Para el autor las propuestas de Emilio Botín para afrontar la crisis económica son las acertadas y están regidas por el sentido común.
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Martes, 21 de julio 2026

Para el autor las propuestas de Emilio Botín para afrontar la crisis económica son las acertadas y están regidas por el sentido común.
Jesús Carrillo
Qué razón tiene usted, señor Botín, cuando dice que la crisis económica hace imposible que el crédito aumente, que sería hacerle un flaco favor a la sociedad y que el excesivo endeudamiento de las familias y las empresas debe reducirse.
“La banca haría un flaco favor a la economía dando crédito de forma irresponsable, poniendo en peligro la solvencia del sistema”. Es una frase tan redonda, tan llena de verdad, que no admite dudas.
Es evidente que el papel primordial de un banco es dar créditos. Claro. Esa es una verdad que tampoco admite dudas y todo el mundo comparte. Pero no es menos cierto que el objetivo de los bancos es que les devuelvan el dinero prestado en el tiempo pactado y con un diferencial fijado de antemano, que es su beneficio.
Flaco favor harían los bancos a sus accionistas si no obraran así y se asegurasen de que cada euro que prestan les va a ser devuelto. Y con intereses, nunca mejor dicho.
Si ocurriera de otra forma. Si los créditos se concedieran de manera discriminada, una gran parte de ellos nunca sería devuelta y la morosidad, esa contagiosa enfermedad de la que huye todo el mundo, banqueros, bancarios y particulares, iría aumentado de forma paulatina hasta colapsar el sistema.
Usted, por ejemplo, amigo lector, ¿le prestaría mil euros a cualquier persona que se los pidiese, incluso un amigo o un familiar, si estuviera seguro que nunca podría devolvérselos? No es que no quisiera hacerlo, que no es el caso y la sociedad española ha sido, es y será muy cumplidora en estos menesteres, sino, sencillamente, porque le resulta imposible devolverlo? Medítelo unos momentos y sea sincero con usted mismo.
Ese pequeño caso a nivel personal por la no devolución de los mil euros prestados puede convertirse en una verdadera catástrofe a nivel nacional y colapsar el sistema si no se acierta a prestar recursos sólo a aquellos que son solventes y, al menos en teoría, podrán hacer frente a sus pagos.
Puede parecer duro para muchas personas, ¿quién puede dudarlo?, pero es la realidad. Y lo último que debe ocultarse en un país democrático es precisamente la realidad, pues sólo así cada ciudadano, sabiendo lo que se juega, el entorno en el que se mueve y lo que puede llegar a afectarle, pueda tomar sus decisiones con posibilidades de éxito.
Emilio Botín, presidente del Banco Santander, dio su receta personal después de hacer su advertencia: “que el Gobierno amplíe las líneas de financiación del ICO a empresas de hasta 500 empleados y a créditos de cinco millones de euros, eso sí, siempre que el ICO aumente sus garantías”.
Si el ICO y el Gobierno aceptan este envite, el Santander está dispuesto a adjudicar 6.000 millones de euros en créditos. Por el momento, el Gobierno, parece haber aceptado, pues a través de su vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, ha anunciado que flexibilizará las líneas del ICO para ayudar a empresas y familias.
Bien. Muy bien. Parece que se impone el sentido común, que es el menos común de los sentidos.
¡Qué razón tiene usted, señor Botín! Y, además, también tiene sentido común.
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