Dos recientes estudios publicados por organismos internacionales vienen a señalar, por enésima vez, la estrecha relación que existe entre un ambiente propicio para los negocios, crecimiento económico y disminución de la pobreza.
Informe del Banco Mundial
El informe “Haciendo negocios en 2005”, del Banco Mundial, hace hincapié en el
directo paralelismo entre exceso de burocracia y de regulaciones con la pobreza:
en términos generales, señala el estudio, los países más pobres son los que
tienen las regulaciones más complejas y restrictivas. En estos países, un
negocio enfrenta tres veces mayores costos administrativos y el doble de
trámites burocráticos que en lo países ricos y se requiere mucho más dinero
tanto para formar una empresa como para cerrarla. Ejemplos al canto: en Brasil,
iniciar un negocio toma 152 días e implica 17 pasos, mientras que en Tailandia
toma 33 días y sólo ocho pasos.
En Bolivia, en tanto, el costo de
iniciar un negocio es equivalente a casi dos veces el ingreso promedio per
cápita, mientras que en Malasia requiere sólo el 25%. Y está el tema de la
seguridad jurídica: en Guatemala toma en promedio 1.459 días el forzar por la
vía judicial el cobro de una deuda. En Holanda este mismo proceso toma 48 días.
La supuesta protección a un hipotético abuso por parte de un acreedor que otorga
el sistema guatemalteco termina siendo un costo para el resto de la sociedad,
que tiene menos acceso al crédito y tiene que pagar más por él debido a la
lentitud y complejidad del sistema, que además termina incentivando la
morosidad.
Naciones Unidas, en tanto, publicó su informe anual sobre el
avance hacia el cumplimiento de las llamadas Metas del Milenio, establecidas en
2000 para mejorar los niveles de bienestar en los países en vías de desarrollo,
como reducir a la mitad para el año 2015 los niveles de pobreza y de hambre que
existían en 1990, otorgar acceso universal a la educación primaria, reducir la
mortalidad infantil en dos tercios, revertir el avance del sida y la malaria, y
crear un medioambiente sustentable, entre otras.
América Latina no
presenta un avance demasiado alentador en algunos de estos objetivos. Según el
informe, mientras que el sudeste asiático, el Sur de Asia y el Norte de África
están camino de cumplir las metas en lo que a reducción de pobreza se refiere,
en África Subsahariana, América Latina y el Caribe y Asia Occidental, la pobreza
se ha incrementado.
Ambos informes, aunque de naturaleza distinta,
apuntan a que la mejor forma de combatir la pobreza no es mediante la asistencia
y la filantropía -aunque son herramientas valiosas e importantes para paliar el
sufrimiento-, sino a través del desarrollo de los negocios y de un sistema que
facilite la inclusión de microempresarios y emprendedores de los estamentos más
bajos de la pirámide socieconómica, condenados en la mayor parte de los casos a
la informalidad. Los países de las regiones que han reformado en mayor
profundidad sus sistemas burocráticos son los que han logrado mayores avances en
sus indicadores de desarrollo humano.
Según el Banco Mundial, un
mejoramiento hipotético de todos los aspectos de los indicadores incluidos en su
estudio para alcanzar el nivel del cuarto superior de los 145 países
considerados en la muestra permitirían un aumento de entre 1,4 y 2,2 puntos
porcentuales en el crecimiento económico anual.
En América Latina los dos
países que más destacan son Chile y Colombia. El primero por encabezar la lista
de los mejores países para hacer negocios por parte del club latinoamericano,
aunque no alcanza a ubicarse entre los primeros 20 del mundo. Y Colombia por ser
el segundo país que más profundamente se reformó en 2003. No es de extrañar que,
dejando de lado a las gigantescas economías de México y Brasil, sean estas dos
naciones sudamericanas las que más interés están atrayendo entre los hombres de
negocios encargados de América Latina.
El informe del Banco Mundial, en
particular, debería ser libro de cabecera de quienes toman decisiones económicas
y sociales en América Latina. Rompe varios mitos, muestra las experiencias que
han funcionado y aquellas que no.
Muestra también que las regiones
geográficas que más compiten con América Latina son las que más han avanzado en
la eliminación de barreras burocráticas. Y que los países desarrollados, lejos
de dormirse en sus laureles, también están preocupados de ir simplificando sus
laberintos burocráticos para hacer más fáciles los negocios y reducir sus
gastos. En Holanda, por ejemplo, la evaluación del impacto que tendría una ley
en el total del sistema regulatorio antes de ser enviada al parlamento ha
permitido un ahorro de unos US$ 2.000 millones desde que se anunció el programa
de costos administrativos del gobierno en el año 2002. Es decir, la brecha con
los países ricos se sigue ampliando y no por un maligno complot global sino
porque éstos siguen buscando maneras de hacer más eficientes sus sistemas
legales, económicos y sociales. Un lujo que nuestro países no se pueden
permitir.
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