Ninos Malok alerta que la negación de la responsabilidad individual ayuda a alimentar los mitos sobre la comida basura.
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Domingo, 08 de marzo 2026
Ninos Malok alerta que la negación de la responsabilidad individual ayuda a alimentar los mitos sobre la comida basura.
Debate Super Size me
A esta altura todos saben que las cadenas de comida rápida han sido demandadas
por contribuir a la obesidad. En un programa del canal Fox emitido
recientemente, Samuel Hirsch, el abogado que entabló acciones legales contra
McDonald´s, Burger King, Wendy´s y KFC a favor de un cliente que las culpaba de
su precaria salud, admitió que los restaurantes no son completamente culpables.
Pero, agregó, su descuido al no alertar sobre contenidos nutritivos y sus
sofisticadas campañas de marketing los hacen en parte culpables.
El
reclamo de Hirsch respecto a la falta de información nutricional es infundado.
Cada uno de estas cadenas de comidas dispone de información nutricional en sus
websites, y yo mismo he visto anuncios informativos alimenticios en sus
establecimientos. Pero, aún cuando el restaurante no ofrezca información al
respecto, es muy sencillo recolectar información en Internet, en libros, la
televisión y la radio acerca de cómo la ingesta frecuente de ciertos alimentos
puede causar enfermedades del corazón, diabetes, y aumentar la presión arterial.
Al escuchar a Hirsch hablar de padres “trabajadores”, uno deben pensar que
entrar en los comercios sin saber qué van a terminar comprando. Con el uso que
hace del término “trabajadores”, se sitúa a sí mismo como el defensor del hombre
normal y corriente.
El ridículo alegato de que las corporaciones son
responsables de los problemas de salud de la gente no es nuevo. ¿Recuerdan los
juicios contra las tabacaleras? Si tú fumas déjame preguntarte esto: ¿algún
empleado de una tabacalera te puso una pistola en tu cabeza para que fumes un
cigarrillo? Claro que no. La gente que se está muriendo por enfermedades
relacionadas con el consumo de tabaco no tienen a quien culpar más que a ellos
mismos. Y lo mismo puede decirse de la gente que come deficientemente. Nunca vi
a Ronald McDonald con un rifle M-16 forzando a la gente a comprar Big Macs. Una
persona tiene que dirigirse a McDonald´s, ordenar un Big Mac y comérselo por sus
propios medios.
La falta de responsabilidad individual ha llevado que
hasta que mis alumnos de secundaria se culpen de sus hipercalóricas dietas a la
cafetería del colegio. De acuerdo, la cafetería vende burritos y pizza pero
también vende ensaladas y otras comidas muy sanas. Y como si esto fuera poco,
les recrimino que se levanten más temprano para prepararse sus propios comidas.
Pero eso incurriría un costo –levantarse temprano- por lo que les aconsejo dejar
de quejarse y que entiendan un concepto de economía muy básico: la acción es lo
que cuenta. Obviamente el beneficio de comer “malas” comidas cuenta más que el
costo de levantarse más temprano o de tomarse un tiempo en hacerse una vianda la
noche anterior. Comer comidas de poco valor nutricional no deja de ser, a fin de
cuentas, una elección.
¿Serán las heladerías las próximas víctimas? ¿Y
qué pasará con los kioscos de golosinas? ¡Y Dios prohíba Starbucks! La cafeína
es perjudicial para nosotros, ¿verdad? Lo mismo les cabe a toda esa crema y
almíbar de caramelo que le agregamos a los Frappuccinos: eso nos ayuda a estar
sanos.
Thomas DiLorenzo y James T. Bennett en su libro From Pathology to
Politics: Public Health in America (2000) predijeron con acierto lo absurdo de
estas litigaciones. Su libro también apunta que muchos “expertos” en sanidad
pública no están tan preocupados por la salud; y sí por la agenda política y
social, lo cual significa más gobierno controlando nuestras vidas. Aún antes de
la aparición del abogado Hirsch, ellos ya estaban proponiendo “impuestos gordos”
(fat taxes). No un impuesto fijo (flat tax), como recomiendan los economistas
del supply-side sino un impuesto sobre la obesidad. En otros términos, las
comidas que son consideradas “peligrosas” serán castigadas con impuestos y las
comidas consideradas sanas y beneficiosas serán subsidiadas.
Es tu
vida
Les confieso que soy un apasionado del “sentirme bien”. No suelo
comer comida basura (una vez cada tanto) y no fumo. Elegí comer ese sándwich de
Subway sin queso ni mayonesa, en lugar de la sabrosa hamburguesa con patatas
fritas. Elegí ir al gimnasio, levantar pesas y correr. ¿Se dan cuenta? Es lo que
llamamos responsabilidad individual. Esos restaurantes de mala fama existen
porque la gente los hace existir. Más allá de que yo piense que los fumadores y
los asiduos clientes de comida rápida (muchos amigos míos) son imprudentes, es
su vida. Ellos son quienes tienen que sopesar costos y beneficios. Ninguna
empresa los está forzando a hacer nada.
Al final del programa de la Fox,
el conservador Sean Hannity y la profesora progre de leyes y presentadora Susan
Estrich concordaron en que al final cada uno elige comer lo que quiera. Ambos se
rieron de Hirsch, quien respondió diciendo “en cinco o diez años no se van a
reír más”.
Pienso que Hirsch tiene razón. Desafortunadamente, creo que
las leyes se modificarán para proteger a la gente de las malvadas empresas. Le
digo a mis alumnos que dentro de diez años Starbucks tendrá porteros a la
entrada pidiendo carnés de identidad (quizá para esa época la cafeína ya sea
ilegal y Starbucks haya cerrado sus puertas). No más refrescos de gaseosa para
estudiantes secundarios hasta que hayan cumplido los 18 años. ¿Y el tabaco? Creo
que se acerca una nueva Prohibición. El movimiento a favor de la sanidad pública
tendrá un lugar preeminente en este complot socialista. Como DiLorenzo y Bennet
escriben en su libro:
La negación de la responsabilidad individual en lo
que respecta a uno mismo y a su bienestar se ha convertido en la piedra base del
movimiento de sanidad pública. Porque si los individuos fueran responsables de
su propia salud, ¿quién necesita los tópicos de la agenda política promovida por
los “expertos” del movimiento? La misma palabra “pública” en este sentido es un
eufemismo de “socializada”. Y una vez que nuestra salud ha sido socializada,
toda conducta le concierne “legítimamente” a la tutela y el control del Estado.
Una vez que asumimos que el Estado podía regular las conductas perniciosas para
el sistema de sanidad estatal, también allanado el camino para perder nuestra
privacidad y nuestra libertad.
Milton Friedman decía que un contrato
voluntario no puede realizarse al menos que las dos partes lo consideren
beneficioso. Cada vez que tú compras un paquete de cigarrillos o una hamburguesa
con patatas, estás sopesando costos y beneficios. Respecto a quienes guardan
silencio sobre los riesgos médicos que deciden tomar en relación a sus propias
vidas. Son los lacrimosos que no pueden aceptar el peso de sus propias
decisiones quienes me resultan exasperantes.
Ninos Malek enseña economía
en la Universidad de San José, en EEUU. Originalmente publicada por FEE en enero
de 2003. Traducción con autorización de Luis A. Balcarce.
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