Frederick W. Kagan
La muerte de Zarqawi y la constitución del nuevo gobierno iraquí han generado una oportunidad para el Presidente Bush en Irak. Si Estados Unidos actúa con rapidez para tomar el control de las áreas sin ley, mejora la seguridad por todo el país, y logra una serie de victorias tangibles, puede superar la parte más difícil de la insurgencia. Si volvemos al “como siempre” y la contraproductiva obsesión de Washington con las retiradas de tropas, la oportunidad pasará. De hecho, el único camino y el camino responsable más rápido a retiradas de tropas es el progreso visible a través de la victoria sobre la insurgencia y la seguridad de Irak.
Las insurgencias terminan cuando la población y los insurgentes creen que triunfa el gobierno. La gente no se agolpa por las causas perdidas. El fallo norteamericano a la hora de convencer al pueblo iraquí — especialmente a los árabes sunníes – de que la insurgencia perderá lleva los últimos tres años desestabilizando Irak. Muchos árabes sunníes dudan de la victoria definitiva del actual gobierno. Otros ven la violencia como medio de presión a utilizar en un proceso político que sienten que está escorado en su contra. El progreso político en Irak hasta la fecha es impresionante e importante. Pero no bastará para poner fin a la violencia. Y no se prolongará durante mucho tiempo si la victoria continúa estando en el aire.
Establecer la inevitabilidad de la victoria es importante a la hora de poner fin a cualquier insurgencia. Es más apremiante en el conflicto actual a causa de la creciente impaciencia de los chi´íes. El temor y el resentimiento de la insurgencia árabe sunní es uno de los principales ingredientes que alimentan el ascenso de las milicias chi´íes y los ataques de represalia chi´íes contra los árabes sunníes. Tanto las milicias como los ataques y las atrocidades chi´íes continuarán creciendo mientras parezca que la insurgencia árabe sunní está fuera de control. Es importante, por tanto, convencer a los chi´íes de que la victoria del gobierno iraquí está garantizada, tanto como mostrar a los árabes sunníes que la derrota de los insurgentes es segura.
Decir todo esto es más fácil que hacerlo, por supuesto, y la administración Bush y el gobierno iraquí han estado intentando métodos propios para lograr este objetivo. La administración Bush ha argumentado constantemente que el crecimiento de las Fuerzas de Seguridad iraquíes y los diversos proyectos de reconstrucción convencerían a los iraquíes de alinearse con el nuevo gobierno. El problema es que aunque el progreso en estas áreas es señal de victoria del gobierno iraquí, la violencia continuada es vista como una victoria de los insurgentes. Cuando ambas partes pueden cobrarse éxitos en una insurgencia, realmente es el gobierno el que pierde.
Sólo hay una cosa que la administración y el gobierno iraquí pueden hacer que genera tanto sensación de victoria como una derrota obvia de la insurgencia: limpiar, conservar, y reconstruir las ciudades y pueblos destruidos por la violencia y la falta de orden, como el presidente declaraba que haríamos el pasado otoño. Cuando las tropas iraquíes y americanas limpian una ciudad en la que los insurgentes han estado operando con libertad, sabemos que hemos ganado, el pueblo iraquí sabe que hemos ganado, y los insurgentes saben que hemos ganado. Este es el modo de crear la sensación de victoria que todo el mundo comprende.
La otra virtud de las operaciones de limpieza-y-conservación es que traen seguridad. Sin seguridad, mayores progresos políticos y económicos son extremadamente difíciles. Y el objetivo último de reconciliar las variantes, etnias y tribus iraquíes será mucho más fácil una vez que la población esté segura. Los insurgentes explotan la ausencia de la coalición y de unidades policiales y militares iraquíes eficaces para asesinar a altos funcionarios vistos como colaboradores, intimidar o castigar a cualquiera que pueda proporcionar información a la coalición acerca de los rebeldes, y reclutar partidarios de entre los alienados y aterrorizados jóvenes. Esos jóvenes son con frecuencia parados, además, porque es casi imposible tener una economía local en funcionamiento en unas condiciones tan faltas de ley y orden. Incluso los elementos no militares de la estrategia de contrainsurgencia en los que la administración Bush ha estado poniendo el acento necesitan seguridad para tener éxito. Pero [las operaciones de] limpieza-y-conservación no son realmente el objetivo principal de las fuerzas norteamericanas en Irak hoy. Los mandos americanos afirman en su lugar estar centrados en “entregar espacio de batalla” a las recién entrenadas tropas iraquíes. Al igual que el recuento de cuerpos de la guerra de Vietnam, el porcentaje de “espacio de batalla entregado” se ha convertido en el baremo estadístico del éxito de esta guerra.
Eso tiene que cambiar. Con el gobierno iraquí finalizado hoy y las Fuerzas de Seguridad iraquíes creciendo con mayor rapidez de lo que nadie hubiera esperado, no hay tarea más importante para la coalición en Irak hoy que establecer la seguridad en todo el país. Esto no es simplemente parte de una operación defensiva para controlar la expansión de la violencia. Ahora es el momento de un incremento de las operaciones militares para limpiar y conservar las áreas disputadas en Irak que puedan ofrecer la perspectiva de convencer a grandes cifras de iraquíes de que el gobierno ganará, y de que los insurgentes perderán. Esta es la mejor esperanza de quebrar la insurgencia con rapidez, reforzar el nuevo estado iraquí, y lograr la victoria.
Frederick W. Kagan es profesor asistente de historia militar en la Academia Militar de West Point, y autor de While America Sleeps: Self-Delusion, Military Weakness, and the Threat to Peace Today. Sus columnas aparecen en The Wall Street Journal, Commentary, y Parameters.









