La normalidad –al menos provisionalmente- parece haber regresado a Guinea Conakry, tras el acuerdo alcanzado el pasado 27 de febrero entre el presidente Conté y sus opositores gracias a la mediación de una misión de ECOWAS (Comunidad Económica de Estados del Africa Occidental) encabezada por el ex–presidente nigeriano Ibrahim Babanguida, con el beneplácito de la UA y la ONU.
Nicolas Aikin
Según dicho acuerdo, Conté se comprometía a nombrar a un nuevo primer ministro –en sustitución de su estrecho colaborador Eugené Camara por el que se había decantado unilateralmente días atrás ante la indignación popular- escogido de una lista integrada por cinco candidatos, presentada por el Sindicato Central de Trabajo y sendas organizaciones de la sociedad civil.
Basándose en esa lista, el mandatario eligió a Lansaka Kouyate como nuevo primer ministro, por lo que el sindicato ha suspendido la huelga nacional de las últimas semanas, urgiendo a todos los trabajadores a que se reincorporen a sus puestos laborales a partir del 28 de febrero.
De 56 años de edad, Lansaka Kouyate es un ex-alto cargo de la ONU y hasta hace unos días ostentaba el puesto de secretario ejecutivo de ECOWAS. En principio, este ex-diplomático goza de la simpatía de las partes en litigio, aunque algún que otro observador ha señalado con ironía típicamente africana que “por muchas habilidades que posea el nuevo primer ministro, no dispone de una varita mágica para solucionar los problemas socio-político-económicos de Guinea y difícilmente podrá rejuvenecer al presidente ni curarle de su diabetes, leucemia y otras enfermedades que le afligen e incapacitan para ostentar el cargo de máximo mandatario”.
Psicológicamente, sin embargo, el cambio se ha producido en el momento propicio para evitar una escalada de un conflicto que según algunas fuentes podría haber sumergido al país en una guerra civil como aquellas sufridas tiempo atrás por sus vecinos; Liberia y Sierra Leona, creando una situación de caos en esta región del África occidental.
Pero es evidente que los opositores del régimen esperan mucho de Kouyate en términos de implementar reformas políticas, económicas y sociales, reformas cuyo contenido no ha sido especificado aún. Y de serlo, podrían chocar –no solo con la voluntad de un presidente que se ha deshecho sin escrúpulos de dos primeros ministros en los últimos tiempos, sino con la cruda realidad de una nación donde el analfabetismo ronda el 80%, apenas hay inversiones extranjeras, existe carencia general de agua y electricidad, el sistema bancario es primitivo, el sector privado está poco desarrollado y el precio de alimentos y combustibles está muy por encima del poder adquisitivo de las gentes. El tiempo será testigo de sus capacidades, aunque la trayectoria personal e historial profesional de Kouyate podría convertirle en un actor vital de cara a defender los intereses de Guinea en foros internacionales, exponer sus problemas y conseguir ayudas internacionales de diversa índole para su país (UE, EE-UU, FMI, BANCO MUNDIAL, etc.).
Por el momento, tanto los líderes de la oposición, sindicatos y el pueblo llano confían en que el nuevo primer ministro, con el respaldo de ECOWAS, la UA y la ONU, goce de más independencia y autonomía que sus predecesores en el ejercicio de sus funciones. Y, así las cosas –pese a que dichas funciones no estén nada claras- la paz se ha reinstalado al menos temporalmente en Conakry y los mercados y comercios bullen una vez más con su actividad acostumbrada, aunque muchos guineanos no han olvidado que los enfrentamientos entre tropas gubernamentales y ciudadanos de los últimos mese se saldaron con más de un centenar de muertos y múltiples heridos.
Por su parte, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha elogiado el papel de ECOWAS y las gestiones de Babanguida en poner fin al conflicto y ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional para que brinde cooperación económica al país. Al mismo tiempo, ha instado a las fuerzas de seguridad a que se atengan a la ley y respeten los derechos humanos de la población, y a los líderes sindicales a que contengan la violencia de las masas, la destrucción de la propiedad privada y otros actos vandálicos característicos de las últimas fechas. Además, a través del fondo Central de Respuesta a las Emergencias (CERP), la ONU ha desembolsado $2,35 millones en concepto de ayuda humanitaria de emergencia.
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