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Panamá: Los enclaves laborales y el subdesarrollo deliberado

A estas alturas del juego los únicos que no acusan recibo de que las normas laborales de este país pertenecen al discurso populista de la dictadura son los sindicatos y los políticos.


Los medios anuncian el lanzamiento de la antigua base aérea de Howard como centro de negocios de exportación. El éxito de Howard se augura por los capitales que lo respaldan y estos en las ventajas tributarias que se dan y en las medidas de flexibilización laboral que hacen de la base un paraíso de empleo comparado con el purgatorio de nuestro Código de Trabajo. Medidas similares de flexibilización se concedieron en la ley que creó los call centers; hoy éstos generan más de 13 mil empleos y no se dan abasto. Si las medidas de flexibilización laboral son tan efectivas y buenas ¿Por qué tenemos que restringirlas a enclaves que se agrupan alrededor de la zona de tránsito? o puesto de otra forma ¿Por qué fomentamos oportunidades solo en ciertas partes del país y mantenemos deliberadamente las otras, más necesitadas y más lejanas, inaccesibles a los beneficios de la inversión y la tecnología, obligándolas a vivir con normas laborales populistas y retrógradas?

Todos los años el PNUD emite (o más bien trata de emitir) un informe sobre el desarrollo humano en el país. Y todos los años nos recuerda los niveles de extrema pobreza en las zonas más alejadas a la zona de tránsito. Con esa pobreza vienen otras consecuencias, migración urbana, desmembramiento familiar, desarraigo y sobre todo la falta de oportunidades y desesperanza en aquellas zonas más lejanas. Por otro lado, todos ya sabemos que la mala distribución del ingreso no es sino el producto de mala distribución de oportunidades; así que sí por lo menos deberíamos tratar de equiparar las condiciones que permitan a un bocatoreño acceder a oportunidades las puede tener un panameño en Howard.

A estas alturas del juego los únicos que no acusan recibo de que las normas laborales de este país pertenecen al discurso populista de la dictadura son los sindicatos y los políticos. Esta comprobadísimo que la apertura laboral que garantice los derechos básicos, pero que permita una relación flexible entre las partes crea más progreso y productividad que la rigidez y la intrusión del Estado. Creo que después de la apertura de China pocos seres sensatos quedan por ahí pensando diferente. Aquí la experiencia reciente lo ha comprobado; si bien las reformas laborales de 1995 no lograron los cambios necesarios, estos se han plasmado, parcial y aisladamente, en algunas de las nuevas leyes con resultados espectaculares tanto en los empleos, salarios e inversión.

Pero a pesar de la evidencia, los políticos no se atreven a generalizar las reformas. Esta ceguera selectiva no solo impide la creación de oportunidades a lo largo y ancho del país sino que tiene en desventaja a quien no está dentro de los enclaves laborales. El turismo por ejemplo, necesita a gritos un tratamiento de las horas extra que lo haga competitivo y que le permita dar servicios las 24 horas los siete días de la semana. Las plantas de empaque de la agroindustria de exportación, que se caracterizan por una actividad intensa y estacional, también se beneficiarían de cambios de las reglas. Y vaya que esto impacta las oportunidades de los que están más lejos de la zona de tránsito y con menos posibilidades de redención económica.

Pero hay cosas más graves; la permanencia de políticas laborales inflexibles y populistas impide generar empleos sólidos, pero también son la causa de la destrucción de muchos empleos y de mucha productividad en áreas sensitivas y grandes generadoras de mano de obra. Para muestra un botón; si los políticos se hubieran echado la pelea a tiempo para preservar una relación laboral flexible y no plegarse a la politiquería sindical las áreas bananeras de Chiriquí, no estarían en la ruina que se encuentran. Y si este tema no se ataja a tiempo también podemos perder sectores tan prometedores como el café gourmet y la piña de exportación.

Viendo el modelo tan desigual de oportunidades me resulta difícil creer que nuestros legisladores, casi todos de extracción popular y del interior del país, no vean las ventajas de generalizar las reglas de flexibilización laboral. Me dicen que es que los sindicatos (que son apenas el 9% de la fuerza laboral) los tienen aterrados. Más bien estoy por creer que nuestros políticos buscan el modelo económico que les brinde la mejor foto. Por un lado se hacen retratar ante los banqueros y las IFI creando oportunidades solo para enclaves de acceso limitado y por otro lado se cuidan de mantener una buena dotación de pobres para verse bien en las fotos de los diarios dando subsidios y ayudas.

Ojalá esta Navidad podamos regalarles a todos los panameños oportunidades laborales iguales. La verdad es que no me parece mucho pedir un país con las mismas reglas para todos; sobre todo cuando esas reglas pueden abrir oportunidades para los más pobres y los más alejados.

Roberto Brenes P. es Presidente de la Fundación Libertad de Panamá.

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