El tema chino vuelve a las prioridades de política exterior. Nunca ha abandonado esa lista, pero ahora regresa a un primerísimo plano. La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice, ha advertido esta semana acerca de que EU respondería al creciente poderío militar de China, a la vez que ha señalado la necesidad de reforzar alianzas con Japón y Corea del Sur. Hasta ahí todo va bien, pero ¡cuidado con los detalles!
Relaciones Internacionales
Tan pronto terminó la Segunda Guerra Mundial, China se convirtió casi que en la
principal preocupación del Departamento de Estado, no sólo por la proclamación
en Beijing de la República Popular por Mao Tse-tung en 1949 sino también por la
guerra de Corea y otros conflictos cercanos. Surgieron dos Chinas, la
continental con sede en Beijing y la isla de Taiwan o Formosa, con capital en
Taipei, donde se refugiaron muchos partidarios del presidente Chiang Kai-shek y
su Partido Kuomintang.
Se criticó mucho a China por la ocupación del
Tibet y los conflictos en Asia, pero durante la administración Nixon-Kissinger,
EU reconoció a Beijing admitida en la ONU en 1971 con los derechos de que había
disfrutado Taiwan en el Consejo de Seguridad como una de las cinco potencias con
derecho a veto. Con la muerte de Mao Tse-tung China entró en una nueva etapa en
la cual la actuación de Den Xiao-ping fue decisiva con su política de “cuatro
modernizaciones” (agricultura, industria, ciencia, tecnología y defensa).
Se promovieron entonces las inversiones en el extranjero y la tecnología
y se enviaron estudiantes al exterior. En la actualidad China es una de las
naciones más poderosas y con mayores recursos de toda la humanidad y debe ser
considerada como una gran potencia y a pesar de sus violaciones de los derechos
humanos las relaciones con EU han mejorado considerablemente.
La crisis
actual es lógicamente en torno al status de Taiwan, isla considerada como
provincia rebelde por Beijing. El gobierno de China continental ha tenido
confrontaciones anteriores y los argumentos y discusiones han estado presentes
desde los años cuarenta, pero el movimiento que quiere proclamar la
independencia definitiva ha alcanzado fuerza. Los taiwaneses nativos son mayoría
en la isla y no quieren necesariamente continuar la política de Chiang Kai-shek
de considerarse al menos simbólicamente parte integral de la China histórica.
Una ley antisecesión aprobada por el parlamento de Beijing ha venido a
agravarlo todo en medio de fuertes amenazas en caso de producirse oficialmente
la secesión. Es probable que todo eso se calme en las próximas semanas, pero las
declaraciones de la doctora Rice se producen en ese contexto. La Secretaria de
Estado advierte a China de no excederse en el estrecho de Taiwán. Una pregunta
definitoria pudiera ser la siguiente: ¿Estaría China dispuesta a poner en riesgo
sus relaciones comerciales, su posición privilegiada, su cuantiosa inversión en
la deuda exterior estadounidense y sus avances de los pasados años que han
convertido el país en uno de los de más rápido avance en el mundo?
Pero
hay otro aspecto que debemos mencionar, la relación entre China y Japón. EEUU
insiste en que esos países y Corea del Sur deben cooperar a resolver la difícil
crisis con Corea del Norte, pero en el caso de Taiwán algunos expertos están
recordando a EEUU que en ese debate en particular no se debe invitar la
participación japonesa. Hasta ahora esa nación ha podido estar libre de lo que
sus historiadores han considerado como “peligro chino” gracias a la protección
estadounidense y hay razones más que suficientes para justificar moralmente el
apoyo japonés a EEUU en cuanto a China y a Corea. Pero no obviemos otra
pregunta:
¿Por qué ha sido renuente Japón a participar en la cuestión
taiwanesa? Pues bien, debe tenerse en cuenta que Japón no ha pedido nunca
disculpas por su invasión de China hace siete décadas, que costó la vida a
millones y millones de chinos. El haber reparado sus relaciones con EU no quiere
decir que haya obtenido una absolución definitiva por parte de China. Los EU
tienen muchísimas razones por qué preocuparse del poderío chino y reclamarle a
Japón una mayor cooperación en asuntos mundiales, como ha sido en el caso de
Irak.
Pero, como señala el profesor Yong Xue de la Universidad de
Suffolk, hay sitios en los cuales la historia de Japón sigue representando una
carga tradicional que EU no debe echarse arriba introduciendo en discusiones y
discursos sobre Taiwan al antiguo imperio japonés. También advierte el
especialista que los chinos continentales son antijaponeses aunque se han
acercado a los estadounidenses hasta con cierta simpatía.
Con los
japoneses el caso es diferente. La isla a la que los portugueses llamaron
Formosa en 1517, ocupada por españoles, holandeses, chinos y japoneses hasta que
en 1682 la dinastía machú de la China se apoderó de la misma y la administró
como parte de la provincia de Fukien hasta 1886, convertida en tal fecha en
provincia aparte, cedida a Japón en 1895 y recuperada después de la Segunda
Guerra Mundial, sigue siendo un asunto que pudiera quizás complicarlo todo con
una participación japonesa en un debate tan peligroso que alteraría el actual
equilibrio mundial de fuerzas.
Fuente: Diario
de las Américas
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