Personalmente, no leí, todavía, el libro de Piketty, aunque ya lo tengo y, apenas pueda, la idea es leerlo. Lo que sí leí fueron muchas críticas, comentarios, resúmenes, etc. del libro, y lo que me quedo después de esto es que la desigualdad sigue creciendo y que hay que ponerle impuestos a los ricos. Ok, nada nuevo. La novedad del libro es la relación entre la tasa de retorno del capital y la del crecimiento de la economía. Es decir, cuánto crece la economía (el pueblo, todos los buenos) VS cuánto ganan los inversores (esos malditos capitalistas). Ese parecería ser el punto novedoso del libro, aunque no termino de entender cómo se lo puede comparar con Smith o Keynes, como se hizo.
Particularmente, el tema de la desigualdad nunca me pareció un problema en sí, sino una consecuencia. Digo esto porque la desigualdad viene muy de la mano de la idea de “redistribución de la riqueza”, lo cual me parece algo que, desde el comienzo, está equivocado: La idea no es redistribuir, sino crear. Para crear riqueza debe haber un marco institucional que lo permita. Para esto, deben respetarse los derechos de propiedad, los contratos, el marco jurídico, debe haber certidumbre, etc. Básicamente, el “clima de negocios” que Kicillof ninguneo, uno o dos años antes de empezar a negociar con todos los organismos internacionales. Que loco, no?
Una vez que se aseguren estas condiciones, la riqueza se crea sola. No hablo de riqueza material, solamente. Si sé que, a futuro, mis propiedades serán respetadas y mi trabajo será remunerado como creo merecer, entonces invertiré en educación y en salud, por dar ejemplos básicos. Este mayor nivel de salud y educación genera, de por sí, desarrollo, una población más capacitada, que puede definir por si misma su futuro.
La idea del estado paternalista no sirve para generar desarrollo, aunque sí para distribuir riqueza. Ésta idea de la “distribución” es consecuencia de la concepción de la economía como un juego de “suma-cero”. Es decir, creer que la única forma de que alguien tenga riqueza es haciendo que otro la ceda. Una alta presión impositiva, como la de Argentina, es una medida de que ésta es la ideología reinante.

Luego, otra disyuntiva surge, ¿se prefiere pobreza o desigualdad? Como aparece en el cuadro, planteo 4 escenarios. La idea es ver cuál es preferible y cuál no. Hay dos que son fácilmente identificables: Alta desigualdad y alta pobreza es, claramente, el peor escenario posible. Por otro lado, baja pobreza, en conjunto con baja desigualdad, es el caso óptimo, ya que significaría un alto porcentaje de la población con un nivel de ingreso alto y parejo. Luego, están el caso A y B.
Caso A
Habría alto nivel de desigualdad pero un bajo nivel de pobreza. Es decir, poca gente estaría percibiendo ingresos de bajo nivel, pero, los que ganan mucho, ganan muchísimo. La brecha es alta, aunque sobre una base también alta. Si este escenario fuera alcanzado de forma transparente y con un buen marco institucional, sería ideal, ya que significaría que en este, el país A, es posible tener éxito y que eso se refleje en ingresos, por lo que hay incentivos a invertir, tanto en educación, salud, como en el sistema productivo.
Por otro lado, esto podría traer problemas políticos y sociales, debido a las fricciones entre clases. También, la desigualdad podría ser reflejo de asimetrías en la distribución de oportunidades. El tema de los problemas sociales no es un inconveniente ya que, como busco mostrar, la desigualdad seria un problema transitorio si se solucionan sus causas. El tema de la falta de oportunidades, sin embargo, debería ser EL tema a tratar.
Caso B
En este caso, el nivel de desigualdad seria bajo, pero el nivel de pobreza sería alto. Algo así como Argentina 2014, donde la desigualdad es baja (comparado con lo que supo ser) pero la pobreza ronda el 25%, según la UCA. En este caso, la desigualdad baja no se debe a una mejora estructural, todo lo contrario. La brecha se achica, pero entre las clases bajas y media. Mientras tanto, las clases altas siguen creciendo. El sector de mayor ganancia en esta década, fue el bancario, lo que es un reflejo de la década y de su poco impacto en el tema social. Por otro lado, según INDEC, el 70% de la población percibe menos de $7200.
Es decir, es preferible el caso A al B.
Con la base de datos del IDH, uno de los índices más importantes, en mi opinión, se pueden ver un par de relaciones muy interesantes, sobre las cuales sacar algunas conclusiones.

