El regreso de Manuel Zelaya y su refugio en la Embajada de Brasil no ha logrado torcer la voluntad del actual gobierno del país centroamericano y empieza a resquebrajase el apoyo de otros países al depuesto mandatario. En el territorio hondureño, los partidarios del ex presidente parecen aflojar la presión y el Gobierno de Lula da Silva, con la inmunidad de la embajada garantizada por Micheletti también comienza a mostrar signos de cansancio con la situación.
La OEA comienza a matizar
En el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) comienza a hacer aguas el apoyo sin fisuras a Zelaya. Algunos de sus miembros han pasado a rechazar el no reconocimiento del resultado de las elecciones que se celebrarán el 29 de noviembre. El más importante de ellos, por su peso en la política internacional, es Estados Unidos. Esta matización de la postura de la Administración Obama también se da en Canadá, Bahamas, Perú y Costa Rica. Por su parte, México ha dejado de apoyar a al depuesto mandatario. La ministra mexicana de Asuntos Exteriores, Patricia Espinosa ha aclarado que el apoyo de su país no es a individuos, que se defienden las instituciones y valores democráticos.
La OEA, además, se ha mostrado dispuesta a realizar cambios en la propuesta conocida como Acuerdo de San José y que ha sido rechazada tanto por Micheletti como por Zelaya, a pesar de que exigía el retorno de este a la Presidencia. El diplomático chileno John Biehl, uno de los asesores del secretario general de la Organización de Estados Americanos dijo que habrá que introducir “algunas modificaciones” en dicha propuesta. De manera similar se ha manifestado su promotor y presidente de Cosa Rica, Óscar Arias, que declaró que “el Acuerdo de San José no está escrito en piedra, por lo tanto se pueden hacer algunos cambios que beneficien a todas las partes. Esperamos que Honduras encuentre lo más pronto posible la solución a esta situación, principalmente por la vía pacífica”.
Por su parte, el Gobierno de Brasilia comienza a ejercer cierta presión sobre el mandatario depuesto, aunque no amenaza con expulsarle de la embajada. Sin embargo, el presidente Lula da Silva le ha solicitado de forma pública que reduzca de manera drástica el número de personas que le acompañan en el interior de la representación diplomática.
En el frente interior, las cosas tampoco mejoran para Zelaya. A pesar de la impopularidad del estado de sitio declarado por Micheletti y de que dicha medida haya sido rechazada por los partidos presentes en el congreso y el conjunto de los medios de comunicación, no parece aumentar el apoyo al mandatario depuesto. Aunque se ha levantado el estado de sitio, no se han producido nuevos disturbios en las ciudades y los 55 partidarios del ex presidente que tomaron hace tres meses el edificio del Instituto Agrario Nacional han sido desalojados sin ofrecer resistencia.
Cada vez más parece acercarse una solución negociada que culmine con la celebración de las elecciones del 29 de noviembre. Por el momento lo que se desconoce es si la opción, parece que propuesta por Estados Unidos y que cuenta con diversos apoyos sociales y políticos, de que Zelaya volviera al poder durante unas horas para poder retirarse mediante su renuncia tiene opciones de llevarse a cabo. El presidente Micheletti no se muestra partidario de esta vía.
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