Con detalles propios de novela negra, con envenenamiento incluido, Víctor Yushchenko se ha hecho con la presidencia en Ucrania, apoyado por miles de ciudadanos que, literalmente, desde la calle, le han aupado al poder.
LOS PERSONAJES DE 2004
El último mes de 2004 ha sido difícil para Ucrania. Esta antigua república
soviética, poblada por 48 millones de habitantes, ha celebrado elecciones
generales en las que los dos candidatos, Víctor Yushchenko, pro europeista; y el
pro ruso, Víctor Yanukovich, han luchado a brazo partido.
Entre
acusaciones mutuas de fraude electoral y una población que se ha echado
literalmente a la calle en apoyo de Yushchenko, el líder “naranja” ha llegado
finalmente a la presidencia con la promesa de que va a “triunfar la democracia”.
Antes, la clave de su éxito, por lo menos a ojos de la comunidad
internacional, fue haber sido capaz de convertirse en el emblema de la llamada
“revolución naranja” que logró la anulación de los comicios del 21 de noviembre
por fraudes masivos.
Director del Banco
Central
Sin duda, en una Ucrania carcomida por la corrupción,
Víctor Yushchenko se ha ganado a los ciudadanos por su imagen de persona
íntegra, abierta y responsable, capaz de catapultar los valores democráticos.
Economista y tecnócrata, fue designado en el año 1999 como primer ministro por
el ahora saliente presidente Leonid Kuchma.
Ya antes, Yushcenko era
conocido en el exterior por su labor al frente del Banco Central ucraniano, al
mando del cual consiguió que el país tuviese una moneda estable, además de una
reactivación de la economía del país que ha sido patente desde el año 2000.
Los críticos acusan sin embargo al político de haber apostado en la
reciente contienda electoral unilateralmente a sus aliados en Occidente y el
centro de Ucrania. En cambio, Yushchenko no realizó serios esfuerzos por
promoverse en las zonas industriales de Lugansk y Donezk, tradicionalmente
ligadas a Rusia.
Envenenamiento
Lideró las masivas
manifestaciones tras el fraude electoral en los comicios presidenciales, incluso
cuando fue su compañera Julia Timoshenko quien llevó a cabo los gestos más
revolucionarios. Pero, típico del prudente Yushchenko, intentó resolver el
conflicto a través de un compromiso con la vieja estructura del poder estatal.
Otro aspecto, casi más propio de las novelas de intriga política que de
la vida real, ha sido la confirmación por expertos médicos austriacos de que el
líder proeuropeista sufrió un envenenamiento con dioxinas cancerígenas en el mes
de septiembre.
Esta posibilidad cobró fuerza tras la denuncia de fraude
electoral, cuando se hizo evidente que el rostro de Yushchenko había cambiado de
manera grotesca. No se ha determinado quién pudo cometer esta acción, pero para
muchos puede tener relación con las pocas simpatías que el nuevo presidente
levanta en Rusia.
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