En primer lugar, algo bastante sabido pero no por eso menos remarcable: La educación es condición necesaria para un alto nivel de expectativa de vida. Esto confirma la elección del Caso A ante el B. Como se ve, el alto nivel de educación, medido en años promedio, mejora el nivel de las decisiones tomadas, lo que permite tener un mayor cuidado de la salud, que se refleja en una vida más larga.

A su vez, la expectativa de vida también está relacionada con el nivel de ingreso per cápita, lo que es algo fácil de suponer, ya que este último también está relacionado con la educación. Es decir, la educación es la clave de un alto nivel de vida, en todos los aspectos. Por esto, el caso A es preferido.

Por otro lado, y este es un tema más difícil de afirmar, parece haber una relación de U invertida entre educación y desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, donde 0 es igualdad y 1 es desigualdad. Siguiendo la idea de la “U invertida de Kuznets”, la cual proponía una relación de esta forma entre ingreso y desigualdad, se podría cambiar el enfoque usando la educación como variable explicativa, ya que el ingreso no siempre es representativo del nivel de vida. Basta ver el ejemplo de los países árabes o demás países petroleros. Esta relación entre educación y desigualdad, podría deberse a que, si no hay educación, nadie puede resaltar, por lo que el nivel de desigualdad es muy bajo. Por otro lado, a medida que el nivel de educación sube, puede segregarse a la economía, en lo que se supone es una distribución de educación más asimétrica, lo que genera un nivel de desigualdad mayor. Pero, cuando el nivel de educación llega a niveles altos, mayores a 7 años, esta relación se revierte, porque ya toda la población tiene una base alta de educación. Ni hablar con 14 años de educación promedio, donde se tiene menor nivel de desigualdad que los países con 2 años de desigualdad. A su vez, y yendo un poco más lejos, se puede asumir que, dada la alta correlación entre educación e ingreso, las sociedades más educadas, y por ende con un mayor nivel estructural de ingreso, tenderán a replicar esta relación en cuanto a la desigualdad.

Una relación que a mí me interesa particularmente, es la de la desigualdad de ingresos y entre géneros. A simple vista, parecería que las sociedades con mayor desigualdad entre géneros son, al mismo tiempo, desiguales en cuanto a ingresos. Es sabido que la causa de la desigualdad entre géneros es la falta de educación, lo que podría explicar la relación con el nivel de desigualdad, dada la relación de U invertida que se mostró antes. Por otro lado, el hecho de que haya desigualdad entre géneros es algo totalmente ineficiente para la economía ya que, hoy por hoy, las mujeres suelen estar igual de capacitadas, o más, que los hombres. Acá algo que escribí sobre el tema y cómo las mujeres vienen recuperando terreno.

Por último, vale la pena ver la relación del ingreso con las dos medidas de desarrollo que plantea este Índice. Ellas son el Índice de Desarrollo Humano (HDI, en inglés) y el IHDI, que es el HDI ajustado por el nivel de desigualdad. Se ve que, en promedio, al ajustar por desigualdad, cae el nivel de desarrollo
¿Esto haría preferible al Caso B? No, esto nos da la pauta de cuanta calidad de vida se pierde por el hecho de la desigualdad. Pero, como vimos, la desigualdad es una consecuencia y no un problema en sí. Por esto, el problema a atacar son las causas de la desigualdad, así como de la pobreza. Por ejemplo, un país como Argentina que obtiene puntajes bajísimos en las Pruebas Pisa, no puede pretender ser un país desarrollado. La desigualdad transitoria, como se vio en la U invertida, puede no ser negativa, pero solo si es a causa de un proceso de educación masiva. Esta nueva población educada será, a futuro, una población más capacitada e igualitaria.
En conclusión, conformarse con un bajo nivel de desigualdad no es válido. La desigualdad puede estar dada por un proceso de crecimiento económico. La pobreza no, todo lo contrario, desaparece con el crecimiento económico, si es conseguido con instituciones que den un buen soporte a este crecimiento. La solución no es sacarle a unos para darle a otros, esto es solo un parche. Lo ideal es generar un ambiente tal que cualquiera pueda acceder a un buen nivel de vida.
(*) Federico Rouco integra el Grupo Joven de Libertad y Progreso. Es estudiante de Economía de la UCA y de la University of Leeds, Reino Unido.
Nota publicada originalmente en el blog del autor.