativos a los salarios. Si
midiésemos de alguna forma la oferta de bienes de consumo, una duplicación de la
productividad del trabajo operaría para duplicar la oferta de bienes con
respecto a la oferta de trabajo y, dada el mismo gasto global en bienes y en
trabajo, resultará en cortar a la mitad el precio de los bienes de consumo
frente a esos mismos niveles de salario globales. En otras palabras, duplicaría
los salarios reales.

El aumento de la productividad del trabajo es
siempre el elemento esencial en el aumento de los salaries reales. Es lo que
permite que los aumentos en la cantidad de dinero y volumen de gasto, que son
responsables por niveles promedio más altos en los salarios monetarios
(nominales), sean acompañados por precios que no se eleven o que no se eleven en
la misma medida que los salarios. Y lo que es responsable por el aumento de la
productividad del trabajo son las actividades de los empresarios y capitalistas.
Sus innovaciones progresivas y su acumulación de capital subyacen al aumento de
productividad del trabajo y por tanto de los salarios reales.

13)
Finalmente, mi último punto: un sistema monetario de cien por ciento de encaje
(para depósitos a la vista) y basado en metales preciosos volvería una sociedad
capitalista a prueba de inflación y de deflación/depresión. El modesto
incremento de la provisión de metales preciosos, y por tanto el modesto
incremento del volumen de gasto que procede de él, no sería capaz de elevar los
precios en vista de la tasa substancial a la que la producción y oferta de
prácticamente todos el resto bienes que no sean metales preciosos se incrementan
en el Capitalismo. Los precios tenderían casi con seguridad a caer, como sucedió
en el transcurso del Siglo Diecinueve[2]. Los precios decrecientes debido a una
producción mayor, sin embargo, no constituyen deflación. No representan ninguna
reducción en la tasa promedio de ganancia, es decir, la tasa promedio de retorno
sobre el capital invertido. Ni significan ninguna dificultad adicional para
pagar las deudas.

Una caída en la tasa de ganancias y un incremento
súbito en la dificultad de pagar deudas son síntomas esenciales de una
deflación/depresión. De hecho como muestro en mi libro, el modesto incremento en
la cantidad de dinero y volumen de gasto que tiene lugar bajo un sistema
monetario con cien por ciento de reservas y basado en metales preciosos, sirve
para añadir un componente positivo a la tasa de retorno y hacer el pago de las
deudas ligeramente más fácil, no más difícil. Los precios decrecientes causados
por una producción mayor no interfieren con esto. Cuando los precios caen debido
a una producción más elevada frente a un incremento en la cantidad de dinero y
volumen de gasto, el vendedor promedio está en posición de obtener una provisión
de bienes para vender que es mayor más que proporcionalmente a la caída de
precios, y por ende es capaz de ganar más dinero, no menos. La verdadera
deflación, el acompañante de una depresión, es una contracción financiera -es
decir una disminución en la cantidad de dinero y/o el volumen de gasto.


Esto es lo que arrasa con la rentabilidad y hace el pago de las deudas
más difícil. Pero tal contracción es precisamente lo que un sistema monetario
como el descrito previene. La previene porque una vez que el dinero basado en
metales preciosos hace su aparición, no sale súbitamente de la escena, como
ocurre con los medios fiduciarios cuando los bancos que los emiten tienen
problemas. Y debido a que su tasa de incremento es modesta, no lleva a ninguna
reducción artificial y sustancial de la demanda de dinero para reservas
(personales o empresariales) que deba luego ser seguida por su inverso cuando el
aumento en la cantidad de dinero se detiene o desacelera. Ni tampoco el ahorro y
acumulación de capital continuos que tienen lugar en el Capitalismo reducen la
tasa de retorno sobre el capital.

El ahorro nominal que se logra a
partir del ingreso monetario es generado mayormente de una tasa de retorno que
se eleva por el aumento en la cantidad de dinero y el volumen de gasto y
mientras que la cantidad de dinero y el volumen de gasto se incrementen
modestamente, ese ahorro no reduce la tasa de retorno. Si no existiera
incremento en la cantidad de dinero y el volumen de gasto, la tasa de retorno
sería menor, pero estable a ese nivel. La acumulación de capital procedería
simplemente sobre la base de precios de reposición decrecientes, con el mismo
gasto obteniendo progresivamente mayores cantidades de bienes de capital.


Como muestro en mi libro, en tal contexto el rol del ahorro ocurre
enteramente a nivel global, donde determina asuntos tan vitales como el grado al
cual el sistema económico se concentra en la producción de bienes de capital con
respecto a la producción de bienes de consumo, y la extensión del período de
producción. Estos elementos esenciales a la acumulación de capital junto con el
progreso tecnológico -todo lo demás que sirve para incrementar la producción,
sobre todo la libertad económica- entonces se manifiestan en forma de una
producción lo suficientemente alta de bienes de capital, y un período lo
suficientemente largo de producción. En este punto, por falta de tiempo debo
concluir. Quisiera hacerlo diciendo que si encuentran mi ponencia de hoy de su
interés, espero que exploren los temas que he discutido, de forma más extensa y
en mayor detalle en mi libro. Su esencia y totalidad pueden ser entendidos como
una exposición sistemática de la naturaleza benévola del Capitalismo.


[1] (N. del T.) Pensemos en la servidumbre de la que gozaba la realeza
mundialmente hasta hace sólo 200 años, la ayuda doméstica aún relativamente
abundante en países latinoamericanos, africanos y algunos del Asia, frente a la
escasez de trabajo o su alto precio en países de mayores niveles de desarrollo
relativo. Simplemente no se nos acabarían los usos para colaboradores
personales, tanto para tareas productivas como de ocio y disfrute, por tanto el
trabajo es eminentemente un bien escaso.

[2] (N. del T.) En efecto, el
fenómeno de lo que se conoce vulgarmente como “inflación” o precios crecientes
con respecto a los salarios y ahorros, era prácticamente desconocido antes de la
Segunda Guerra Mundial. Lo usual hasta la consolidación de la banca central y el
dinero “fiat” (sin respaldo), era una baja de precios año tras año, que como el
autor explica, lleva a un progresivo aumento en la calidad de vida de todos en
una sociedad capitalista.


George Reisman es profesor de
Economía en la Graziadio School of Business & Management de Pepperdine
University en Los Angeles, y es el autor de
Capi
talism: A Treatise on Economics
(Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996). Su web site es
www.capi
talism.net

Traducido por:
Juan Fernando
Carpio
[jfcarpio@gmail.com]

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