Política

Xenofobia high tech en Estados Unidos

Las autoridades norteamericanas deberían aplicar severas medidas contra estas milicias armadas que se dedican a perseguir inmigrantes.

Editorial
La noticia según la cual setenta indocumentados de origen mexicano fueron detenidos ayer, en el sur de Arizona, por voluntarios del grupo racista Minuteman Project, nos muestra la peor cara de un grave problema social que afecta en la actualidad a la sociedad norteamericana, como son las acciones racistas que fomenta los grupos de radicales de ultraderecha en Arizona y cercanías.

Nos referimos a los integrantes de Minuteman Project, quienes pretenden detener a los mexicanos que intentan cruzar la frontera ataviados con uniformes militares, y llevando a cabo detenciones armados con pistolas automáticas 9 milímetros, cubiertos con chalecos antibalas y conduciendo vehículos todo terreno.

Estados Unidos, país que hasta el 11/S era un gran receptor de inmigrantes, hoy vive bajo los mandatos del miedo y la xenofobia, dando lugar a que estos grupos de “patriotas” –como les gusta autodenominarse- cuente con apoyo logístico y financiero para llevar a cabo acciones paramilitares. Según diversos analistas, la xenofobia contra los inmigrantes mexicanos se ha exacerbado por el número tan grande de indocumentados que actualmente viven en Arizona, resultado de las barreras que impusieron California y Texas al paso de trabajadores ilegales.

Minuteman Project no es el único grupo que está en Arizona. Ranch Rescue, con base en Texas, American Border Patrol y Civilian Homeland Defense son otras organizaciones xenófobas que presionan para erradicar la presencia de inmigrantes indocumentados en la región. Sin embargo, no todos apoyan esa causa racista. Un grupo de empresarios y una asociación civil llamada Alianza Indígena sin Fronteras anunciaron una campaña en contra de los grupos de “vigilantes” que operan en la frontera entre Arizona y México.

Cansados de estos pendencieros, estas asociaciones han denunciado que hasta el momento ni las autoridades locales, ni federales le han puesto un alto a las actividades de estos grupos, alertando, como decía una de sus voceras, que “estos grupos actúan como si estuvieran preparándose para ir a la guerra. Una guerra que ellos solos se han inventado”.

Es hora de que las autoridades norteamericanas reaccionen y apliquen con rigor severas medidas contra estas milicias armadas que se dedican a perseguir y amedrentar a personas indefensas que lo único que pretenden es ganarse la vida de un manera mejor. No se puede permitir que lacras adiestradas como si fueran el Ku Klux Klan impongan su voluntad y pisoteen las leyes constitucionales americanas como si nada importase.

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