Economía y Sociedad, Política

Reconstruiremos Nueva Orleáns sin ayuda del gobierno

“¿No reconstruir Nueva Orleáns? No se líe, Congresista. Llévese a aquellos que quieran vivir con usted al amparo del gobierno federal y déjenos atrás. Limpiaremos y recogeremos los escombros de nuestras casas y las reconstruimos. Lo hemos hecho muchas veces antes, y lo haremos de nuevo, con la ayuda de Dios. Nuestros diques se rompieron gracias en gran medida a que llegamos a confiar estúpidamente en que el gobierno federal los arreglaría”.

Políticas Públicas


El Congresista norteamericano Dennis Hastert, portavoz Republicano de la Cámara por Illinois, dice que el gobierno federal no debería reconstruir Nueva Orleáns. Dice que somos material de desecho.


 


Si no estuviera tan ocupada rastreando a familiares desplazados y buscando un empleo nuevo y una casa nueva, me reiría.


 


Vaya a los libros de historia. Nueva Orleáns fue construida, destruida y reconstruida bastante antes de que existiera siquiera un gobierno federal norteamericano. Mientras Illinois, de donde el Congresista Hastert se enorgullece de proceder, era un campamento indio y 13 pequeñas colonias británicas estaban ocupadas jugando al polo, bebiendo té y ahorcando brujas, Nueva Orleáns era un vibrante puerto que controlaba la entrada del Mississippi al Caribe, a América Central y del Sur y a todos los puestos más allá. Ya había sido destruida por el fuego, y reconstruida, arrasada por enfermedades mortales y guerras extranjeras, y siempre, y para siempre, inundada, drenada y vuelta a inundar de nuevo.


 


¿El Congresista Hastert no nos quiere reconstruir? Por favor, no se lleve engaño. Ni siquiera quisimos nunca formar parte del gobierno federal de Hastert. Napoleón vendió Nueva Orleáns, junto con sus vastos territorios, a los americanos en contra de la voluntad de los locales, en lugar de permitir que Nueva Orleáns y su estratégico puerto cayeran en manos británicas. Los ciudadanos de Nueva Orleáns con autodeterminación se resistieron al gobierno federal. Muchos pagaron con sus vidas.


 


¿El Congresista Hastert no quiere reconstruirnos? Sin problemas. Devuélvanos el control total de nuestro puerto, nuestros canales fluviales, nuestra tierra y territorio y todos nuestros beneficios del petróleo y el gas natural. Quédese con sus grandes autopistas – que el Katrina demostró lo frágiles que son, mientras que nuestro canal fluvial tiene unos 355 años de antigüedad y ha sobrevivido a todo, a excepción de los proyectos del gobierno federal. Después hágase a un lado, y mire mientras nos reconstruimos. Siempre lo hemos hecho y siempre lo haremos.


 


¿Que envía a la Guardia Nacional para restaurar el orden? Congresista, nosotros SOMOS su Guardia Nacional. Compruebe sus filas. Vea quien procede de allí. Muchos en la Guardia son sureños, convertidos en patriotas y soldados civiles. Libramos muchas, muchas guerras. Una guerra nos derrotó, y nos reconstruimos.


 


La mayor parte de nosotros somos ciudadanos íntegros y respetuosos con la ley. Cuando el alcalde Nagin y la Gobernadora Blanco y el Presidente Bush nos animaron y después nos ordenaron que evacuásemos, lo hicimos. La gente sin dinero podría haber ido a iglesias, sinagogas y mezquitas – muchas ofrecieron transporte. 20 dólares nos habrían comprado un billete de autobús para salir del paso. En la Interestatal 12 del norte la gente caminando, corriendo, en bicicleta – yéndose. Otros decidieron que estarían mejor en el Superdome, esperando el rescate del gobierno federal. Fue su elección, y algunos – los muy enfermos y convalecientes — no tuvieron elección. Pero muchos que podrían no se fueron, no lo hicieron.


 


La policía local, cercada por pandillas criminales, suplicó la ayuda del gobierno federal. Los federales enviaron conferencias de prensa. Cuando los federales contestaron por fin al teléfono, Plaquemines Parish pedía armas automáticas… y dinamita. Jefferson Parish colgó y reclutó a cada hombre – sí,” hombre” – que tuviera un arma y entrenamiento y los sacó por el municipio: “Si vas a saquear, robar, violar, matar o disparar a la gente, no vengas a Jefferson”, advertía el sheriff Harry Lee.


 


¿No reconstruir Nueva Orleáns? No se líe, Congresista. Llévese a aquellos que quieran vivir con usted al amparo del gobierno federal y déjenos atrás. Limpiaremos y recogeremos los escombros de nuestras casas y las reconstruimos. Lo hemos hecho muchas veces antes, y lo haremos de nuevo, con la ayuda de Dios. Nuestros diques se rompieron gracias en gran medida a que llegamos a confiar estúpidamente en que el gobierno federal los arreglaría. Nuestra costa está destruida a causa de un curioso acuerdo, orquestado por el gobierno federal, que permite a las grandes petroleras cortar numerosos cauces. Las petroleras cortan los canales más anchos que cualquiera de nuestros cursos, sin diques ni barreras que protejan los terrenos adyacentes, para que las grandes plataformas de prospección y los conductos puedan ir directamente al Golfo de México. Por ley y por contrato, se exige que las petroleras restauren nuestra costa a su condición natural llenando los canales desbordados y devolviendo plantas y maleza. Una tarea tediosa, pero lejos de ser imposible.


 


Cuando las petroleras se rieron en nuestra cara, apelamos estúpidamente al gobierno federal en busca de 14 billones de dólares que lo solucionaran. Puede que los liberales estén aún esperando y lloriqueando, pero nadie más lo está.


 


¿No reconstruir Nueva Orleáns? Congresista Hastert, no se moleste. Devuélvanos nuestros derechos soberanos completos sobre nuestra costa. Reflotaremos y lo haremos solos. ¿Qué nos ha enseñado el Katrina? Que una combinación de gobierno federal, mentalidad social, petroleras y mal tiempo puede ser peligrosa para nuestra salud.


 


¿El Congresista Hastert no quiere reconstruir Nueva Orleáns? Bien. Apártenlo de nuestro camino. O, como decimos en Texas, mi segunda casa adoptiva, “¡Piérdase!”. Piérdase, Congresista. Para que podamos seguir.

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