Política

Proteccionismo

Más que en insistir en la muletilla del libre comercio, los mandatarios deberían explicar por qué dicen una cosa para luego hacer otra muy diferente.

Editorial
Los líderes de los 21 países que forman parte del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (la APEC) expresaron ayer implícitamente su apoyo a la ronda de Doha y a la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En la declaración final de la cumbre, que durante el fin de semana se ha celebrado en la capital de Chile, los mandatarios expresaron su intención de “profundizar la liberalización comercial”, para lo cual han creado una comisión que deberá presentar propuestas concretas en la cumbre que el año próximo se celebrará en Corea del Sur. País que, por cierto, criticó la “falta de metodología y de capacidad de ejecución” de la APEC y pidió que se la haga “más eficaz”.

Ya se sabe que este tipo de encuentros alienta la hipocresía y la retórica de los mandatarios en torno al libre comercio. La inconsistencia entre los hechos y las palabras es patente: sólo en el caso de los subsidios agrícolas, por tomar un ejemplo, los países ricos gastan cerca de 1000 millones de dólares por día. De esta forma, se cuidan muy bien de proteger sus cotos de caza otorgando prebendas y privilegios a los lobbys económicos junto a los cuales perpetúan el mercantilismo.

Lo peor del proteccionismo es que destruye a la economía en silencio. Bruce Bartlett, del National Center for Policy Analysis Council (NCPA), nos relata que por cada plaza de trabajo que la protección salva en la industria del acero, destruye ocho en las industrias que lo consumen, pues la cantidad de trabajadores en las empresas consumidoras de acero supera por mucho el número que trabaja en las siderúrgicas. El subsidio arancelario salvará en EEUU entre 4.000 a 8.000 empleos en la industria del acero, a cambio de destruir entre 36.000 y 72.000 empleos derivados.

Ayer vimos a George W. Bush en Chile vestido, junto a Ricardo Lagos y Vladimir Putin, con un pintoresco poncho defendiendo el libre comercio. El mismo Bush que ha alimentado en casa el proteccionismo azucarero, textil y siderúrgico dañando seriamente, no sólo a los consumidores norteamericanos, sino a los productores extranjeros. La diplomacia, a veces, se permite este tipo de bromas.

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