La acreditada revista, “hoy se parece más a toda esa gama de revistas “políticas”, interesadas en publicar el tema popular del momento”
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Domingo, 15 de marzo 2026
La acreditada revista, “hoy se parece más a toda esa gama de revistas “políticas”, interesadas en publicar el tema popular del momento”
Patrick J. Michaels:
La revista National Geographic de ahora no es la
que su padre alguna vez leía. Una publicación que alguna vez supo ser una muy
buena revista para la mesa de sala, con increíbles fotos de personas, lugares y
cosas, hoy se parece más a toda esa gama de revistas “políticas”, interesadas en
publicar el tema popular del momento.
La historia de portada del número de agosto fue la gordura. ¿Qué tiene eso
que ver con la geografía, aparte que algunas personas son flacas, otras grandes
y que todas no viven en el mismo lugar? La obesidad es un tema bastante
resbaladizo, sobretodo teniendo en cuenta que lo que hoy es visto como gordo era
visto como saludable medio siglo atrás.
El tema de septiembre fue el calentamiento global, un tema que requiere de
chequeos cuantitativos de los hechos, algo que aparentemente la National
Geographic hizo muy poco.
La virtud y la objetividad desapasionada son pretensiones de todo grupo de
presión. En su artículo introductorio, el editor Bill Allen nos informa que lo
que está dentro de la revista no es “ciencia ficción” y que “no vamos a mostrar
grandes olas derrumbando la Estatua de la Libertad” (refiriéndose a la película
ridícula del verano sobre el calentamiento global titulada “El Día Después de
Mañana”). Él reconoce que lo que está dentro puede herir la sensibilidad de
muchos de nosotros infortunados que vivimos fuera de Georgetown, pero dice que
“puede vivir con algunas subscripciones canceladas” con tal de poder contar “la
mayor historia del momento en geografía”.
Su ensayo introductorio seguramante fue terminado antes que saliera la copia
final de la revista, ya que el cuarto parrafo del primer artículo, de Daniel
Glick, dice que los efectos del calentamiento global son de hecho “como ver la
Estatua de la Libertad derretirse”.
Desgraciadamente, este tipo de metida de pata retórica es bastante común.
Comenzaré por el primer ejemplo de mala representación de los hechos. Cuando
llegue al límite de palabras impuesto para este artículo, todavía me quedará un
75% de ellos fuera.
Comienza con una foto de un campo de arroz inundado en Bangladesh, seguido
por este comentario: “a medida que las temperaturas globales y el nivel del mar
aumentan, [el cultivo del arroz] se convierte en un medio de subsistencia cada
vez más precario”. En 2001, Cecile Cabanes calculó la subida en el nivel del mar
alrededor del mundo durante el último medio siglo. En Bangladesh, hubo una caída
neta en los 90. En los últimos 50 años ha subido allí por tan solo siete décimos
de pulgada, demasiado poco para ser notado, sea en Bangladesh como en cualquier
otro lado.
Los habitantes de Carolina del Norte se adaptan y prosperan, conviviendo con
subidas en el nivel del mar de hasta 12 pies en 10 minutos, o con recurrentes
tormentas huracanadas. Si siete décimos de pulgada en 50 años es un problema, es
un problema social, no uno climático.
Dos páginas más tarde leemos que la “actividad humana fue la causante de la
mayor parte del calentamiento global del último siglo”. Pero esto tampoco es
verdad. Hubo dos periodos de calentamiento global durante el siglo XX, uno
temprano y otro tardío, y los dos fueron de la misma magnitud. Pocos dudan que
el primero fue “natural”, principalmente debido al calentamiento del sol.
Ocurrió antes de que los humanos pudieran influir el clima con sus emisiones
industriales.
Haciendo mención a la influencia humana, el siguiente párrafo dice que “el
calentamiento puede no ser gradual”. Ahora bien, miles de millones de dólares en
investigación científica llegan a la siguiente tendencia central: una vez que el
calentamiento humano comienza en la atmósfera, se mantiene a una tasa constante.
Al menos eso es lo que el promedio de todos nuestros modelos climáticos para el
futuro dicen.
Por lo tanto, si la tendencia al alza de las temperaturas globales de fines
del siglo XX está causada por humanos, lo cual es razonable, esa tasa ya está
establecida. Lo más notable es su constancia y el hecho que está en el nivel
mínimo absoluto de las projecciones por computadora.
El primer artículo comienza con el derretimiento del Glaciar Sperry, en el
Parque Nacional Glacier de Montana, diciendo ” Un cartel al borde del camino
señala que, desde 1901, el Glaciar Sperry se ha reducido en más de 500 acres,
pasando de más de 800 acres a 300″. De hecho, eso ha ocurrido. Pero según los
datos del Centro de Datos Climáticos Nacional, al que se puede acceder a traves
de la página www.wrcc.dri.edu, las temperaturas veraniegas medias sobre el oeste
de Montana no muestran variación alguna a lo largo del siglo XX. Los glaciares
simplemente se derriten en verano.
Columna siquiente: “Las afamadas nieves del Kilimanjaro se han derretido en
más del 80% desde 1912”. Nuevamente, esto es verdad. Durante el calentamiento
natural de la primera parte del siglo XX, el Kilimanjaro perdió el 45% de su
capa. De 1953 a 1976, perdió otro 21%. Eso ocurrió mientras el planeta se
enfriaba. Desde 1976, durante la era del calentamiento “humano”, otro 12%, lo
que fue la tasa más baja en los últimos 100 años. La National
Geographic olvidó decirnos esto. Como también olvidó decir que entre 4000 y
11000 años atrás África era mucho más cálida de lo que es ahora, y la capa del
Kilimanjaro era mucha más grande que ahora.
Siete afirmaciones engañosas en tres páginas. Hay otras 28 más. Cuando la
verdad se estira de esta manera, necesariamente es un trabajo que requiere el
aporte de más de una persona. Es un proceso a través del cual los científicos le
dicen a los editores lo que quieren escuchar, los editores no chequean los
hechos y, ultimadamente, todos pagamos con la implementación de malas políticas.
Desafortunadamente, es predecible.
Distintas comunidades científicas compiten entre ellas por un monto finito
(pero grande) de dólares de los contribuyentes y ninguno ganó por decir que su
tema no era el tema candente del momento. Lo mismo ocurre con otros grupos de
presión de Washington, como la National Geographic, ahora en cruzada
contra la obesidad y el calentamiento global.
Patrick J.
Michaels es académico asociado en Estudios Ambientales del Cato
Institute y autor del libro Meltdown: The Predictable Distortion of Global
Warming by Scientists, Politicians and the Media (Cato Institute,
Septiembre del 2004).
Traducido por Luis Zemborain para Cato
Institute
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