A un mes de haber asumido como Presidenta, Cristina Kirchner se demora en ejercer como tal, mientras el ex Presidente Néstor Kirchner, parecería querer extender su mandato.
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Martes, 21 de julio 2026

A un mes de haber asumido como Presidenta, Cristina Kirchner se demora en ejercer como tal, mientras el ex Presidente Néstor Kirchner, parecería querer extender su mandato.
Ricardo Laferriere
Los argentinos están esperando a su presidenta.
Se demora en asumir su rol. El escándalo internacional con los dólares venezolanos, luego sus vacaciones, luego el nuevo escándalo en la selva tropical organizado por el amigo venezolano de su marido, luego –de nuevo- la continuación de sus vacaciones, han demorado el momento en la presidenta entronizada tome cabalmente, a casi un mes de haber sumido su cargo, las riendas del país.
Los argentinos, mientras tanto, continúan con sus vidas. Sufren la cada vez más grave crisis energética. Siguen soportando las subas de precios disfrazadas por el INDEC, son agredidos por salvajes cortes de calles que los obligan a soportar el infernal calor del verano porteño durante horas, encarcelados por un tránsito endiablado y por piqueteros que cada vez más descaradamente apañados por sus propios funcionarios que hasta –se está comprobando- están siendo provistos con armas de guerra para generar hechos atroces, como la toma del Ministerio de Acción Social en la provincia de Buenos Aires.
Mientras el gran gestor de la estafa educativa que tanto la preocupa ingresa al Senado de la Nación arrastrado por sus votos, los niños argentinos se están convirtiendo, a más de cuatro años del gobierno de su marido y de gestión del actual Senador, en los más embrutecidos del continente; sus maestros, en los peor pagos.
Nunca en la historia argentina –récord que tanto agrada, ser la primera en cualquier cosa….- ha existido una expansión de las redes de narcotráfico en la dimensión que han alcanzado en estos cuatro años, en que el gran responsable de la cartera respectiva ha sido premiado con un nuevo Ministerio, ahora a cargo de la Justicia y de la policía. Justamente…
Y esa expansión ha provocado la exacerbada violencia en los delitos comunes, ante los miles de adolescentes excluidos del sistema que caen como moscas en las redes de distribución y en la adicción, llegando hasta matar a pobres abuelos por un par de monedas que le ayudarían a acceder al “paco”.
En este mundo globalizado los hechos generalmente no se dan en forma aislada. Las redes de narcotráfico, el lavado de dinero, la narco-guerrilla, el terrorismo, el comercio ilegal y legal de armas, los estados fallidos y los “auto-excluidos” –como el régimen chavista venezolano- no son jugadores aislados. La aproximación amateur y adolescente a estos escenarios no llevan sólo a la primera magistrada a estos enredos: arrastran a toda la Nación Argentina, y a los argentinos. Ya sufrimos dos grandes atentados por la ingenua actitud de uno de sus predecesores, que pretendió ingresar como jugador a una mesa equivocada. Tendría que asumir esa experiencia y tomar distancia.
Estos argentinos, sus argentinos, no merecen ni sus vacaciones anticipadas ni las aventuras tropicales de su esposo, ni las amistades peligrosas por capricho o las peleas desde la tribuna con países serios sin otro propósito que ayudar a “zafar” a alguno de sus cortesanos, aún a riesgo de convertirse en el hazmerreír del planeta. Merecen que atienda su gestión, que tome las riendas, que se haga cargo. Que se desprenda de los lastres, que responda a su propia visión, si es que ésta es la que expresó en su discurso inaugural.
Todavía está a tiempo. El poder no perdona su falta de ejercicio. El tobogán que comienza con la falta de presencia presidencial ha demostrado en la historia argentina no tan lejana, ser muy peligroso. Y un país como el nuestro, sin nadie que tome sus riendas, puede descontrolarse más aún de lo que está.
Todos los argentinos –me atrevo a pensar aún en los más nítidos opositores, entre los que se cuenta el autor de esta nota- se despiertan todos los días esperando la buena noticia de su reacción, porque de ella dependen cosas tan importantes como la propia viabilidad de la democracia argentina.
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