El regreso del “setentismo” a América Latina suena, más que a justicia, a revanchismo y venganza.
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Lunes, 16 de febrero 2026

El regreso del “setentismo” a América Latina suena, más que a justicia, a revanchismo y venganza.
editorial
El presidente socialista uruguayo, Tabaré Vázquez, aprovechó su discurso de
asunción para decir que su gobierno iba a “aplicar una política activa en
materia de derechos humanos. Reconozcamos que a 20 años de haber vuelto a la
democracia aún subsisten zonas oscuras” y agregó que “es necesario y posible
aclararlas para que la paz se instale en el corazón de los uruguayos”.
Al
igual que Argentina y Chile, Uruguay iniciará con Vázquez el doloroso proceso de
abrir las viejas heridas que dejó la dictadura militar que gobernó el país entre
1973 y 1985. La idea del flamante presidente es investigar en los cuarteles
militares para saber si hubo enterramientos de ciudadanos desaparecidos durante
la dictadura. Se calcula que una treintena de opositores políticos al régimen
militar fueron arrestados ilegalmente y aun están desaparecidos 20 años después
de la restauración de la democracia.
Vázquez defiende esta aspiración
diciendo que se “publicará lo que se sabe y lo que se conoce” a sabiendas de que
nadie será nuevamente juzgado, ya que en ese país lo prohíbe una ley sancionada
en 1986 por el Congreso y ratificada en 1989 en un referéndum que clausuró todos
los juicios a militares y policías acusados de violar los derechos
humanos.
Tanto en Chile como en Argentina los intentos de los actuales
gobiernos de izquierda por juzgar y castigar los crímenes cometidos en el pasado
han revuelto las aguas y crispado los ánimos de dos sociedades que habían dejado
atrás los odios antiguos y comenzado a inaugurar una etapa más tolerante y
pacífica.
El regreso del “setentismo” a América Latina suena, más que a
justicia, a revanchismo y venganza. No les falta razón a quienes dicen que tanto
los juicios a los militares como a los guerrilleros de izquierdas fueron una
borrachera de impunidad y de exceso de ilegalidad. Pero América Latina debe
cicatrizar sus heridas y mirar hacia adelante. Ese pasado atroz y sangriento lo
conocen todos los ciudadanos y lo estudiarán las generaciones futuras para que
aquellos tiempos no vuelvan a repetirse. La misión de Vázquez no es alimentar
rancios rencores sino edificar una política de concordia entre todos los
sectores de la sociedad uruguaya.
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