Política

Tabaré Vázquez se debate entre ser un Lula o ser un Chávez

Para el autor de esta nota, Adolfo Salgueiro, el flamante presidente uruguayo Tabaré Vázquez presenta una incógnita cuyo despeje es importante: ¿será que va a hacer un gobierno de izquierda progresista tipo Lula? ¿O irá a optar por la senda de la transformación traumática (conocida también como “revolucionaria”), internacionalista y desestabilizadora tipo Chávez?

Democracia
La trayectoria del nuevo mandatario da pie para presumir que se manejará por el camino democrático, buscando sin desmayo pero con mesura las transformaciones que ha prometido a la sociedad uruguaya las cuales igual que en Venezuela eran y son necesarias. El presidente Vázquez llega a su cargo luego de varios intentos de su agrupación protagonizados todos ellos según las reglas constitucionales.

Asimismo ha tenido una experiencia aceptable como intendente (alcalde) de Montevideo donde se concentra más de la mitad de la población uruguaya y parece que su convicción socialista es producto de larga y madura reflexión que le ha permitido entender que ideología y realidad deben compatibilizarse, al revés que los marxistas trasnochados como Chávez & Cía. que juran que es la realidad la que debe rendir tributo a la ideología.

ADICIONALMENTE dicen que Vásquez es médico oncólogo de alto vuelo, respetado fuera de las fronteras de su pequeño país lo cual presupone (admitiendo prueba posterior en contrario) la posesión de una mente abierta y flexible cuando constata que el experimento de laboratorio no arroja el mismo resultado que la elucubración teórica.

A esas condiciones personales del nuevo Jefe de Estado se las debe hacer jugar en el contexto de su país, sólidamente democrático, no muy rico, de economía poco diversificada, dependiente en gran medida de las precios de la carne y los cultivos de exportación y que por si fuera poco es el jamón del sandwich Brasil/Argentina cuyos industriales, inversionistas y turistas tienen el potencial de fortalecer o reventar la economía uruguaya sin que los interesados puedan hacer nada ya que no controlan ninguna de las variables en juego.

Lo anterior sugeriría la posibilidad de que el hombre “se porte bien”, sea prudente, no levante olas ni pise muchos callos. Pero… cada pro tiene su contra siendo el primero de ellos la cultura uruguaya de haber sido por largo tiempo el “estado benefactor” más emblemático del continente mientras le duraron los recursos para darse ese lujo.

UN SEGUNDO PUNTO que habrá que dilucidar es la influencia de los dinosaurios de la izquierda setentona como los Tupamaros que esos sí fueron terroristas de alto coturno. Hoy ambas cámaras del Congreso son presididas por especímenes de ese zoológico que poco o nada tiene que ver con el Gral. Seregni, fundador del Frente Amplio hoy gobernante por cuya libertad de la cárcel de la dictadura nos jugamos los demócratas de América en los ochentas.

Otro factor que sugiere la presencia de nubarrones es el apuro por establecer relaciones con Cuba en la primera media hora de gobierno. ¿Será que el Uruguay y su pueblo no tenían alguna otra necesidad inicial más prioritaria? ¿O será que el amapucheo con Fidel y el idilio con Chávez (debidamente financiado desde Caracas) ya está cobrando su precio? Se entiende y justifica que los uruguayos hayan firmado rápidamente un acuerdo de cooperación energética con Caracas pero ¿pagarán también el precio del bozal de arepa como muchos otros?

En fin… habrá que ver si Tabaré se arropa con la pendejada del “eje” Habana-Caracas-Montevideo o si se percata que el “eje” de su gestión es mejorar el bienestar de su pueblo.

Fuente: El Universal (Venezuela)

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