Política

P.T. Bauer o el círculo vicioso de la ayuda al desarrollo

El énfasis de Bauer en el mérito individual, carácter cultural, derechos de propiedad y comercio, y su desconfianza en los grandes gobiernos, ayuda extranjera, y estado benefactor, lo colocaron en la tradición liberal clásica. Su trabajo se colocó en el amplio contexto de la política económica, no en los confines técnicos estrechos de las economías modernas de desarrollo o en el espacio aún más estrecho del modelo económico formal.

Por qué la ayuda perpetúa la pobreza antes que aliviarla

Hoy en día, no es inusual escuchar
que se sugiera que la mejor esperanza para los países en desarrollo está en la
propiedad privada, la economía de mercado y el estado de derecho. Pero un tiempo
atrás, esta propuesta hubiera escandalizado a muchas personas. Peter Bauer es
una razón fundamental de este cambio.


El Señor Bauer, hijo de un
impresor de Budapest, fue a Inglaterra en 1934 para estudiar economía en la
Universidad Gonville and Caius, en Cambridge, donde más tarde se convirtió en
ayudante. Su trabajo pionero en economías de desarrollo, que comenzó con su
estudio de la industria del caucho en el sudeste asiático en los años 40 y su
libro clásico de 1954, West African Trade (El comercio en Africa
Occidental), lo llevaron a hacerse una pregunta, y luego modificar muchas de las
creencias sostenidas por los expertos populares del desarrollo. Este trabajo fue
realizado en primera instancia en la London School of Economics and Political
Science, donde dio clases de 1960 hasta 1983 y donde actualmente es profesor
emerito de Economía. En 1982, se convirtió en par y compañero de la Academia
Británica.


El trabajo de Bauer se caracteriza
por una cuidada observación de cómo los países pasan de la subsistencia a las
economías de intercambio, con una aplicación simple de principios económicos, y
una comprensión clara del rol de las variables no económicas en la promoción de
avance material. Tal como lo destacó en su libro Dissent on Development
(Disentimiento en el Desarrollo), “los logros económicos dependen en primera
medida, de la habilidad y actitud de la gente, y también de sus instituciones
sociales y políticas. Diferencias en estos determinantes o factores explican
claramente las diferencias en los niveles de logros económicos y tasas de
progreso material”.


Lo observado por Bauer fue que las
personas de los países pobres responden a los incentivos de precios de la misma
manera que la gente de los países ricos. Asimismo destacó que cuando la gente
tiene la libertad de poseer propiedad y comerciar, y cuando el gobierno se
limita a la protección de dichos derechos, tiene mayores chances de lograr
prosperidad.


El clima intelectual de fines de
los 50 no fue muy hospitalario con la crítica de Bauer a la política del
desarrollo en manos del Estado. En 1956, el economista sueco Gunnar Myrdal, más
tarde ganador del Nobel, escribió, “los consejeros especiales para los países
subdesarrollados que se han tomado el trabajo de ocuparse del problema… todos
recomiendan la planificación centralizada como primera condición de progreso”.


La postura persistió bastante
durante los 60 y sólo recientemente han sido suplantados por una postura más
amigable al mercado. No fue hasta después del colapso del comunismo en Europa
Oriental y la Unión Soviética que el Banco Mundial admitió, en su reporte sobre
el desarrollo de 1997, “la intervención del estado enfatiza las fallas del
mercado y otorga al mismo el rol central de corregirlas. Pero las asunciones
institucionales implícitas en esta postura mundial eran, tal como nos damos
cuenta hoy, demasiado simplistas”.


Bauer reconoció, tal como lo
sostiene en su libro Reality and Rhetoric (Realidad y Retórica), que “los
críticos que proponen reemplazar el sistema de mercado por decisiones políticas,
raramente se señalan a sí mismos para tales cuestiones cruciales como la
concentración del poder económico en manos políticas, las implicaciones en la
restricción de la elección, los objetivos de políticos y administradores y la
calidad y cantidad de conocimiento en una sociedad y sus métodos de
transmisión”.


