Política

Porqué no ganarán los Demócratas

Victor Davis Hanson

¿Se traducirá la presente impopularidad del Presidente Bush en una re-captura Demócrata de la Cámara o el Senado este otoño – o una victoria en las elecciones presidenciales del 2008?


 


Probablemente no.


 


A pesar del extendido descontento con los Republicanos, es difícil concebir un partido con la mayoría encabezado por Howard Dean, John Kerry, Nancy Pelosi y Harry Reid.


 


¿Por qué?


 


Todo tipo de motivos aparentes y no tan aparentes. En primer lugar, los recientes sucesos y tendencias han complicado los puntos fuertes de los Demócratas acerca de los presuntos fracasos de George W. Bush.


 


La denominada recuperación “de los parados” ha visto tasas de desempleo comparables a las de los años de expansión de Clinton.


 


El pasado septiembre mucha gente culpó del caos posterior al Huracán Katrina a lo que percibían como un gobierno federal tacaño. Pero ahora descubrimos reclamaciones y gastos fraudulentos de particulares que alcanzaron 1,4 billones de dólares en regalos federales. Aparentemente se desperdició demasiado del gran gobierno con demasiada generosidad, en lugar de poco y lentamente.


 


Karl Rove presuntamente iba a ser “el expulsado en volandas” de la Casa Blanca, en problemas por un papel a la hora de forzar la salida de la agente Valerie Plame de la CIA. En lugar de eso, el fiscal especial recientemente no encontraba ninguna prueba de que estuviera implicado en prácticas oscuras.


 


Y después está Irak. La reciente muerte de Abú Musab al-Zarqawi y establecimiento de un gabinete iraquí completamente democrático no garantizarán una victoria rápida, como vemos en el reciente asesinato de soldados americanos cautivos. Pero ambos elementos debilitan aún así el clamor progresista de que el esfuerzo americano por parir democracia está condenado en Irak. Pedir un plazo para salir, como defienden el Representante John Murtha, D-Pa. o el Senador John Kerry, D-Ma., no es tan acuciante cuando la presente política se basa en entrenar a las crecientes fuerzas de seguridad iraquíes de modo que las tropas americanas puedan venir a casa tan pronto como sea posible.


 


Así, encaminándonos a las elecciones, hay poco que los Demócratas puedan capitalizar.


 


Tome el déficit presupuestario. Los ingresos federales anuales totales se han incrementado a pesar de, o a causa de, los recortes fiscales. Pero al mismo tiempo, los gastos presupuestarios del primer mandato Bush crecieron a un ritmo anual mucho más rápido que durante la administración de Bill Clinton. De modo que el socorrido remedio para el descenso pide recortes y un proceso presupuestario más conservador. A duras penas un punto fuerte progresista.


 


Ni siquiera en un área como la inmigración ilegal, donde Bush está siendo criticado duramente por su propio partido, los Demócratas están en buena forma. Su apoyo similar a la amnistía y los trabajadores invitados les da los mismos puntos negativos que a Bush en esos temas. Pero sufren el peso adicional de la aparente laxitud de las fronteras abiertas.


 


Mientras, los Demócratas afrontan un problema existencial más fundamental. La llegada de China y la India al sistema capitalista mundial ha ingresado bastante más de un billón de empleados al mercado de trabajo global. El planeta está hoy inundado de bienes de consumo baratos – en el preciso momento en el que la economía norteamericana continúa creando riqueza nacional a un ritmo veloz.


 


El resultado es que mientras que puede haber más desigualdad sin contemplaciones que nunca antes en el mercado mundial, la clase media y los pobres en Estados Unidos tienen acceso a “cosas” – televisiones, cadenas de sonido, ropa, coches – con los que nunca soñaron en el pasado. Nos encontramos hoy en la era de la MTV y el consumo de masas, no de las uvas de la ira. Los caballos de batalla de las clases americanas ya no pueden ser definidos por el Partido Demócrata como la necesidad elemental de una jornada semanal de 40 horas, paro y seguro por invalidez, o Seguridad Social.


 


Desafortunadamente, el debate progresista ha retrocedido a porqué una persona tiene mayor acceso a comodidades y a cosas incluso más agradables que otras. Una especie de envidia en lugar del hambre es lo que alimenta el conflicto – y debería exigir un sutil reconocimiento Demócrata de que las cosas continúan mejorando para todo el mundo.


 


Finalmente, en el pasado, los sabios Demócratas comprendieron la necesidad de un disfraz conservador para tales contenidos progresistas. Para ganar el voto popular en las carreras presidenciales, la fórmula era nominar a un gobernador o senador del Sur – como en 1964, 1976, 1992, 1996 o el 2000 – y a continuación esperar o bien a un escándalo Republicano como el Watergate o el Irán-Contra, o a un conservador populista independiente como Ross Perot.


 


En contraste, cada vez que la base progresista se salía con la suya y nominaba a un progresista del Norte – 1968, 1972, 1984, 1988 o el 2004 – el partido perdía la presidencia. Hasta la fecha, ni siquiera Abú Ghraib, Guantánamo, el Katrina o Haditha han igualado los pasados escándalos nacionales; tampoco es probable que haya un parásito independiente que reste votos a los Republicanos.


 

Sí, gran parte del público está irritado por los elevados precios de la gasolina. No les gusta el precio de Irak y continuar los déficits presupuestarios. Y la gente está preocupada por la inmigración ilegal sin control y los peligros en el horizonte, de Irán a Corea del Norte. Pero cuando los americanos se metan en las cabinas de votación, probablemente pensarán que el remedio Demócrata es peor que la enfermedad Republicana percibida.

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