El gobierno de la ex república soviética está jaqueado por una serie de manifestaciones. La oposición volvió a ocupar este lunes la sede del Gobierno en Osh, la segunda ciudad más grande de Kirguizistán, en una acción que transcurrió sin enfrentamientos a diferencia de los que hubo ayer entre policía y manifestantes en Jalal-Abad.
EXIGEN LA RENUNCIA DEL PRESIDENTE
Así lo anunciaron a medios locales representantes de organizaciones no
gubernamentales kirguisas, según los cuales hasta un centenar de policías que
vigilaban el edificio se retiraron ante el avance de la multitud armada con
palos, barras metálicas, piedras y “cócteles Mólotov”.
Fuentes de
seguridad confirmaron que los agentes que custodiaban la sede administrativa “no
opusieron resistencia para evitar enfrentamientos y víctimas”.
Mientras
voceros rusos confirmaron la información de que el presidente kirguís, Askar
Akáyev, cuya dimisión exige la oposición, voló ayer a Moscú para mantener
consultas con el Kremlin sobre la crisis postelectoral en su país.
Más de
10.000 personas participaron ayer en Jalal-Abad en la mayor protesta tras los
recientes comicios parlamentarios, que aglutinaron a la oposición kirguís en
torno a las denuncias de “fraude” y la exigencia de dimisión de Askar
Akáyev.
Los manifestantes retomaron la sede del ejecutivo local, de la
que por la mañana fueron desalojados, y asaltaron e incendiaron la comisaría
urbana para liberar a sus compañeros detenidos, y la policía empleo las
armas.
Fuentes policiales dijeron a la prensa que por ambos lados hubo
entre cuatro y diez muertos, aunque el primer ministro, Nikolái Tanáyev,
desmintió el uso de la fuerza y anunció un acuerdo sobre negociaciones con la
oposición.
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