Observando la realidad económica y
adhiriendo a la lógica del sistema de precios, Bauer refutó las propuestas clave
de la economía ortodoxa de desarrollo, la más básica de las cuales era la idea
de “un círculo vicioso de pobreza”. Los países pobres eran considerados pobres
porque su gente tenía bajos ingresos y no podía ahorrar lo suficiente para
permitir la acumulación de capital, uno de los prerequisitos para el crecimiento
económico, tal como lo sostenían los modelos centrales. Bauer destacó que mucha
gente y muchos países habían pasado de la pobreza a la prosperidad y que
inversiones de capital de gran escala no son ni necesarias ni suficientes para
el avance material. Su estudio acerca de pequeños emprendimientos en la
industria del caucho en la actual Malasia y su observación acerca de la
importancia de los pequeños comerciantes en Africa Occidental lo convencieron de
que la realidad del desarrollo era distinta que la descrita por los retóricos
expertos en el tema.


Un aspecto fundamental del círculo
vicioso se basa en que los países pobres no pueden hacerse ricos sin la ayuda
externa de países desarrollados. Sin embargo, las naciones que se han vuelto
ricas no tenían acceso a ninguna ayuda extranjera, mientras que aquellos que
recibieron una sustancial colaboración externa, en su mayor parte, siguen siendo
pobres, como es el caso de Africa. Entonces Bauer sostuvo que la asistencia
externa es más probable que perpetúe a la pobreza antes que aliviarla. Y así lo
demuestra la historia.


Asimismo, Bauer estuvo fuertemente
en desacuerdo con la postura ampliamente difundida que sostenía que el
crecimiento de la población llevaba al desarrollo. En su ensayo “Population
Growth: Disaster or Blessing
?” (Crecimiento de la Población: ¿Desastre o
Bendición?”) escribió que “los logros económicos y el progreso dependen de la
conducta de las personas, no en su número”. Al contrario de muchos expertos que
querían utilizar al gobierno para “ayudar al pobre”, Bauer pensó que los pobres
podrían salirse solos de la pobreza gracias a sus propios esfuerzos, si tan sólo
los gobiernos cuidaran tanto la libertad económica como la personal. Cuando la
gente es libre de elegir y hacerse responsable de sus elecciones, tal como
sucede en un sistema de propiedad privada y libre mercado, serán más capaces de
mejorarse a sí mismos y colaborar con sus familias –como así también tener más
incentivos para hacerlo, que si dependen del Estado.


POLITIZANDO LA
VIDA


Bauer fue uno de los primeros
economistas en ver claramente que las políticas de desarrollo en manos del
Estado y la demanda de “justicia social” politizaría a la vida económica,
desigualaría la libertad individual, y fallaría en el intento de alcanzar la
prosperidad para la mayor parte de la gente. También sostuvo que aquellos países
que tenían los menores contactos comerciales con el Oeste eran los menos
desarrollados. Así, reconoció los logros dinámicos del libre comercio. En su
libro más reciente, “From Subsistence to Exchange and Other Essays” (De
la subsistencia al intercambio y otros ensayos”), escribió, “los contactos por
intermedio de comerciantes y del comercio son los agentes más importantes en la
difusión de nuevas ideas, comportamientos, y métodos de producción. Contactos de
comercio exterior suelen primero sugerir la posibilidad de cambio, incluso de
mejora económica”. Seguramente la experiencia de la gente en Japón, Corea del
Sur, Taiwan, China y Hong Kong apoya esta observación.


El énfasis de Bauer en el mérito
individual, carácter cultural, derechos de propiedad y comercio, y su
desconfianza en los grandes gobiernos, ayuda extranjera, y estado benefactor, lo
colocaron en la tradición liberal clásica. Su trabajo se colocó en el amplio
contexto de la política económica, no en los confines técnicos estrechos de las
economías modernas de desarrollo o en el espacio aún más estrecho del modelo
económico formal.


La clara comprensión de Bauer
acerca de cómo los individuos y las naciones se vuelven ricos viene de la
experiencia práctica combinada con pura teoría económica y un profundo
conocimiento de la historia. Su trabajo ha sobrevivido al paso del tiempo. Por
esta razón, él es ampliamente reconocido como un héroe de la revolución en
economías en desarrollo.


James Dorn es vicepresidente de
asuntos académicos del Cato Institute.


Traducción de Hernán Alberro.


Este
artículo, originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty, es una
adaptación de un artículo que aparecerá en la futura Encyclopedia of
Libertarianism
.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú