La gran pregunta en el actual marco internacional es: ¿lograrán las principales economías emergentes del momento (y sobre todo China) esquivar esta trampa? ¿Qué tienen que hacer para conseguirlo?
Una buena referencia pueden ser los países que ya lo han logrado. De los 101 que el Banco Mundial clasificaba en el nivel de ingresos medios en 1960, solo 13 traspasaron este umbral y hoy forman parte del club de los más ricos. Cinco de ellos son asiáticos (Hong Kong, Taiwán, Singapur, Japón y Corea del Sur), cuatro europeos (Portugal, Irlanda, Grecia y España, todos fuertemente golpeados por la actual crisis), uno de Oriente Medio (Israel), otro hispanoamericano (Puerto Rico) y por último la república africana de Guinea Ecuatorial (aunque en su caso el aumento de su PIB per capita se ha debido fundamentalmente a la explotación de los grandes yacimientos de petróleo encontrados, y no a un avance en su desarrollo (1). El mínimo de PIB per cápita para pertenecer al nivel superior en la clasificación del Banco Mundial son los 12.476 dólares, 4.036 para el medio-alto y 1.026 para el medio-bajo.
Cuando el país pierde su ventaja comercial
La explicación clásica de cómo funciona la “trampa de los ingresos medios” tiene tan solo unos años (el término fue acuñado en 2007). El periodo de crecimiento rápido se caracterizaría por la industrialización del país (con la consiguiente urbanización) y es el que provoca que se pase del nivel de ingresos bajo al medio: el éxodo rural aporta una mano de obra numerosa y barata, que además trabaja con tecnología importada de otros países. Las ganancias son elevadas durante un tiempo.
Sin embargo, una vez se ha producido el trasvase de la fuerza laboral (ya no hay una bolsa de trabajadores rurales esperando ser contratados a cualquier precio), los salarios empiezan a subir, con lo que el producto es cada vez menos competitivo en los mercados internacionales. El país pierde su ventaja comercial: no puede competir con las economías más desarrolladas porque carece de su investigación y desarrollo; al mismo tiempo, otros países empiezan su fase de crecimiento rápido, y ofrecen productos de calidad similar y mucho más baratos.
El proceso se ha verificado de forma muy parecida en países de todo el mundo. De hecho,algunos economistas han intentado precisar el momento en que suele darse el estancamiento: cuando los ingresos per cápita alcanzan los 16.700 dólares (en precios internacionales constantes de 2005) o cuando la proporción de trabajadores en el sector de la manufactura llega al 25%.
De la imitación a la innovación
Según untrabajo del Banco Mundial publicado en septiembre (aquí una versión simplificada), para salir de la “trampa de los ingresos medios” es necesario pasar de la imitación a la innovación; es decir, centrarse en la elaboración de productos con valor añadido y diseñados dentro de las propias fronteras.
Pero para que el diseño se desarrolle (se refiere sobre todo al diseño en el sector tecnológico) hace falta acometer una serie de medidas que a veces se posponen por motivos políticos o por una visión cortoplacista de la economía. La primera es fortalecer los derechos de propiedad y proteger las patentes, algo que a menudo falta en los países subdesarrollados. La protección de la propiedad favorece las inversiones y hace que los salarios sean más altos en el sector, lo que atraerá a los mejor capacitados para dar ese valor añadido a la producción nacional. Esto a su vez incentivará la inversión en educación superior.
No obstante, una condición previa es que exista un sistema educativo por el que cada ciudadano puede desarrollar todo su potencial, y especialmente aquellos con capacidades para cursar estudios superiores. Para ello es necesario invertir en lo que el estudio denomina “infraestructura avanzada”, que no es otra cosa que las telecomunicaciones. En concreto, el acceso a Internet (y que la conexión sea rápida) está directamente relacionado, según los autores, con la tasa de graduación universitaria.
Por último, el tercer requisito para salir del estancamiento es reformar el mercado laboral para facilitar la contratación y el despido sin grandes trabas. Esto es especialmente necesario en el sector tecnológico, ya que resulta muy complicado evaluar la productividad de un trabajador que se presenta como candidato a un empleo (más que la de un operario). Si además los costes del despido son altos, los empleadores no tendrán incentivos para contratar.
