Política

Si el Muro existiera

Muchos recuerdan todavía ese nefasto 15 de junio de 1961 cuando los berlineses amanecieron sin poder creer lo que estaban viendo.

Editorial
El martes pasado se han cumplido quince años de la caída del muro de Berlín. Muchos recuerdan todavía ese nefasto 15 de junio de 1961 cuando los berlineses amanecieron sin poder creer lo que estaban viendo. Centenares de guardias coartaban el acceso de calles y avenidas principales prohibiendo el cruce de un lado a otro de la ciudad. Al mismo tiempo, se levantaban paredes y medianeras con un aviso del entonces presidente Walter Ulbricht que decía: ¨Nadie tiene la intención de construir un muro. Los obreros de nuestra capital se ocupan principalmente de construir viviendas, empleando todas sus fuerzas en ello”.

Era mentira. Estaban construyendo el infame Muro de Berlín, una muralla de cemento y espino de 103 millas de largo y cuatro metros de alto; una muralla que, al revés de sus antecesoras, no tenía como objetivo repeler invasiones foráneas sino impedir la fuga de sus propios ciudadanos.

Se calcula que con el material de las fortificaciones se podría haber construido un pueblo entero y que las alambradas hubieran bastado para rodear toda la tierra. También se estima que 800 personas fueron condenadas a prisión por intentar huir o colaborar con la fuga de ciudadanos alemanes de la zona de ocupación soviética. Tuvieron más suerte que las otras 200 que fueron asesinadas en el intento de fuga. Desde que fue construido hasta su demolición se cuentan en 390 mil las personas que pudieron con éxito atravesar el Muro salvando sus vidas. Hubo líderes valientes como Ronald Reagan y Margaret Thatcher que exigieron su derribo y otros que se mantuvieron en un ominoso y complaciente silencio.

Si el Muro hoy existiera los alemanes del Este no tendrían razones para ilusionarse con su liberación. Un sector mayoritario del nuevo consenso internacional se muestra vacilante y dubitativo ante los seres humanos que están sufriendo la opresión de otros Muros, como por ejemplo, Cuba, Corea del Norte y varios países de Medio Oriente y África. No defienden la libertad y los derechos del hombre; para ellos “de nada sirve la libertad sino tienen trabajo”. Por eso los esclavos son tan felices, porque les sobra el trabajo y les complace llevar grilletes.

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