El caso del “Sceptre” nos recuerda lo que se consigue con una diplomacia genuflexa y preocupada más de los intereses ajenos que de los propios.
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Lunes, 16 de febrero 2026

El caso del “Sceptre” nos recuerda lo que se consigue con una diplomacia genuflexa y preocupada más de los intereses ajenos que de los propios.
editorial
El viernes conocíamos la información de que otro submarino nuclear, el «Sceptre», entraba en Gibraltar para ser reparado. La embajada del Reino Unido calificó la escala de «rutinaria» y el Ministerio de Defensa británico aseguró que el fallo no afectaba a la planta de propulsión atómica y que la estancia se prolongará una semana.
La llegada del «Sceptre» a Gibraltar era conocida por parte del Gobierno desde una semana antes pero, a pesar de estar en posesión de esta información, el Ejecutivo no emitió el menor aviso al respecto ni expresó ninguna protesta ante una escala destinada a reparar un submarino nuclear.
A partir de conocer estos hechos muchos recordaron que el Partido Socialista se comportó con extrema dureza contra el Gobierno de Aznar cinco años atrás con ocasión del episodio del submarino atómico «Tireless» y que el presidente andaluz, Manuel Chaves, -hoy de visita en Cuba reforzando nuestros lazos con la dictadura de Castro- encabezó entonces una multitudinaria manifestación contra el Ejecutivo español por aquel asunto. Incluso el actual presidente español calificó de incompetente al anterior Ejecutivo por aquel suceso.
Como era de esperar, ahora Rodríguez Zapatero no quiere ni oír hablar de comparaciones con el «Tireless». Mientras tanto, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, convocó a la prensa para leer una declaración institucional, en la que no permitió preguntas, y en la que explicó que había trasladado al Gobierno de Reino Unido una “firme protesta”. ¿Por qué? Si el Gobierno británico le había informado de la escala gibraltareña hace una semana al titular de Exteriores español, ¿por qué no protestó antes? ¿Por qué ocultó su enfado a la opinión pública y esperó que los hechos lo superaran?
El giro radical de la política exterior española llevado a cabo por Zapatero y Moratinos comienza a pasar factura. Después de trescientos años de firme posicionamiento sobre la irrenunciable soberanía española del Peñón, este Gobierno le otorga voz propia y derecho a veto a Gibraltar y Gran Bretaña devuelve los favores recibidos ahorrándose las explicaciones del caso y pidiendo disculpas por las molestias ocasionadas.
Esto es lo que se consigue con una diplomacia genuflexa y preocupada más de los intereses ajenos que de los propios. Así como Fidel Castro se mofaba días atrás del levantamiento de las sanciones de la Unión Europea a Cuba –cortesía del Gobierno español- ahora son los ingleses los que se aprovechan de la condescendencia de este Gobierno, siempre sonriente y dispuesto a poner la otra mejilla para cuando haga falta.
Se trasluce así el nuevo lugar alcanzado en menos de un año por España en el tablero mundial: amiga incondicional de Cuba, Venezuela y Marruecos, mascota sumisa y obediente de Alemania y Francia y visita no grata por parte de Estados Unidos e Inglaterra.
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