¿El siglo de Asia?
Muchos economistas consideran que el siglo XXI será el del despertar asiático. Las promesas se refieren especialmente a China e India, y en un segundo nivel a Indonesia, Vietnam, Tailandia y Malasia (aunque estas dos últimas llevan unos años atrapadas en la trampa de los ingresos medios).
El Banco Asiático de Desarrollo publicó a finales de 2011 un informe sobre las perspectivas económicas del continente hasta 2050. En él alertaba de que gran parte de los países que actualmente están creciendo corren el riesgo de caer en la trampa de los ingresos medios, como ocurrió en los años 70 y 80 en Latinoamérica. En algunos casos, el enemigo está “en casa”: Malasia y Tailandia se han estancado por la competencia (a base de mano de obra barata) de Vietnam y Camboya.
Para evitar que el estancamiento se generalice, el informe propone seis campos de actuación:
1. Dar prioridad a la lucha contra las desigualdades económicas (cada vez mayores en muchas de las grandes ciudades) y sociales (por ejemplo, fomentando la educación de la mujer);
2. Transformar las instituciones financieras para hacerlas más transparentes, sin caer en la regulación excesiva pero aprendiendo de los errores que han ahondado la crisis económica en Occidente;
3. Aprovechar la urbanización masiva (que en gran parte de Asia está todavía por venir) para crear metrópolis seguras, compactas y eficientes en términos de energía: núcleos de población numerosos pero cohesionados y con ayuntamientos fuertes. Esto además posibilitará que los gobiernos se descentralicen y sean más eficaces;
4. Desarrollar la infraestructura energética necesaria para no seguir dependiendo de las importaciones. Desarrollar una industria renovable solvente y no mantenida por las subvenciones (el futuro de la energía nuclear es una incógnita después de Fukushima);
5. Fomentar la iniciativa empresarial, promoviendo organismos que garanticen la imparcialidad en los litigios laborales y mercantiles, y los derechos de propiedad. Por otro lado, facilitar la innovación (invirtiendo en educación universitaria), sobre todo en el campo de la tecnología.
6. Purgar las administraciones de corrupción, para que la desconfianza del pueblo hacia las autoridades no siga aumentando.
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(1) La renta per capita de Guinea Ecuatorial se estima en 19.300 dólares para una población de 0,7 millones de habitantes. Pero no está claro su volumen de población, que algunos amplían hasta 1,2 millones, con lo que la renta per capita se reduciría notablemente. En cualquier caso, la riqueza del petróleo todavía se nota poco en el nivel de vida de la población.
China es la oportunidad o el problema
Según las estimaciones del informe, si China logra escapar de la trampa de los ingresos medios, su PIB supondrá el 22% del mundial y cerca del 50% del asiático en 2050.
China representa perfectamente algunos de los obstáculos al desarrollo enumerados por el Banco Asiático de Desarrollo: corrupción institucional y jurídica, derechos de propiedad casi inexistentes y fuertes desigualdades sociales. Los tres factores suponen un freno al cambio necesario del modelo productivo de la imitación al de la innovación. Además, China se enfrenta a algunos problemas singulares. Uno de ellos es su obsesión por el crecimiento del PIB, lo que lleva tiempo retrasando la adopción de un modelo productivo centrado en la innovación. Como comenta Jorge Planelló en ZaiChina (un portal de noticias y opinión sobre el país asiático), China necesita crecer más lento (en el sector tecnológico) para crecer mejor.
Sin embargo, la verdadera amenaza para el desarrollo del país es la “bomba demográfica” que se le avecina: la política del hijo único ha dejado una sociedad envejecida, insostenible toda vez que una gran cantidad de ancianos tiene que ser mantenida con el trabajo de relativamente pocos jóvenes. Según algunos cálculos, la fuerza laboral china empezará a mermar en 2020, antes que en los demás países emergentes de Asia.